Falta de competitividad, derechos y retenciones de exportación, impuestos impositivos rurales, inflación, efectos climáticos adversos e inestabilidad laboral, generan una producción por debajo del cambio real competitivo.

Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) pone de manifiesto su preocupación por la grave situación que están atravesando los productores agropecuarios, que vuelven a ser golpeados por la falta de competitividad, la elevada presión impositiva y condiciones climáticas adversas. Según relevamientos tanto oficiales como privados, para la cosecha fina se observan rendimientos muy inferiores a los esperados, con una caída promedio cercana al 10%, lo cual hace imposible el logro de una cosecha récord, lejos de los pronósticos oficiales.

Uno de los tantos inconvenientes que padece el sector agropecuario es la falta de competitividad que perciben. Por ejemplo, en el caso de la fruticultura, cada vez es menos rentable la producción de peras y manzanas para los chacareros que reclaman mayores precios de base, como para los exportadores, que registran caídas de más del 30 por ciento.

La Federación de Productores de Fruta pide un precio mínimo de 1,50 pesos por kilo de fruta para planta de empaque con una compensación de 1500 pesos por empleado que trabaje en las chacras y un descuento del 50 por ciento en las cargas laborales.

La producción de trigo cae un 15% respecto a lo proyectado al principio de la campaña, llegando a los 10 millones de toneladas. La pérdida de competitividad producto del tipo de cambio real poco competitivo, derechos de exportación y las restricciones a las exportaciones, sumado al efecto climático, generan una producción muy por debajo del potencial productivo. A esto se le debe agregar la incertidumbre que genera un régimen de exportación no previsible, lo que incrementará el impacto negativo en el ingreso de toda la cadena.

Los productores que están cosechando cebada también ven reducido sus ingresos producto de la merma significativa en los rendimientos. El efecto climático también impactará en la calidad comercial, lo que se traducirá en menores ingresos para toda la cadena comercial. Se esperaban 5,5 millones de toneladas, volumen que no se va a cumplir, comunicó CRA.

La posición del sector exportador es la de esperar a la cosecha del sudeste y sudoeste, ya que la misma representaría más del 50% de la producción.
Asimismo, comentaron que sus clientes les exigen el cumplimiento del mínimo de 62 de PH y hasta hay situaciones donde los mínimos son de 64 con tolerancia de 62, pero con penalidades en estos casos.

Asimismo, el Asesor de CREA, Eduardo Soto, afirmó a El Canal Rural que “el exceso de agua provocó la entrega anticipada del cultivo, con lo cual quedaron granos que no dan calidad para cervecera ni para forrajera. Es una incógnita saber qué va a pasar con esa cebada que no puede ser destinada a  nada”.

“Lo positivo de esta campaña fue el mayor volumen percibido debido a la reducción de área de trigo, por eso, se volcó mucha gente a la cebada.”,aseguró Delfín Morgan de la Corredora Morgan García Mansilla y Compañía a Agrositio.

Por otra parte, desde que asumieron los Kirchner, la presión fiscal de la soja pasó de 539,65 $/ha a los 3.555,33 $/ha actuales, afirmó el ex titular de la Confederación de Asociaciones Rurales de la Tercera Zona (Cartez), Néstor Roulet.Algunos datos muestran que: mientras la soja aumentó un 380 % los ingresos del productor, con el mismo rendimiento por hectárea, solo lo hicieron un 183 %. Mientras la soja aumentó el 380 %, la tributación por hectárea tuvo un aumento del 560 %.La presión impositiva pasó del 37,1 % en al año 2003, al 51,0 % en el año 2012.En el año 2003 al productor le quedaba un 21,7 % del Ingreso Bruto por hectárea, en el año 2013 solo le queda un 12,9 %.

Presión tributaria de la soja año 2003 vs 2012

No solo la presión tributaria perjudicó a la soja. Según un informe de la Bolsa de Cereales de Bs As, en comparación al ciclo previo, se acentúa el retraso interanual de la siembra de la oleaginosa, ahora próximo al -15 % y ello se debe a las interrupciones provocadas por continuas lluvias. Solo se cubrió el 53,9% de la superficie proyectada.

