Es que los campesinos de la Unión de Pequeños Productores del Salado Norte (UPPSAN), -beneficiarios de las obras- contraofertaron dinero y trabajo comunitario y al final, cuatro comunidades (La Overa, El Simbolar, San Miguel y Vinal Viejo) ahora tienen agua a la que encontraron 300 metros abajo del extra-seco suelo santiagueño.

"Antes acá nos abastecíamos de los pozos, había agua que era tomable pero no de calidad. La bebíamos igual, la traíamos en una zorra, para mi abuela y para nosotros ¿sabés cuando dejamos de hacerlo? cuando cavaron el Canal de la Patria en 1978, pero eso también fue una gran equivocación porque se taparon los pozos" cuenta Guido Corvalán, integrante de la UPPSAN y líder del MOCASE tradicional.

En su memoria -Guido habla rodeado de vecinos de La Overa- está la imagen extrema de "animales que mandabas a que tomen su agua y salían. Pero cuando estaban muy flacos iban al canal y se tiraban. A veces se peliaban dentro el agua pero cuando alguno flaco, muy debilitado se caía ya no se ha parao más y ahí morían".

Los parajes nombrados están entre 10 y 30 kilómetros a la redonda de Santos Lugares -en el departamento Alberdi- 150 kilómetros al noreste de la capital santiagueña. Carecen de luz, agua, servicio de telefonía y señal de celulares.

Normalmente las familias y sus animales (vacas, cabras, ovejas, caballos, mulas y burros) se alimentan, preferentemente con agua de lluvia, pero en esta zona el régimen pluvial es de apenas 450 mm al año. Por eso, los ríos y canales son fundamentales a la hora de resolver el acuciante problema. Si es que están cerca.

La perforación de los pozos surgentes se financió a través del Programa de Desarrollo de Áreas Rurales (ProDeAR), que pertenece al Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca. Entre los objetivos declarados promueve "el desarrollo de las capacidades organizacionales" de la población beneficiaria.

Desde el organismo también incentivan "estrategias de negocios rurales rentables orientados a los mercados", pero para los campesinos santiagueños nada de eso es posible sin encaminar la cuestión del agua y sostener así cualquier proyecto productivo.

Por otra parte los pobladores tienen en el primer lugar de su lista de preocupaciones la cuestión de las tierras que ocupan ancestralmente.

Todas las familias son poseedoras y todas están en un Registro que el gobierno provincial creó al inicio de la administración de Gerardo Zamora, como una de las estrategias para mediar en la disputa por las tierras que en los últimos años dejó al menos tres muertos: Ely Juárez, marzo del 2010; Cristian Ferreyra, noviembre del 2011; y Miguel Galván en octubre del 2012.

"Para nosotros siempre ha sido una dificultad y puede ser que para la gente de las generaciones anteriores un poco el desconocimiento y que nunca hubo una política así del Estado diciendo lleguemos a los productores, a las familias rurales, a hacerles conocer lo que hay. Creo que a eso se debe que la gente nuestra nunca ha podido acceder a las cosas", dice Guido al destacar la concreción de un proyecto anhelado por todos.

Y agrega "ahora mismo hay cosas que se desconocen por eso hay que golpear puertas. Llegamos al programa, que era muy completo, pero enseguida encontras toda la burocracia. Nos cuesta complementar los requisitos que se hacen desde una oficina donde se desconoce la realidad de la familia del campo".

Corvalán pone como ejemplo que para acceder a cualquier beneficio de envergadura "en cualquiera de los programas la tenencia de la tierra es central. Falta flexibilidad, facilidad con la  documentación. Te piden un título de propiedad y nosotros, en esta zona, el 95% a 99% de las familias son poseedoras con ánimo de dueño. Más allá que hay una ley que te reconoce, estos programas quieren un papel, un aval para una institución, en estos casos catastro y la Dirección de tierras".

A la hora de la pelea por los territorios y el modo de producción los campesinos son acusados de oponerse al "progreso" pero ellos contestan que "no estamos en contra del desarrollo. Estamos en contra de políticas que se implementan violando derechos de familias ancestrales. Siempre dijimos que el progreso que viene con ese discurso para nosotros siempre ha sío fracaso".

"Imaginate ¡quedar en la calle sin lo que cuesta tanto tener! Vacas, cabras y toda producción local hecha con sacrificio propio. Siempre el productor pequeño con menos recursos y posibilidades.  Así se peleaba. Después llegaban estos señores diciendo acá traemos el progreso y ¿qué era el progreso de ellos? venir a instalarse y alambrar", describe.

Ahora Guido Corvalán y las familias piensan en la calidad del agua que sale a borbotones y sueñan con verduras "entonces vos cada vez que tengas la necesidad de ponerle agua a la huerta ya la vas a tener. Y hasta podés tener una manguera constantemente tirando agua en una mínima cantidad como para que vaya humedeciendo la tierra más despacito".

Fuente: Télam