Un nuevo análisis político de los doctores Vicente Massot y Agustín Monteverde pretende dar una lectura sobre lo que dejaron las elecciones en Santa Fe el pasado domingo 24 de julio. En su informe, ponen al descubierto “algo que ya había anticipado la Capital Federal: la volatilidad de las preferencias ciudadanas, trasparentadas en su forma de votar”.

En junio del 2009 el susto que se pegó el PRO, cuando aparecieron, sin pedir permiso, los sufragios a favor de Pino Solanas —amenazando la hegemonía macrista en ese distrito— fue parecido al del frente radical-socialista que, en algún momento del pasado domingo a la noche, temió, seriamente, perder la gobernación a manos de Miguel Del Sel. Nadie pensaba hace dos años que el citado cineasta pudiese acercarse tanto a una Gabriela Michetti con capacidad para ganar sin despeinarse. Nadie supuso tampoco que el cómico del trío Midachi hiciese tambalear el dominio del así llamado Frente Progresista.

Dos años después de aquellos comicios, Solanas acaba de hacer un papel del todo deslucido en la capital. Las voluntades que entonces había conquistado ahora fugaron hacia Filmus y —aunque parezca mentira— hacia Macri. En la encuesta que acaba de publicar Poliarquía, 42 % del electorado de Pino dice que se inclinará el próximo 31 por el candidato kirchnerista, mientras un nada desdeñable 38 % respaldará al lord mayor de la ciudad. Si alguien quisiera explicar el fenómeno en términos ideológicos, perdería el tiempo.

En Santa Fe ocurrieron varias cosas dignas de tenerse en cuenta. Ganó Bonfatti raspando, lo cual —en cierta forma— suscita no pocos interrogantes respecto de la dimensión de su triunfo; robó la candidata del Frente Progresista en la elección para elegir al intendente rosarino; se impuso, sin problemas, María Eugenia Bielsa, referente del kirchnerismo en la provincia.

La sorpresa mayor resultó Del Sel que juntó el voto de la principal zona sojera de la provincia, el de buena parte de las clases más necesitadas y un porcentaje interesante de sectores medio y altos. El principal derrotado fue, obviamente, Agustín Rossi. En resumen: hubo un corte de boletas sorprendente que demuestra hasta dónde nadie tiene asegurado un porcentaje duro de votos.

Que Bonfatti saldría primero lo decían todos, sin excepción y, sin embargo, estuvo a punto de perder. Que el recién llegado desde las tablas del espectáculo al mundo de la política haría un papel más que digno lo descontaban hasta los encuestadores a sueldo de la Casa Rosada. Sí, pero que quedase a 3 puntos del socialista no estaba en los planes de ninguno.

Rossi, por su parte, pelearía —al menos en teoría— con el PRO el segundo puesto. Pues bien, no hubo tal cosa. Hizo una elección para el olvido tanto más contrastante si se la coteja con la de la diputada Bielsa.
Sobre lo ocurrido en Santa Fe han comenzado a tejerse un sin fin de conjeturas. Osadas algunas, probables otras y disparatadas las restantes. Se ha especulado con la presidencia de Macri en 2015; la gobernación de Del Sel o Bielsa dentro de cuatro años; la aparición providencial de Reutemann a último momento y las dificultades que se le presentarán a Cristina Fernández.

Seamos sinceros. Macri, es cierto, acertó al pensar que Del Sel podía resultar una figura atrayente. Al mismo tiempo demostró que le falta la dosis de audacia que se requiere para llegar a la Casa Rosada. Deberá cambiar mucho si realmente ése es su afán. En cambio, tanto Del Sel como Bielsa, de persistir en el camino que vienen recorriendo, tienen por delante un futuro incierto pero con enormes posibilidades. Reutemann representa un misterio dentro de un acertijo.

Es ridículo suponer que, en virtud de su irrupción casi fantasmal, a días de los comicios, la tribu que pensaba votar a Rossi cambió de parecer y en el cuarto oscuro optó por el cómico de Midachi.

En realidad, no hubo tal drenaje. La parte del peronismo santafecino que hubiera respaldado al ex-corredor de Fórmula 1, si éste no hubiese defeccionado como lo hizo, había decidido con antelación rechazar a un kirchnerista puro y duro, que no satisfacía sus expectativas.

Lo más importante es discernir qué le dejan a Cristina Fernández y al arco opositor los resultados de la provincia litoraleña. Como era de esperar la presidente, que no puso empeño ninguno en respaldar ni a Filmus ni a Rossi y que, en su última visita a Santa Fe, hizo todo lo posible por malquistarse con quienes la escucharon perorar desde el palco, ha tratado de no ser rozada por tamañas derrotas. ¿Lo ha conseguido?

El clima que se ha gestado, en consonancia con los reveses del Frente para la Victoria en la Capital Federal y Santa Fe, y las seguras derrotas que cosechará el 31 de julio y el 7 de agosto, de nuevo en la Capital y en Córdoba, no es el mejor para el oficialismo nacional.

Con todo, los climas no definen una elección o —cuando menos— no lo hacen necesariamente. Si antes se mencionó el asombroso porcentaje de votantes de Pino Solanas que optará por Macri, se sorprendería más de uno si hiciese un sondeo similar preguntándole a los votantes del PRO a quién premiarán en octubre. Lo mismo vale para quienes eligieron en Santa Fe a Del Sel. Por ahora el comando de campaña kirchnerista se regodea con el porcentaje de adhesión a la presidente que, según aseguran sus valedores, pasa el 50 % en la provincia de Buenos Aires.

¿Qué decir de los opositores? Por de pronto no hay forma de saber, a ciencia cierta, quien es el dueño de los votos de Del Sel. ¿Son de él, de Reutemann, de Macri, de ninguno en particular o de todos en cierta medida? Los analistas arriesgan opiniones, pero no existen certezas de cómo responderá ese 35 % de santafecinos en octubre.

Además ha quedado en claro que difícilmente después del censo —o, si se quiere, de la encuesta, pues eso va a resultar— del 14 de agosto, alguno de los opugnadores de Cristina Fernández se baje de su candidatura. Eduardo Duhalde —que parecía el más preocupado al respecto— abandonó rápidamente la idea del renunciamiento y ha echado a rodar otra, seguramente más realista. Para él, de manera natural la voluntad de los votantes antikirchneristas decantará hacia el presidenciable opositor mejor posicionado en agosto. Si hubiese un claro ganador ese día en la disputa que al margen de la viuda de Kirchner entablarán sus adversarios, el escenario planteado por Duhalde es razonable. ¿Pero qué sucedería si entre él y Alfonsín hubiera un virtual empate? Todavía nadie se anima a responder a tamaño interrogante, posiblemente porque nadie que se incluya dentro de la Argentina antikirchnerista desea escuchar la respuesta.

Tampoco puede descartarse que una medida cautelar de la siempre ubicua jueza Servini de Cubría suspenda, a último momento, los comicios del 14. El principal beneficiado sería el gobierno; el principal perjudicado, obviamente, el arco opositor.