Otro reclamo es el de los productores de girasol, quienes pagan derechos de exportación tan altos como la soja: tributa 32% por el grano, apenas tres puntos menos que el poroto de soja y hace cuatro campañas que no puede superar los dos millones de hectáreas. Además, el girasol paga 30% por su aceite.

"El tema de las retenciones es una cuestión que nos está pegando, especialmente de forma muy crítica en las zonas marginales [para la producción]", expresó Ricardo Negri, presidente de la Asociación Argentina de Girasol (Asagir), durante la celebración del 30° aniversario de la entidad.

"Desde Asagir venimos pidiendo una adecuación de las retenciones a las reales posibilidades de competitividad del actual 32 por ciento al nivel del 20 por ciento, que significaría un muy bajo costo fiscal", expresó a LA NACION Luis González Victorica, ex presidente de Asagir.Según las estadísticas, en 1999 la Argentina tuvo una participación del 60% en el mercado internacional de aceite de girasol como exportador del producto. En volumen fueron 1,87 millones de toneladas. Sin embargo, el año pasado, ese porcentaje cayó a un nivel de entre el 12 y el 14%, con 980.000 toneladas.

En cuanto al sector cárnico, los factores que afectan a la pérdida de competitividad frigorífica ante los mercados internacionales son el atraso cambiario y las retenciones a las exportaciones, según manifestó la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA)

El atraso cambiario estimado entre 25% y 30%, sumado al derecho de exportación de 15%, hace que el tipo de cambio efectivo impida el acceso de las carnes argentinas a los mercados internacionales. Y ratifican esta aseveración las magras exportaciones del presente año, inferiores a las 200 mil toneladas, haciéndonos descender desde un tercer puesto a un décimo lugar en el ránking mundial de exportadores de carne vacuna.

En septiembre, la producción de carne vacuna se contrajo levemente con relación a un año atrás, en tanto que los volúmenes exportados retrocedieron en mayor medida, producto de la continua pérdida de competitividad de la industria frigorífica. De este modo, una vez más el mercado interno debió absorber un mayor volumen de carne vacuna.

En particular, en septiembre los embarques de carne vacuna apenas alcanzaron un total de 8.698 toneladas peso producto (tn pp) y se ubicaron entre los seis registros mensuales más bajos de los últimos ocho años. En relación a agosto cayeron 22,4% y con respecto a septiembre de 2011 se contrajeron 39,8%.

En este sentido, el pasado 21 de noviembre, el Diputado Buryaile presentó un proyecto para mejorar la cadena cárnica argentina que consiste en eliminar los derechos de exportación de dicho producto y, de esta manera, que los frigoríficos tengan más competitividad. Pero el mismo no fue aceptado por el oficialismo."Esta política ha fomentado la concentración tanto de la producción como de la industria. Un ejemplo de ello es la cuota Hilton que unos años atrás se distribuía entre 70 empresas y hoy solo la reciben 40, y en el caso de los grupos de productores lo recibían 40 y hoy son 29. Por su parte de acuerdo al Censo Nacional Agropecuario desaparecieron 60 mil productores", sostuvo Buryaile.

Todo indica que la Cuota Hilton dejó de ser un negocio atractivo pero apareció una nueva alternativa a la que Argentina debería adherirse: “La Cuota Feedlotera” creada en 2009, cuenta actualmente con 45.975 toneladas anuales, pero a partir de julio de 2013 pasará a ser de 48.000 toneladas (ciclo 2013/14), según indicó el sitio Valor Soja. 

Por último, el sector lácteo también se encuentra en espera de una Ley de Lechería antes de fin de año, pero aún no hay novedades. La queja principal de los tamberos es la de esclarecer los procesos de la cadena láctea y de recibir un precio mínimo de $2 por litro de leche, en vez de $1.40, ya que sus ganancias son cada vez más bajas.

@foto8out@

En un comunicado de CRA, se solicita al gobierno nacional que adopte medidas concretas que pongan fin al constante deterioro de las condiciones económicas del productor agropecuario. Si se dejase de lado el revanchismo estéril el Gobierno puede modificar el régimen de exportación para devolverle la competitividad a la producción, rentabilidad al productor y un destino cierto al sector.