La crisis que afecta a la fruticultura regional estableció nuevas reglas de juego en el mercado inmobiliario en lo que respecta a la compraventa de parcelas productivas, haciendo más eficiente a la parte compradora y transparentando a aquellos productores que realmente necesitan vender o alquilar sus chacras porque ya no cuentan con el respaldo económico para seguir ligados a la actividad.
Flota en el ambiente un "mal humor" generalizado, que para el empresario inmobiliario roquense Ricardo Epifanio no debería ser tal ya que hay varias empresas o productores con determinado perfil a los que "no les ha ido tan mal".
Por estos días se multiplican los reclamos del sector frutícola para que el Estado –provincial y nacional– ofrezca alternativas de ayuda pero, según indicó Epifanio en dialogo con Río Negro noticias, "la Nación puso reglas de juego claras: quiere una fruticultura en crecimiento, con inclusión y una mejor distribución de la riqueza. Los (productores) del Valle no han sabido implementar una propuesta que incluya todo eso".
"Río Negro" entrevistó al empresario y consultor inmobiliario para que ofreciera una visión acerca de cómo funciona hoy el sector inmobiliario rural. A continuación, la charla mantenida con él.
–¿Qué impacto ha tenido la crisis frutícola en la parte inmobiliaria?
–Hay una mala onda muy grande, todos pusieron el cartelito de venta. Pero hay algunos sectores, ya sean empresas o productores con determinado perfil, a los que no les ha ido tan mal.
–¿A qué atribuye esta "mala onda" que lleva a que todo el mundo quiera vender?
–En realidad, no tiene mucha razón de ser. Hay mucha oferta "de mentirita", porque no ofrecen sus chacras a valores de mercado sino a los valores que ellos quieren, muy alejados del precio real.
–¿Y cómo se detecta al vendedor genuino?
–Son aquellos productores que hoy no tienen los 7.000 dólares por hectárea y por año para trabajar la chacra o no tienen los siete u ocho dólares por cajón que necesitan para embalarla, entonces prefieren vender antes que endeudarse sin saber cuánto van a recibir por la fruta. Ése es exactamente el vendedor genuino. Lo mismo el empacador que está en esas condiciones. Acá el que no tiene capital de trabajo realmente está en una situación muy difícil.
–¿Cuáles son las consecuencias de esta coyuntura frutícola?
–Esta situación ha hecho que la parte compradora se hiciera más eficiente; ya no compra cualquier cosa. Antes se alquilaba una chacra de 50 hectáreas y no importaban las variedades implantadas ni la cantidad de kilos que se producían. Ahora es distinto; hoy el comprador te dice "Te respeto los 3, 4 ó 5 centavos de dólar por kilo para alquilarte, pero de tal y tal variedad; lo demás te lo tomo con beneficio de inventario, no te pago nada por ello". Y también están los que han comprado cosas que no eran imprescindibles; todos esos se están desprendiendo de lo que no van a utilizar.
–¿Qué presión ejerce esto sobre el mercado?
–Hay una baja de precios. Una chacra en plena producción con tecnología de punta y riego por aspersión valía el año pasado entre 25.000 y 30.000 dólares la hectárea. Hoy vale entre 15.000 y 20.000 dólares. Lo que se mantiene todavía son las tierras en blanco, por dos razones: una, porque la chacra en blanco es como un departamento, uno le pone llave y no cuesta mantenerla. La segunda razón es que los que tienen chacras en blanco para vender generalmente son propietarios que viven en ellas y si las venden no compran ni un terreno, entonces se quedan. Por eso, mientras la tierra frutícola pierde valor la que está en blanco mejora su precio.
–¿Y esto es lo que atrae hoy al inversor?
–Efectivamente, los interesados genuinos están dando vueltas sobre la tierra en blanco para hacer producciones alternativas, entre ellas vid, nogales, cerdos...
–¿Qué ocurre con las otras chacras?
–Hay muchas hectáreas que no se reconvirtieron, no avanzaron, que valían entre 10.000 y 12.000 dólares la hectárea el año pasado y hoy no tienen compradores. Al no ser eficientes y al ser tan alto el costo de reconversión y el de trabajarlas, directamente no tienen precio. Hoy mucha gente de chacra cree que el frutal vale algo, pero en realidad termina siendo un peso en una futura negociación. Hablo de aquellas chacras en las que no se invirtió y que hoy representan alrededor del 30% del Valle.
–¿Qué alternativas tienen esos productores?
–Pocas; entre ellas, un programa nacional de reconversión con una financiación muy importante, o directamente hacer cultivos alternativos. No mucho más. Está calculado que entre un 10 y un 15% por año hay que reconvertir, en 10 años el 100% de la chacra debería estar reconvertido. Si esto no se hizo aparecen los problemas.
–Para hacer cambios estructurales hace falta una fuerte decisión política...
–Acá hay que dar respuesta a las distintas fruticulturas, integradas por productores chicos, medianos o grandes con tecnologías bajas y lo mismo para los que tienen buena tecnología, integrados o no, así como también los que llegan a los canales de venta y los que no llegan...
–¿Cómo influye la cuestión del dólar con distintos precios?
–Esto ha generado una incertidumbre que ha parado el mercado, pero hay cosas que se justifican y otras que no. Si yo pago un terreno en pesos, compro todos los insumos para construir en pesos y pago la mano de obra en pesos, ¿por qué motivo lo tengo que vender en dólares? Ahora, si yo exporto fruta sí tengo que hablar de dólares. Lo difícil es saber si se está hablando del dólar oficial, del paralelo o de una combinación de ambos.
–¿Quién estaría dispuesto a ingresar hoy en el negocio frutícola?
–Nadie va a entrar en el negocio frutícola tal cual está hoy, salvo el que es del mismo sector y busca una eficiencia que no tiene. Alguien que tiene un galpón grande y trabaja su propia fruta y la de terceros, lo que hace es comprar un galpón más chico y trabajar sólo su producción. Se va achicando en función de... Esto es contrario a lo que Nación quiere. Lo cierto es que la torta frutícola se ha transformado en alfajor y la gente que está en buena posición ve cómo hacer para trabajar dentro del alfajor.
–¿Quién debería encabezar un proyecto frutícola como el que usted plantea?
–El Ministerio de la Producción, con el aval de todos los sectores. Tiene que nacer desde el poder político provincial, para ser planteado en el poder político nacional. La gente está desesperanzada, por eso la actitud de mal humor de la que hablábamos al principio.
–¿Cuál sería el valor real de una chacra actualmente?
–Entre 25.000 y 30.000 dólares la hectárea.
–¿La tierra en blanco cuánto vale?
–Nunca menos de 5.000 ó 6.000 dólares la hectárea, y las agrícolas van hasta 10 ó 12.000 pesos la hectárea, a la que se agregan otros componentes como por ejemplo la cercanía a la ciudad.
–A alguien que hoy tenga una chacra eficiente, ¿le conviene venderla?
–Yo creo que no, debería esperar a que cambien las condiciones económicas. Hay nichos de mercado muy buenos, hay que especializarse. Si cuesta vender en Europa a valores que compensen se puede apuntar a Brasil, al mercado interno, a la fruta orgánica...
–¿Hay oferta de chacras bien puestas, con todas las labores realizadas?
–Sí hay. Las crisis obligan a hacer estas cosas. Se elige lo que se planta y se compra lo que realmente vale la pena. Desde este punto de vista, la crisis no se ve como tan mala.