El Centro de Corredores de Cereales de Rosario presentó ayer miércoles 14 de septiembre un trabajo de investigación en Mercosoja en el que llamó a fortalecer los mercados institucionales para transparentar el descubrimiento de los precios y generar una correcta distribución de la riqueza hacia el interior de la cadena.

Durante la disertación el presidente del Centro de Corredores, Gino Moretto, se enfocó sobre el cultivo de la soja y señaló que el liderazgo en la producción y exportación mundial de la oleaginosa y sus subproductos pasó del Hemisferio Norte al Hemisferio Sur y que esto pone de manifiesto que es cada vez mayor la necesidad de contar con instituciones robustas que fortalezcan el proceso de formación de precios transparentes y representativos. “Hace 20 años los Estados Unidos eran el principal oferente de soja y la suma de la producción del Mercosur no era preponderante. Actualmente, Sudamérica produce más soja que EE.UU. por lo que los precios de la región vuelven a ser de interés tanto para el país como para los mercados internacionales”, comentó.

Moretto señaló que el valor de la producción de soja en Argentina es de u$s26.400 M y que en este marco de fuerte crecimiento de la producción agrícola cobran creciente gravitación los precios que se negocian a través de los corredores de cereales en los recintos bursátiles ya que se constituyen en una señal y en un instrumento de reasignación de recursos no sólo para la cadena sino para la economía en su conjunto.

Por caso, advirtió que cada 1% de variación en el precio de la soja genera una reasignación de US$ 264 M entre actores de la cadena comercial, desde productores a exportadores. “Es riqueza que cambia de manos y que, por lo tanto, condiciona el desarrollo de una multiplicidad de sectores”. En este sentido señaló que la compra de maquinaria agrícola, agroquímicos, fertilizantes y hasta el desarrollo del mercado inmobiliario en algunas regiones clave del país depende de esta asignación de recursos. “Los precios que se negocian en los mercados tienen una importancia económica y social fundamental. No son solamente una señal para la cadena sino que se constituyen un instrumento de distribución de riqueza y asignación de recursos. Mayor ingreso para el productor, por ejemplo, significa más compras de insumos, más inversiones en maquinaria y, por ende, más empleo”, subrayó.

En este sentido, realizó un repasó de algunas cifras que ponen de manifiesto la incidencia que tienen los u$s26.400 M de la soja en otros sectores de la economía. Por caso, mencionó al sector de la maquinaria agrícola que en 2010 tuvo una facturación de u$s 1380 M de los cuales al menos U4s520 M estuvieron asociados al cultivo de la soja, el sector de agroquímicos que facturó u$s1676 M de los que u$s550 M correspondieron a la soja, los fertilizantes que facturaron de u$s1500 M (3,25 millones de toneladas) con u$s455 aportados por la soja, y el mercado de las semillas donde se invirtieron u$s870 M de los cuales u$s570 estuvieron asociados a la oleaginosa.

El trabajo pone de manifiesto también que el crecimiento del agro en general y la soja en particular no sólo impactó en los niveles de ventas y producción sino que también constituye una importante fuente de generación de empleo. Por caso, señala que anualmente se transfieren recursos a los trabajadores por al menos u$s2.600 M, de los cuales u$s1.400 M corresponden a la soja.

Por último, el presidente del Centro de Corredores insistió con la importancia de contar con mercados concentradores en el sector agropecuario ya que no sólo es el precio surgido de una transacción en el mercado granario lo que está en juego, sino que es el desarrollo de una cadena y una compleja red de actividades conexas que dependen de los precios como instrumentos de asignación de recursos y, en última instancia, de distribución del ingreso.

Resumen

• El cultivo de soja ha revolucionado al campo argentino, permitiendo el desarrollo de un complejo agroindustrial de escala global con elevado potencial de crecimiento. Su rápido despegue ha renovado el protagonismo del país como jugador decisivo en el comercio mundial de productos primarios y, fundamentalmente, de manufacturas de origen agropecuario.

• Este proceso, ha puesto en relieve la necesidad de un desarrollo coherente de los mercados institucionales locales que genere valor para cada uno de los actores de la cadena y se constituya en un propulsor del sector. Precisamente, uno de los valores centrales de los mercados concentradores es el descubrimiento de precios representativos y transparentes.

• No sólo ha aumentado muy significativamente el valor de producción del agro sino que son cada vez más las actividades que dependen directa e indirectamente de la performance de los principales cultivos del país y de su valorización económica.

• Es por ello que el valor económico y social del mercado excede por mucho la mera asignación de un precio a una operación granaría. El precio es el mecanismo a través del cual se asigna y distribuye el ingreso dentro de la cadena. Pero a partir de esta distribución primaria se capilarizan lo ingresos a los restantes sectores, directa o indirectamente relacionados.

• El objetivo del estudio es, precisamente, medir el valor económico de algunas actividades directamente relacionadas con el agro y, más particularmente, la soja para alertar respecto de la creciente importancia de los mercados institucionales en la distribución de la riqueza generada por el sector.

• Es claro que contar con mercados institucionales desarrollados que provean información representativa de las condiciones de oferta y demanda es un valor social. Sin embargo, cada vez es menor el volumen de mercadería que al llegar a las Bolsas y Mercados interviene en el proceso de descubrimiento del precio.

• “Descubrir” un precio es llegar al precio justo, producto de la puja de toda la oferta con toda la demanda. Registrar contratos no necesariamente significa haber intervenido en la puja entre oferentes y demandantes. Participar de la puja es canalizar el volumen al recinto de las Bolsas.

