“Desde el valor del dólar, pasando por una serie incalculable de subsidios, o la más que atrasada actualización en los costos de los servicios. Todo parece haber entrado en una abrupta y forzada etapa de sinceramiento”, expresó la periodista, Susana Merlo, en su sitio web, Campo 2.0.
En lo que se muestra sorprendida Merlo es que, “las provincias, sospechando que las restricciones van a alcanzar también a varias de las partidas que les envía el Gobierno nacional, comienzan a tratar de adelantarse en la “captura” de recursos”.
“Después de todo, es bien sabido que a la hora de los cumplimientos fiscales la prioridad es para la Nación, luego vienen los impuestos provinciales y, mucho más lejos, las tasas municipales”, remata la periodista.
Las reacciones a la medida implementada por el Gobierno no se harán esperar. “Así, como Túpac Amaru traicionado por distintas fuerzas (que terminaron destrozándolo), los contribuyentes locales están ahora en la óptica de la Nación, de algunas provincias como Santa Fe, Córdoba o Buenos Aire, no pasará demasiado hasta que los municipios, también rezagados a la hora del reparto nacional (como aquella “coparticipación” por el último incremento en las retenciones a la soja, ¿recuerdan?), se sumen también a la carrera fiscal”, disparó Merlo.
Desde hace semanas el Gobierno se dio a la tarea de restringir al máximo las importaciones, a la vez que pretende que las multinacionales no giren dividendos y liquiden divisas localmente. “Controla (con lo que puede) la venta de dólares mientras tapa el sol con las manos”, asevera el artículo.
Ante el claro escenario de mayores gastos, menores ingresos, el interrogante de la periodista es ¿Qué hacer?, a lo que responde con ironía: “¡Aumentar los gravámenes! Así, aunque sean menos los que pagan (ya que a mayor presión, mayor evasión), los contribuyentes regulares ayudarán a tapar, aunque sea parcialmente, el bache”
De acuerdo al artículo, Buenos Aires es la provincia más grande y, “por lejos, la más endeudada de todas, al punto que se estima en $ 1.900 millones el incremento impositivo que se intenta vía inmobiliario, ingresos brutos y automotores”.
Merlo no dejó fuera de su análisis al campo, el cual, según su apreciación, “está gravado adicionalmente con fuertes retenciones (aunque los productos se destinen al consumo en el mercado interno)” y por eso “el panorama se ensombrece aún más por la caída relativa que vienen registrando los precios internacionales de los granos, a los que se agrega el aumento de las tarifas, la suba del dólar (por ende, de muchos insumos estratégicos), etc”.
En medio de la cosecha triguera, ya varias entidades y cientos de productores se movilizan y realizan asambleas ante el panorama de quebranto de precios que sufrirían si convalidaran los valores actuales. En el mismo sentido, la periodista cree que “ocurrirá lo mismo con los granos gruesos (soja, maíz, girasol), independientemente de las alternativas climáticas a partir de aquí”.
“Así, la actual cosecha 11/12, que aún se preveía similar a la previa, en alrededor de 96/98 millones de toneladas, puede llegar a dejar un tendal por el camino ante la suba de costos, la caída de la renta por la baja en las cotizaciones y la mayor presión impositiva que los distintos niveles de Gobierno están instrumentando”, remata Merlo.
Y concluye: “y como cada cual parece atender solo a su necesidad, nadie parece darse cuenta que el sujeto imponible, y sobre el cual recae todo el peso fiscal, es siempre el mismo y sólo uno: “el contribuyente”, que ahora, en más de un caso, deberá optar entre afrontar las crecientes obligaciones impositivas o intentar mantener su actividad productiva. Un dilema difícil de dilucidar. Y esto recién empieza”.