“Acorralado por un kirchnerismo impiadoso —que, en todo caso, sólo le debe obediencias irrestrictas y favores electorales de bulto— y obligado a pelear por su sobrevivencia política, Daniel Scioli no ha tenido más remedio que calzarse los guantes y subir al ring. Lo ha hecho contra su voluntad porque, en el fondo, enfrentar a Cristina Fernández en la forma en que están planteadas las hostilidades es lo último que hubiese deseado”, expresan los analistas Vicente Massot y Agustín Monteverde en su nuevo informe.
Asimismo, realizan un pormenorizado juicio acerca del gobernador de la provincia de Buenos Aires; lo definen como “un hombre manso por naturaleza. Su fuerte, pues, no se casa bien con el conflicto. Antes al contrario, siempre ha acusado su mejor perfil en un marco de consenso y concordia al cual lo predisponen su vocación, su personalidad y su pensamiento. Además, en su ingenuidad creyó hasta la semana pasada que la presidente no era la responsable de la campaña de hostigamiento enderezada a sus expensas por el vicegobernador, Gabriel Mariotto; la ministro de Seguridad, Nilda Garré; el periodista Horacio Verbitsky, y La Cámpora. Cualquiera que lo haya frecuentado y lo haya escuchado en estos años hablar sobre el matrimonio Kirchner, sabrá que es cierto. Scioli se consideraba un subordinado obediente hasta el servilismo que, sin embargo, nunca dejó de lado sus aspiraciones presidenciales”, detallan Massot y Monteverde.
Inclusive destacan en su análisis que “fue funcional a Néstor Kirchner sin pestañear y estuvo dispuesto a cumplir todas las órdenes que recibió como si viniesen del Cielo. Pero en más de una oportunidad le dijo al jefe del matrimonio y a su mujer que él deseaba algún día llegar a la Casa Rosada. En vida de Néstor Kirchner la confesión del ex–motonauta era inocua y a nadie molestaba”.
Pero el escenario parece haber cambiado, ya que en 2015 Cristina Fernández no podrá ser reelecta a menos que logre reformar la Constitución, pero de no poder, Scioli tendría un hilo de ventaja para lograr su anhelo de ocupar el sillón de Rivadavia.
Un aspecto que Massot y Monteverde destacan en su análisis es “la rapidez con la que Gabriel Mariotto, apenas pisó la vicegobernación, decidió embestir sin demasiadas contemplaciones contra Scioli. Lo que hoy ha quedado al descubierto, y hasta un ignorante se daría cuenta, no es nuevo ni mucho menos. La campaña para esmerilar a Scioli empezó en el mismo momento en que juraron en la capital provincial”.
Ahora los analistas relatan la historia de cómo Mariotto integró la fórmula del Frente para la Victoria. “La excusa ventilada en el inicio de la disputa fue la figura de Jorge Casal, ministro de Seguridad al cual Garré y Verbitsky lo habían elegido como blanco emblemático mucho antes de que la presidente pensara en Mariotto para integrar la fórmula del FPV”.
Y lo que sucedió luego: “escalaron las críticas y el objetivo pasó a ser el propio gobernador. En los primeros cinco meses de gestión Scioli solamente abrió la boca en una oportunidad. Como se permitió jugar un partido de fútbol contra el equipo de Mauricio Macri y en ello el kirchnerismo —para variar— creyó ver el principio de una conspiración, lo castigaron sin piedad”, argumentan los analistas.
Desde el lado de los “aliados” que Scioli ganó en el último tiempo, los analistas citan a Hugo Moyano —reconciliado, dicho sea de paso, con Clarín— y a Hugo Curto, intendente de Tres de Febrero y Secretario General del PJ bonaerense.
Al mismo tiempo, tanto la provincia de Buenos Aires como el Gobierno Nacional se precisan mutuamente. Por un lado “Scioli depende del unitarismo fiscal y ése es su flanco más débil si se tiene en cuenta que —en sesenta días, poco más o menos— a similitud de muchas otras provincias, no tendrá plata para pagar sueldos y aguinaldos. También es verdad que, aun siendo rehén del tesoro nacional, el oficialismo no puede darse el lujo de incendiar la provincia. Sería un suicido. Algo que Cristina Fernández no querrá cometer”, disparan Massot y Monteverde.
“Hay dos cuestiones cruciales en la pelea, que es a cara descubierta aunque sus principales protagonistas se hagan los distraídos: la situación económica —cada día más complicada— y la confección de las listas de diputados provinciales para el año próximo. Si las cuentas fiscales trasparentasen en pocos meses más —como todo lo hace prever— el deterioro que comienza a percibirse a lo largo y ancho del país, la gestión de Scioli no será fácil de aquí en adelante. De la marcha de la economía no sólo dependerá la suerte de la presidente en los comicios legislativos de 2013 sino también las suyas”, concluye el informe.