A la compleja situación económica que atraviesan las bodegas del país, sobre todo las más chicas, se le suma una posible merma en el crecimiento de la actividad turística del sector, que, en los últimos años, se había transformado en una vía alternativa de ingresos.

La realidad, en números, indica que el año pasado las visitas sólo se incrementaron un 7%, lo que hace a los especialistas en enoturismo creer que se avecina un amesetamiento "suave". Esto a su vez significa un desafío para seguir captando el interés de los consumidores y no bajar el nivel de sus ventas in situ.

En Mendoza, donde se concentra el 80% del negocio y donde existen más de 120 bodegas abiertas al turismo, el boom de las recorridas por los "Caminos del Vino" podría empezar a frenarse. Los encargados del área en las firmas saben que deben aggiornar las propuestas y no quedarse sólo en ofrecer la degustación de la cepa emblemática de la provincia, el malbec.

Por eso, ya hay establecimientos que han comenzado a ofrecer más servicios vinculados a lo vivencial y a la aventura por los viñedos, según el VIII Informe Nacional de Turismo Vitivinícola, organizado por Bodegas de Argentina (BA). "Es complicada la situación económica, sobre todo para las pequeñas, que a través del turismo pueden vender", explicó Juan Carlos Pina, director ejecutivo de BA, entidad que reúne a más de 250 empresas, de las cuales el 70% son chicas.

Así, los restaurantes con vista a las viñas, los hospedajes especiales con spa y las exposiciones de arte están dando paso a iniciativas de jornada full time, con almuerzos rurales, recorridas a caballo o en bicicleta y hasta asados nocturnos.

Para la pequeña bodega familiar Giménez Riili, enclavada en Tunuyán (Valle de Uco, a más de 80 kilómetros de la capital provincial), las degustaciones para concretar luego las ventas resultan claves.

Aun así, buscan sumarle valor agregado a su oferta para evitar una merma en las visitas, por lo que ya han comenzado a modificar la prestación de servicios a los huéspedes. "El año pasado se notó menos movimiento, pero ahora ofrecemos más opciones y estamos empezando a tener más reservas y a recibir más turistas, por lo que pensamos que va a repuntar. Tenemos degustaciones especiales, almuerzos, pic-nics y un programa de cabalgatas y bicicletas", explicó al diario La Nación Viviana Vega, encargada de turismo de la bodega.

Así, aun en medio de las dificultades que enfrenta el sector, hay establecimientos más tradicionales que mantienen un buen nivel de visitas y ventas, y que, más allá del servicio y la experiencia que ofrecen al huésped, se han enfocado en un público específico, como es el brasileño, con buenos resultados.

"Comenzamos a recibir a más gente de Brasil. Hemos logrado potenciar nuestra promoción en ese país por menciones en blogs. La experiencia indica que es fundamental el contacto directo con el turista, que viene a distenderse y a probar nuestros vinos, de las mejores líneas, y termina comprando. Se han superado las expectativas y seguimos creciendo, pero sabemos que hay bodegas que están sintiendo un freno", expresó Michelle Schromm, manager de turismo de la reconocida bodega familiar mendocina Pulenta State, ubicada en Alto Agrelo, Luján de Cuyo, a más de 35 km de Mendoza.