El acuerdo entre YPF y Repsol, aunque aún falten los términos concretos de la negociación, cierra el capítulo de la expropiación del 51% de las acciones que la petrolera española tenía en YPF, lo que permitió recuperar YPF para el Estado argentino, abriendo un nuevo capítulo en la historia de los hidrocarburos en Argentina.
Si bien el Estado argentino recupera YPF, esta YPF no es la misma que antes de su privatización en la década de los ’90, la cual era ciento por ciento estatal.
Cuando se crea YPF en 1922, nuestro país no contaba con una ley de hidrocarburos y el objetivo fundamental fue entonces tener una herramienta para defender el recurso petrolero de la avidez de las grandes empresas extranjeras y evitar el monopolio en la comercialización de combustibles.
En 1923, Mosconi define un plan estratégico para la empresa con tres objetivos fundamentales: 1) Hacer de YPF una empresa integrada con producción, destilación, transporte, almacenamiento y distribución. 2) Actuar como regulador del mercado, bajando los precios a niveles convenientes a los intereses nacionales, arrastrando en ese movimiento a las empresas privadas, y 3) Lograr el autoabastecimiento. Es decir, la empresa petrolera nace para llevar a cabo una política petrolera.
El autoabastecimiento fue la asignatura pendiente de Mosconi y su legado, y marcó la historia del petróleo en nuestro país, donde sólo en breves períodos este objetivo fue cumplido.
De 1951 a 1953, en el segundo gobierno peronista, los combustibles representaron el 15,1; 21,2; y 22,9% respectivamente de las importaciones totales de Argentina.
Ante esta situación, Perón decide ir a fondo con el objetivo del autoabastecimiento y plantea la firma del contrato con la Standard Oil de California, reconociendo la imposibilidad operativa y financiera de YPF para alcanzar este objetivo y, lo que es más importante, que la política energética la debe definir el estado, no la empresa petrolera estatal.
En los ’90, Menem cambia el paradigma y, siguiendo las políticas de reforma del Estado impulsadas por el Consenso de Washington, acepta las políticas de integración energética regional propuestas por Estados Unidos, privatiza YPF y desregula el sector petrolero.
Argentina aumenta así de manera significativa su producción de hidrocarburos, pero dejando que el mercado fije las condiciones y sin tener en cuenta las cuestiones estratégicas.

Hoy el escenario es completamente distinto: la importación de gas natural y derivados del petróleo genera déficits comerciales. El petróleo está comenzando a dar síntomas de agotamiento a nivel mundial y poseer este recurso se convierte en una cuestión estratégica.
El problema es que el mundo ha alcanzado su máxima producción de petróleo convencional y los descubrimientos de nuevos yacimientos vienen decayendo año a año desde 1960, cuando se alcanzó el pico de descubrimientos. Estos estudios reconocen que no se sabe bien de dónde saldrá el petróleo y el gas que el mundo necesita para su funcionamiento.
Por Víctor Bronstein. Director del Centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad y de la Licenciatura en Energética, UNTREF.