• Teniendo en cuenta que el liderazgo en la producción y exportación mundial de soja y subproductos ha pasado del Hemisferio Norte al Hemisferio Sur, es cada vez mayor la necesidad de contar con una Bolsa de Comercio de gravitación. Hace 20 años los Estados Unidos eran el principal oferente de soja y la suma de la producción del MERCOSUR no era preponderante. Actualmente, Sudamérica produce más soja que EE.UU. por lo que los precios de la región vuelven a ser de interés para los mercados internacionales.

• Estos cambios ameritan y exigen que la formación de los precios sea realizada con la mayor eficiencia, en particular cuando los precios que se descubren en la Bolsa de Chicago u otros mercados internacionales guardan cada vez menos correlación con los precios regionales. Es por ello que contar con mercados locales genera un valor creciente, no sólo para la Argentina sino también para la región y el mundo.

• La soja es el principal cultivo de la Argentina. Su cosecha representa más de la mitad de la producción agrícola y sus exportaciones (en la forma de grano, aceite y derivados) sumarán más de US$ 23.500 millones, valor que equivale a un tercio de las exportaciones totales. De esta forma, constituye el principal bloque de exportación y, por ende, fuente decisiva de divisas.

• El valor de la producción de soja (US$ 26.400 M) es 5 veces mayor que hace 10 años y casi el doble del valor de la producción de Maíz, Trigo, Girasol y Sorgo sumado.

• En este marco de rápida revaluación de la producción del agro y, más precisamente, de la soja es que cobran creciente gravitación los precios que se negocian en los recintos bursátiles y se constituyen en una señal y en un instrumento de reasignación de recursos, no sólo para la cadena sino también para la economía en su conjunto.

• Cada punto de variación en el precio genera una reasignación de US$ 264 millones entre actores de la cadena comercial, desde productores a exportadores. En otros términos es riqueza que cambia de manos y que, por lo tanto, condiciona el desarrollo de una multiplicidad de sectores.

• La compra de maquinaria agrícola, agroquímicos, fertilizantes y hasta el desarrollo del mercado inmobiliario en algunas regiones clave del país depende de esta asignación de recursos. Mayor ingreso para el productor, por ejemplo, significa más compras de insumos, más inversiones en maquinaria y, por ende, más empleo.

• El mercado de maquinaria se ha transformado en uno de los principales receptores de los recursos que moviliza el sector agrícola. Durante 2010 se alcanzó un récord de venta de maquinaria agrícola con una facturación total cercana a US$ 1.380 millones, de los cuáles al menos US$ 520 millones están asociados al cultivo de la soja.

• La facturación de los principales agroquímicos fitosanitarios alcanzó US$ 1.676 millones en 2010. El registro se ubica sólo 6% por debajo del récord de 2008 (US$ 1.777 M). Del total facturado el año pasado se estima que alrededor de US$ 550 millones corresponden a la soja, lo que sigue poniendo en relieve la gravitación del cultivo en la demanda de insumos.

• Por la recuperación de la superficie sembrada con trigo y maíz, y una mayor dosis de aplicación en soja, el mercado de fertilizantes para el campo finalizó 2010 con un crecimiento aproximado de 25% en volumen y una facturación adicional respecto de 2009 de aproximadamente US$ 300 millones.

• En 2010 el consumo de fertilizantes totalizó 3,25 millones de toneladas por un valor de US$ 1500 millones. Se estima que alrededor de 30% o US$ 455 millones corresponden a la soja.

• Considerando sólo el consumo de gasoil en labores de labranza, implantación, defensa y cosecha de los principales cultivos; transporte o flete corto y secado de granos es posible estimar que en la campaña 2009/2010 se utilizaron 1.268 millones de litros. Considerando un precio promedio para el gasoil en el mercado interno de US$ 0,87 para el año 2010, surge que el agro destinó casi US$ 1.300 millones a la compra de combustibles.

• De este total se estima que US$ 711 (57% del total consumido) están asociados directa o indirectamente al cultivo, acondicionamiento y transporte del la soja.

• Otro insumo básico son las semillas. El mercado de semillas argentino es el segundo en importancia en Latinoamérica, siendo, la industria de semillas el pilar tecnológico básico en el que descansa toda la cadena agroindustrial argentina. Se estima que en 2010 se invirtieron alrededor de US$ 870 millones de los cuales US$ 570 corresponden a la soja.

• Considerando el cultivo, la producción de semillas, los servicios agrícolas, el aceite y subproductos, la molienda, los fertilizantes y agroquímicos, la producción de maquinaria, repuestos y complementos y el transporte de carga el agro es una importante fuente de empleo.

• De la integración de todas estas actividades surge que emplea en forma directa e indirecta a más de 165.000 personas en relación de dependencia, con un salario anual aproximado de US$ 15.8000. En consecuencia, sólo considerando la masa salarial en “Blanco” el agro transfiere recursos a los trabajadores por al menos US$ 2.600 millones, de los cuáles US$ 1.400 corresponden a la soja.

• La magnitud de las cifras involucradas evidentemente amerita un mayor compromiso para lograr una asignación eficiente y justa de los recursos a través de precios representativos y transparentes.

• Porque no sólo es el precio surgido de una mera transacción en el mercado granario lo que está en juego. Es el desarrollo de una cadena y una compleja red de actividades conexas que dependen de los precios como instrumentos de asignación de recursos y, en última instancia, de distribución del ingreso.

• El análisis realizado permite concluir que los mercados formales están perdiendo gravitación precisamente cuando mayor sería el valor social de contar con instituciones robustas.