A lo largo del segundo de los módulos desarrollados en la primera jornada de Mundo SojaMaíz 2012, en un Panel de Nutrición de cultivos, organizado por IPNI Cono Sur y Fertilizar Asociación Civil, especialistas en la temática se refirieron a la necesidad de profundizar los conocimientos en cuanto a la contribución real que realiza la nutrición y la fertilización en los suelos cultivados.

En este sentido, fue el director de IPNI Cono Sur y coordinador del panel de expertos –Dr. Fernando García- quien subrayó la necesidad de profundizar la sustentabilidad de los sistemas productivos que actualmente se llevan adelante en Argentina, bajo un esquema que contemple tanto los aspectos ambientales, como los económicos y sociales.

Luego de esta introducción, Graciela Cordone (INTA Casilda) se refirió al “Costo oculto privado y social del sistema productivo”, destacando allí la necesidad de computar en la economía de los establecimientos no sólo la inversión en semillas, insumos (agroquímicos y fertilizantes) o alquileres –por ejemplo-; sino también aquellos costos ligados a la pérdida de materia orgánica, porosidad del suelo o nutrientes. En este contexto, la disertante mostró a los más de 1.000 asistentes a la jornada los resultados obtenidos de una experiencia realizada sobre el monocultivo de soja en el centro-sur de Santa Fe.

En este caso, se comparó un lote sojero con uno rotado, en donde se evidenció un costo oculto (por la reposición de nutrientes) de US$ 130 y US$ 80, respectivamente.

Profundizando el esquema y “con el objetivo de generar conciencia”, Cordone destacó que: “En el momento que un barco se va de algún puerto nacional con 40 mil toneladas de soja, se lleva consigo 3.576 toneladas de nitrógeno, fósforo, azufre, potasio y magnesio; lo cual equivaldría a 8.735 toneladas de fertilizantes –necesarios para reponer esos nutrientes”. Otro dato interesante brindado por la experta del INTA estuvo ligado a lo que ocurre también con la materia orgánica: “Este tipo de pérdidas no es tenida en cuenta actualmente por los productores”, concluyó.

Por su parte, el Ing. Matías Trossero, de la Universidad Austral, quien realizó su tesis de maestria sobre esta temática, agregó: “Avanzando en estas cuestiones, se podría avanzar en una mejor planificación de los sistemas productivos”.

En segundo turno, participó del Panel el Ing. Gustavo González Anta (Rizobacter Argentina), quien se refirió al “Impacto de los microorganismos en la agricultura”.

En este sentido, el especialista remarcó que: “Se puede intervenir en el proceso de nitrificación inhibiendo determinados microorganismos o afianzando su fijación, o utilizar microorganismos que son solubilizadores del fósforo que permitirian un mayor aprovechamiento del fosforo no disponible, para que las plantas puedan absorberlo”.

Como tecnologías disponibles actualmente para el manejo de estos temas, González Anta destacó la inoculación, los protectores externos, la bioinducción y la osmoprotección.

“Será clave, de cara al futuro poder seleccionar a aquellas cepas que puedan resistir el estrés abiótico y trabajar en conjunto con los fabricantes de agroquímicos para producir formulaciones más amigables con este tipo de microorganismos y su medioambiente”, puntualizó.

Luego, se realizó la presentación de dos ensayos impulsados por Fertilizar sobre, "Fertilización nitrogenada en maíces para silo", a cargo del Ing. Luis Máximo Bertoia (UNLZ) e "Impacto de la agricultura sobre algunas propiedades edáficas en suelos de la región pampeana argentina", por el Dr. Hernán R. Sainz Rozas del INTA Balcarce.

