Vemos con sorpresa que el Ministro Domínguez, responsable del manipuleo e intervencionismo más calamitoso del comercio agrícola local, se opone en la Cumbre del G20 al control propuesto por otros países para amortiguar los fuertes vaivenes de los precios de los alimentos.
Actualmente mientras muchos agricultores extranjeros reciben subsidios, a nosotros nos cargan con retenciones y “algo más”, un algo más que hace que el trigo no se pueda vender, que el maíz tenga quitas del 40%, y que el algodón entre en la misma encrucijada.
Es muy cierto que el hambre en el mundo no es consecuencia de los precios agrícolas, sino de una injusta distribución de la riqueza. Basta ver lo que ocurre en nuestro país. Pese a los discursos populistas que dicen lo contrario tenemos precios bajos y hambre alto, justo como lo explica el Ministro.
Alabó también nuestro sistema de siembra directa, por ser sustentable y conservacionista, sólo que olvidó decir que estas prácticas las llevamos adelante los productores argentinos pese a su gestión, y no gracias a ella, ya que se pregonan muchas cosas pero en el fondo, lo único que quiere el gobierno nacional es que sembremos más soja para tener más plata de las retenciones.