Han pasado cuatro años del momento en que un joven ministro de Economía decidía modificar los valores porcentuales de exportación. Por aquel entonces, Martín Lousteau proponía esta solución al “significativo aumento de los precios internacionales de cereales y oleaginosas”.

Basándose en la defensa de la mesa de los argentinos, el texto aseguraba que “la persistencia de un escenario semejante podría repercutir negativamente sobre el conjunto de la economía a través de mayores precios internos y menor equidad distributiva”.

La aparición de esa medida, no hizo más que juntar a cuatro entidades que obligadamente dejaron de lado sus ideologías. Parafraseando a Jorge Luis Borges, Eduardo Buzzi (hasta ese entonces poco conocido en el medio público extra sectorial) se justificaba diciendo “no nos une el amor sino el espanto”.

Con Cristina Fernández encabezando el Ejecutivo Nacional desde hacía tan solo 90 días (al momento de la publicación de la resolución), la tracción social del sector rural generó tanta fuerza que el gobierno casi da un paso al costado.

Hoy, las relaciones entre el oficialismo y la Mesa de Enlace parece que han mejorado pero solo para la foto.

Tras cuatro años, las relaciones entre el oficialismo, la Mesa de Enlace y el sector más importante de la economía nacional, no han involucionado y eso es bueno. Pero tampoco han crecido de manera conjunta en estos 48 meses y eso es lo triste.