Desde hace unos días, a partir de los casos que hubo de linchamientos, se está entrando en un terreno muy complejo: debatir si los linchamientos son algo valido o una locura. De un lado está la gente que está a favor de los linchamientos, ya que piensa que estos son la forma que tienen de encontrar justicia frente a los chorros, ya que la policía parece ser inútil. Del otro, están los que expresan indignación ante esta idea, tildándola de fascismo puro y de algo inadmisible en una sociedad del siglo 21 que pretende acercarse a los países desarrollados. En el medio hay mucha gente que no está a favor de los linchamientos, pero que ve que la policía no hace nada, entonces le agarra la duda.

Por mi parte, no puedo entender que esto en serio sea algo que esté en agenda: No podemos debatir si está bien, o no, linchar a un chorro, no podemos permitirnos volvernos una sociedad salvaje que pretende matar a los delincuentes. No es la forma. Por otro lado, es entendible la bronca de la gente que ve que la policía no hace nada y que la corrupción policial es algo, lamentablemente, normal. Lo que esa gente no entiende, quiero creer, es que, linchando, se está volviendo un asesino, un delincuente más.

Avalar los linchamientos seria darle lugar al rechazo del contrato social, por el cual se delega el monopolio de la fuerza, entre otras cosas, al estado. Sin eso, se vive en una anarquía en donde solo los fuertes sobreviven y, por suerte, no vivimos en una selva. La sociedad se desarrolló mucho como para volver a ese punto.

Es peligroso que mucha gente esté dándole carácter de debatible a un tema que no merece el mínimo debate. Por otro lado, lo que están demostrando estos casos de delincuentes linchados es que la gente está cansada de la inseguridad, que la policía es inútil y que, todo esto junto, lleva a que la gente este cuidando más de sus pares. No es la forma, ni por asomo, pero no hay un individualismo tan marcado. Eso es algo.

 

¿Estado Ausente?

Mucho se viene hablando, también, del rol del Estado en esto. Es claro que, al ser el ejecutor de la fuerza, debe mediar e imponer orden, pero esto no pasa. Se podría decir, entonces, que este es un estado ausente, que no cumple sus funciones y que deja a la gente sin cuidado. Hay un poco de verdad en esto, pero no todo.

En los últimos 10 años, el gasto público corriente, el que se destina a consumo del estado y acciones operativas y de servicios estatales (como la seguridad), se multiplicó casi por 10, apenas más que la recaudación que creció en un porcentaje similar. Es decir, el estado argentino no es un estado ausente. Todo lo contrario, es un estado más que presente.

En la década que hace que viene gobernando el Kirchnerismo, el gasto corriente estuvo siempre por debajo del ingreso corriente, pero la brecha se viene acortando cada vez más. Una economía que crecía mucho fue muy útil para los primeros años en donde la recaudación crecía exponencialmente. Lo malo de esto, fue que el gasto también crecía a esas tasas. Algo así como querer aplicar la expansión de la demanda agregada vía gasto público que proponía Keynes, pero haciendo todo al revés. El gasto público debía ser contra-cíclico y no pro-cíclico. Ahora, en las malas, bajarlo en mucho más costoso. Hola, ajuste.

En los países desarrollados, el gasto público suele ser mucho más alto, pero también lo es el nivel de las prestaciones que da el sector público. Según IERAL, el gasto público en países avanzados representó, en 2013, un 42,2% del PIB, tras un pico de 45% en 2009. Demostrando que la tan demonizada austeridad que aplica Europa no es tal: El gasto público sigue con un porcentaje del PIB mayor al de 2008. Por otro lado, en los países emergentes, no llega a representar el 30% del PIB. En Argentina, que se cree es un país emergente más que uno avanzado, el gasto público represento en 2013 un 44,4%. Paso de 30% a casi 45% en tan solo 7 años. Es decir, aumento 15 puntos porcentuales en 7 años.

Es decir, el estado argentino, como se dijo antes, es un estado altamente presente. Pero, además, es un estado altamente ineficiente, y este es el punto clave de todo el problema que vive, actualmente, la sociedad. No importa si el estado es presente o ausente, mientras sea eficiente en lo que hace. Se puede tener un estado con poca intervención, y que sea altamente eficiente. También, aunque mucho más difícil, se puede tener un estado con mucho control, pero eficiente. Este es el caso de los países desarrollados, donde el estado representa una gran parte del PIB, pero no distorsiona la economía. Ese es el tema a tener en cuenta.

 

Incoherencia colectiva

Muchísima gente, en estos días, está quejándose del “estado ausente”. Esta misma gente es la que se queja del estado interventor que oprime a la sociedad vía impuestos altísimos. El problema de esto es que genera un doble discurso acerca del rol del estado. En Argentina, no hay un estado ausente e interventor. Es contradictorio eso. Lo que hay, de hecho, es un estado interventor e ineficiente.

Un estado ineficiente es peor que un estado ausente. El estado ausente, sin que “ausente” tenga una connotación negativa, permite que los individuos exploten sus capacidades ya que tienen libertad plena para hacer lo que deseen. El estado debe marcar las reglas del juego para que esto se lleve a cabo en un ámbito de paz y certidumbre. Un estado ineficiente, acota las libertades individuales pero, a cambio, no da nada. No genera nada bueno a cambio.

La misma gente apoya o ejecuta los linchamientos, son en gran parte, los que se quejan de cómo cada vez nos parecemos un poco más, políticamente, a países totalitarios como Venezuela, por ejemplo. La actitud de linchar a alguien, es solo algo que nos acerca más como sociedad a eso. La solución no es linchar, si no tener un estado eficiente en cuanto a la captura de los delincuentes y su vuelta a la sociedad.

Hace 10 años, como mínimo, tenemos un estado interventor e ineficiente. El gasto público se multiplico por 10, la participación creció en un 50% (de 30% a 45%). La queja no debe ser hacia el estado ausente, debe ser hacia el estado ineficiente.

 

El autor de la nota, Federico Rouco, integra el Grupo Joven de Libertad y Progreso. Es estudiante de Economía de la UCA y de la University of Leeds, Reino Unido.