En su sitio web, Campo 2.0, la periodista agropecuaria, Susana Merlo, se refirió a la decisión del ministro de Agricultura de abrir el grifo exportador por 2,7 M/Tns. de trigo de cosechas anteriores: “La medida, además de sorprender, se presta a varios interrogantes y no menos interpretaciones”, disparó.
Asimismo, Merlo detalló: “en primer lugar, el alto funcionario está reconociendo entonces que el mercado estaba cerrado o, al menos, restringido. Situación que el Gobierno no acepta habitualmente ya que el mote de “intervencionista” y/o “dirigista” (aunque lo sea) no parece ser de su agrado. Otra cuestión es la de la cantidad habilitada pues, mientras en octubre se habían librado Roes (arbitrarios y manoseados permisos de exportación) por apenas 58.000 toneladas ahora, de golpe, aparecen casi 3 millones de toneladas”.
En seguimiento con la línea anterior, la periodista se plantea dos hipótesis:
a) o el Ministro Domínguez no decidía darse por enterado sobre los crecientes volúmenes de trigo que los productores seguían guardando ante la imposibilidad de vender, entre otras cosas, a causa de los precios muy recortados que le pagaban los otros eslabones de la cadena debido al mercado intervenido (y que le alertaban desde varios sectores),
b) o el Gobierno se ve ahora forzado a tomar una decisión contraria a la que venía manteniendo (de favorecer a algunos sectores en detrimento de otros) debido a la urgente necesidad de ingresar divisas a causa de la continua salida de capitales que no termina de drenar y que menguó, en parte, las reservas disponibles. O ambas.
Por eso Merlo concluye en que Agricultura no puede aludir “desconocimiento”, alegando “que estaba a la “espera” de las declaraciones de los productores, ya que hasta el inefable Secretario de Comercio, Guillermo Moreno, archiadversario de Agricultura a la que ningunea, venía sosteniendo desde hace meses que los stocks de trigo ascienden, en realidad, a más de 6 millones de toneladas. Y si esto fuera así, Agricultura no sólo no sabe nada de lo que ocurre ahora, sino que tampoco se enteró de lo que venía ocurriendo en las campañas anteriores y los volúmenes crecientes de arrastre del cereal”.
En suma, el Gobierno se negó a vender la producción en tiempo y forma. “Y ocurrió lo que tenía que ocurrir: los precios internacionales cayeron. Ahora esos volúmenes valen mucho menos y para colmo, la nueva recolección ya está en marcha, lo que agregará más presión bajista a los precios del cereal”, remarca Merlo.
Si antes, debido a los recortes extra de precios que al margen de las retenciones implicaban unos US$ 50/70 por tonelada, los agricultores se negaban a vender, la periodista se pregunta, “¿por qué habrían de hacerlo ahora cuando el mercado internacional está mucho más flojo y la nueva cosecha amenaza con debilitarlos más todavía? ¿Y si ocurriera lo tan temido, y ahora que el Gobierno necesita urgentemente ingresar divisas, aunque sean menguadas respecto a las posibilidades que llegó a tener, los productores siguieran sin vender? ¿Qué podría suceder entonces?”.
El escenario que vislumbra Merlo es que “si se lanzara al mercado ese volumen en simultáneo con la presión adicional de la nueva cosecha, los precios internos se desplomarían del todo, y ni los exportadores ni los molineros, por mucho que hayan ganado en el pasado, están dispuestos a pagar un solo centavo por encima de lo estrictamente necesario”.
Y surgen mas preguntas: “¿A qué apelaría entonces el Gobierno con su nuevo Ministro de Agricultura y su nuevo Secretario de Comercio? ¿Profundizaría el modelo con más intervención? ¿Decomisarían los stocks como en otras épocas? Pasado el slogan de “defender la mesa de los argentinos”, ¿ahora a qué recurrirían?”
El balance es negativo cuando se piensa que “sólo la pérdida de no haber vendido los 2,7 millones de toneladas ahora admitidos, antes de que el mercado comenzara a caer en febrero pasado, cuando valía unos US$ 110 por tonelada más que ahora) representa una disminución en los ingresos potenciales de alrededor de U$S 300 millones”