“Las encuestas serias —que son las menos en un país tan corrupto como el nuestro—anticipan el triunfo, en los tres comicios adelantados más significativos de este año, de Mauricio Macri, en la Capital Federal; de Antonio Bonfatti, en la provincia de Santa Fe, y de José Manuel de la Sota, en Córdoba”. Dichas palabras se desprenden de un nuevo análisis político y económico de los doctores Vicente Massot y Agustín Monteverde, los cuales se basan en encuestas realizadas que muestran que el Jefe del Gobierno Autónomo de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, retendría el cargo ganado hace cuatro años, precisamente a expensas de Daniel Filmus. Mientras que en el litoral, Hermes Binner, continuaría con la administración por el Frente Progresista que une a socialistas y radicales.

En cuanto a De la Sota, los analistas creen que “no modificará las líneas directrices trazadas por Juan Schiaretti que, en su momento, recibiera de aquél la batuta para dirigir y acrecentar la hegemonía justicialista en Córdoba. Tampoco las relaciones con la presidente tendrían otro tono diferente del actual”. “Es difícil imaginar que Cristina Fernández pueda dar de lado su encono bíblico respecto de Macri para tejer unos acuerdos que pusieran fin a las peleas, ya eternas, entre ambos”, reza el informe.

En cuanto a De la Sota, Massot y Monteverde enunciaron que toda comunicación está cortada con la viuda de Kirchner. “Es que el cordobés fue el único —seguido ahora por el pampeano Carlos Verna— que se animó a ponerle límites a la pretensión de la señora de confeccionar las listas de diputados y senadores nacionales y, a la vez, de tener voz y voto en la designación de los candidatos a vicegobernadores”, manifestaron.

Perder a manos del PRO, del socialismo y de la UCR, y del peronismo disidente en tres de los cuatro distritos electorales más importantes del país que resultan, al mismo tiempo, los estados de mayor peso demográfico y económico —después de la provincia de Buenos Aires— podría resultar preocupante —o si se quiere, catastrófico— si esas eventuales victorias del arco opositor anticipasen la suerte que correrá el Frente para la Victoria en los comicios presidenciales de octubre. Pero el análisis que corresponde hacer no es lineal.

Dicho de manera distinta: Macri, Bonfatti y De la Sota pueden ganar sus respectivas pulseadas, en las próximas semanas, sin que ello signifique, necesariamente, que Cristina Fernández pierda en esos lugares dentro de cien días.

Aun cuando a muchos les parezca curioso o incomprensible, si no sólo se votase en la ciudad capital sino en el resto de la geografía nacional, y se eligiese también al presidente, casi con seguridad la presidente ganaría cómodamente entre los porteños, pelearía bien arriba con Binner en Santa Fé y no haría mal papel en Córdoba.
Esto sí constituye un escenario diferente al del 2007 donde la sucesora de Néstor Kirchner no pudo salir airosa en la ciudad de Buenos Aires —frente a Elisa Carrió— ni tampoco en Córdoba —frente a Roberto Lavagna.

“Hoy, lleva una ventaja la Reina del Plata de más de veinte puntos sobre sus inmediatos seguidores, Eduardo Duhalde y Ricardo Alfonsín; empata Santa Fe con Binner y pelea los primeros puestos en el distrito mediterráneo. Claro que, de aquí a octubre, pueden cambiar muchas cosas y, por tanto, variar sensiblemente la intención de voto de los porteños, santafecinos y cordobeses”, declararon en su informe.

La pregunta, pues, de qué tanto podría cambiar el escenario de octubre en el supuesto de que el gobierno nacional cosechase, una detrás de otra, tres sonoras derrotas en las provincias mencionadas, no sólo es engañosa sino que, en rigor, no tiene una respuesta cierta. No sería de extrañar que el oficialismo saliese perdedor en las gobernaciones en disputa y, sin embargo, ganase en octubre.

¿Por cuáles razones? En principio porque no todos los votantes de Macri, Del Sel y De la Sota, por ejemplo, se hallan en las antípodas ideológicas de Cristina Fernández. La idea de que hay una correspondencia estricta entre voto municipal, provincial y nacional no resiste el análisis empírico.

De acuerdo a Massot y Monteverde, “no es el resultado de los comicios analizados lo que más le preocupa al comando kirchnerista, sino los riesgos derivados de episodios como el protagonizado por los Schoklender y las Madres de Plaza de Mayo. En la Casa Rosada piensan, con algún fundamento, que —salvo imponderables— el frente económico seguirá sólido y puede representar la carta de triunfo para octubre. No vislumbran en el horizonte obstáculos insalvables, y resulta tal la subestimación de Ricardo Alfonsín y Eduardo Duhalde que nada temen de esas variantes opositoras”.

Y concluyen: “¿Cuál es, a esta altura, su principal inquietud? Que una desvergüenza de proporciones, nacida de su propio vientre, pueda jugarle en contra en una eventual segunda vuelta. Conscientes de la falta de transparencia que los ha caracterizado, no descartan peligros por este flanco. Ello explica el blindaje judicial montado a favor de Hebe de Bonafini y de Hugo Moyano, al que Cristina Fernández quiere lejos de su entorno pero a cubierto de cualquier escándalo”.