Ensayos realizados en el INTA Famaillá –Tucumán– demostraron que es posible
determinar el máximo período de conservación de una variedad de arándanos –O`Neal–
sin perder sus atributos de calidad, mediante la aplicación de una atmósfera
controlada (2% de oxígeno y 15% de dióxido de carbono).
El trabajo demostró que este tratamiento evitó la pérdida de peso hasta los
30 días de conservación, mientras que el testigo –con aplicación de frío
convencional– ocasionó una pérdida de peso de 9,4 %.
Soledad Carbajo, especialista en frutihorticultura del INTA tucumano explicó
que “las tecnologías de almacenaje en frío y de atmósferas controladas retardan
el proceso de envejecimiento y permiten extender la vida de postcosecha”.
En esta provincia, la exportación de arándanos a mercados internacionales
implica un transito extenso de la fruta lo que significa pérdidas significativas
en producción. Para lograr un buen producto es fundamental determinar
condiciones ideales de manejo durante la cosecha.
“Bayas bien desarrolladas, sanas, con madurez apropiada según el color,
contenido de azúcares y firmeza, son las condiciones mínimas que cada fruto debe
reunir cuando hablamos de calidad”, indicó la especialista.
En lo que respecta a la proporción de azúcar (ºBrix) las diferencias fueron
significativas: el tratamiento con atmósfera controlada mantuvo los valores de
ºBrix (17,6) a lo largo del periodo evaluado, mientras el tratamiento con frío
convencional mostró un incremento de ºBrix (19,3) hacia los 30 días de
conservación.
Como perlas cultivadas
El 53% de esta fruta se exporta a los Estados Unidos, mientras que el resto
se comercializa en el Reino Unido y en los Países Bajos, según un documento
elaborado por el Instituto de Desarrollo Productivo (IDEP) de Tucumán.
Fernando Martorell, a cargo de la promoción de exportaciones del IDEP aseguró
que durante el 2011 la producción de la fruta alcanzó las 8.000 toneladas lo que
significó un aumento del 20%, con respecto al año anterior.
Los arándanos se destacan por sus cualidades hipocalóricas, antioxidantes,
nutritivas y medicinales. Su cultivo en la Argentina se extiende en unas 1.200
ha en Tucumán, lo que representa el 46% de la superficie total del país.
Entre los factores que favorecen el desarrollo de la producción están “los
buenos precios que se obtienen cuando la exportación comienza temprano”, dijo
Martorell quien además agregó que “de las ocho mil toneladas que se cosecharon,
la mitad se destinó para consumo en fresco y el resto es para la industria:
elaboración de mermeladas y dulces”.
Para Carbajo, la importancia de lograr un buen producto poscosecha radica en
que “la Argentina posee características agroecológicas diferenciales que le
permiten obtener fruta de primicia destinada principalmente al hemisferio Norte
–Estados Unidos, Canadá y Unión Europea–”.
Su cultivo tiene una atrayente ventaja, debido a ser un producto en contra estación. “Con el uso de variedades tempranas, un buen manejo planificado y aplicación de tecnología, la Argentina tiene la posibilidad de producir desde octubre y posicionarse en el mercado internacional de las frutas finas”, señaló la especialista.