El siguiente artículo pertenece a Susana Merlo, autora del sitio Campo 2.0:

Mientras, entre los problemas domésticos, el tema de la falta periódica de combustibles no es menor. Interesante artículo de la revista Integración, de ConInAgro, donde se detallan además los ítems que conforman el precio final.

Durante muchos años se dijo que la Argentina funcionaba con “viento de cola”. Tampoco importaba demasiado lo que ocurría en otras regiones, ya que la onda expansiva nunca parecía llegar a estas costas australes.

Hasta el clima fue extraño y prolongadamente benigno, al menos, en el corazón agrícola del país.

Sin embargo, de golpe (para muchos), las cosas parecen estar cambiando, y el “blindaje” del que se hacía tanta ostentación comienza a mostrar debilidades. Ahora, aunque en forma incipiente, los distintos acontecimientos también parecen comenzar a sentirse aquí.

¿Y si la protección se acabó?

Si bien desde siempre la Argentina fue agroindustrial, en la última década esa característica se potenció fuertemente, al punto que prácticamente el Estado financió el gasto por más de 8 años con los ingresos de los alimentos en la doble vía: fiscal, por las retenciones (especialmente por el 35% de la soja), y por el ingreso de divisas, al justificar las exportaciones de commodities y de manufacturas agropecuarias, más del 55% del volumen total.

Pero el mundo está convulsionado, la economía se desacelera, arrastrada por Europa y también por los Estados Unidos. El temor a la recesión sobrevuela a los principales países del mundo.

Es cierto que China y la India aún mantienen firme su demanda, básicamente de alimentos, pero también están desacelerando su crecimiento. Además, si venden menos productos industriales y tecnológicos, seguramente también comprarán menos o a menor precio.