El especialista de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ), Luis Bertoia, comentó que “en nuestro país se destinan aproximadamente 1.1 millones de hectáreas al picado para forraje conservado (70% maíz, 10% sorgo forrajero, 10% de sorgo granífero y otro 10% correspondiente a otras fuentes de reservas como la cebada –con mayor participación cada vez -, trigo, pasturas, soja, alfalfa, etc)”. Más allá de esto, el disertante comentó que la demanda del silaje en nuestro país se concentra en un 87% entre Buenos Aires y Córdoba; destinándose un 46% de ese total a la producción láctea y un 54% a la de carne. Explicó también que, en la medida que la producción de carne aumente su % de “silo” en la dieta (hoy es cercano al 15%) la demanda de este tipo de tipo de material destinado a silaje, crecerá casi exponencionalmente.

Además de esto y de destacar que al híbrido de silaje se lo debe evaluar por su capacidad de producción en carne y leche y no solamente por sus volúmenes, el investigador mostró los resultados de un estudio –financiado por, entre otras organizaciones, Fertilizar Asociación Civil- en el cual se apuntó a evaluar la respuesta al aporte de nitrógeno en la calidad de la caña y la hoja, en la parte reproductiva o espiga, y la planta entera, empleando diferentes dosis en diferentes híbridos y en diversas localidades. Allí se demostró escasa respuesta directa en caña y hoja, pero un 22% de aumento en la espiga, permitiendo un rendimiento positivo de la planta completa, situación que también repercutió favorablemente sobre la digestibilidad de los híbridos analizados, por la alta incidencia de que tiene esta parte de la planta –la espiga- en este parametro del material destinado a la comida animal.

Posteriormente, Hernán Sainz Rozas (INTA Balcarce) dejó en claro el “Impacto de la agricultura sobre algunas propiedades edáficas en suelos de la Región Pampeana” al señalar, por ejemplo, que se deberían incorporar cerca de un 30% más de fósforo del que se utiliza en la actualidad (en base a datos de 2010), al tiempo de intentar minimizar labranzas para mitigar el deterioro del suelo.

A esta conclusión se llegó luego de evaluar el contenido de materia orgánica, la disponibilidad de algunos macro y micro nutrientes, y acidez en suelo agrícolas versus suelos inalterados. Sumado a esto, el técnico del INTA explicó que en base al avance de la agricultura fundamentalmente en la Región Pampeana, llevó a una menor participación de la ganadería en la superficie, lo cual redundó en una menor rotación de las pasturas y la consiguiente disminución de aportes de carbono y materia orgánica sobre las superficies cultivables.

Por último, el moderador del panel, Fernando García, culminó con una charla titulada "Contribución de la nutrición a la sustentabilidad de los sistemas de producción". Allí concluyó en la importancia de la contribución de la nutrición a la sustentabilidad de los sistemas de producción, tomando como eje los cuatro fundamentos básicos de la misma: fuente y dosis apropiadas, momento oportuno y localización correcta. Más allá de esto, García insistió en la importancia de hacer análisis de suelo para predecir la probabilidad de respuesta a la fertilización, entre otras ventajas.

A la vez, el especialista mencionó un estudio del INTA Balcarce en el cual se demuestra cómo un manejo intensificado y correctamente manejado puede contribuir al aprovechamiento de los recursos, reduciendo la emisión de óxido nitroso, uno de los gases con efecto invernadero con 300 veces más poder de calentamiento que el dióxido de carbono. Finalmente y para graficar la importancia del uso racional de los recursos disponibles, García señaló que “considerando un nivel de fósforo (P Bray) menor a 15 partes por millón, existe una alta probabilidad de respuesta rentable al aporte de fósforo en el cultivo de soja. Entonces, siendo que el 50% del área cultivada con esta leguminosa (10 millones de hectáreas) se encuentran por debajo de este valor, aplicando 75 kg/ha. de fosfato monoamónico (FMA), podríamos esperar una respuesta promedio de 300 kg/ha de soja, lo que en 10 millones de hectáreas significan 750.000 toneladas de FMA, que se traducen en 3 millones de toneladas de soja”. Esto es clara y contudentemente, mayor ingreso para el productor y para el país.