Cuando una cadena agroalimentaria es débil, esta desacoplada y no interactúa entre los propios participantes, no debería sorprendernos que permanentemente tenga algún eslabón transitando problemas serios de rentabilidad.

Desde 2006 hasta fines de 2009 la producción primaria vivió una situación terminal, con millones de vacas muertas o malvendidas.

El criador agobiado en un negocio que parecía no tener salida, el invernador dedicándose a otra cosa, el feedlotero viviendo del estado, el frigorífico tranquilo con la faena a tope, el matarife con un negocio difícil pisado por corralito de los frigoríficos y el carnicero creciendo en ventas y clientes, contento. El consumidor estaba gordito sin sospechar tal vez lo que le esperaba en el futuro.

Nadie hizo nada por el eslabón primario, por lo bajo decían “pobres productores” pero cuando había que sentarse con “Guille” se disputaban a ver quien tenía más honda con el nefasto funcionario para dejarlo contento a cambio de mantener el negocio como estaba.

Ningún protagonista de la red cárnica, no siendo los representantes gremiales de la producción y un gremio de trabajados de la carne que ya estaba sufriendo por la falta de exportaciones, se anticipó a lo que sucedería unos años más tarde con semejante nivel de liquidación y pérdida de mercados externos.

En 2010 la historia empezó a cambiar de rumbo, y el daño asestado a la producción empezó a explotar en la mano de los ex beneficiarios del modelo.

La falta de oferta de hacienda pasó a ser el gran problema y los efectos inmediatos fueron el importante aumento del precio del gordo seguido de una mejora aun mayor del valor de ternero.

Frente a esta modificación en las relaciones de precio el gobierno no dudó en suspender las compensaciones a feedlots, y acentuó la restricción de exportaciones sin entender que esa demanda ya no estaba atendida hace varios años, así que el intento de sobreofertar el mercado interno para bajar precios dejó de tener el efecto experimentado durante los años anteriores.

En este nuevo escenario lo mayores perjudicados fueron los frigoríficos y como siempre en este modelo nacional y popular: los consumidores.

Los feedlots se acomodaron como pudieron, aunque disminuyeron el volumen de encierre ajustando el negocio de acuerdo a la flexibilidad que cada uno tenía. Los matarifes mejoraron su posición frente a los frigoríficos y pudieron terminar con el acuerdo corporativo que había surgido entre estos últimos. Las carnicerías vieron como caían fuerte las ventas pero no resignaron en la misma medida los márgenes, buscando recuperarse con la venta de cerdo y pollo.

Hoy encontramos la industria faenadora trabajando en muchos casos por debajo del volumen mínimo necesario para pagar los gastos que implican tener operativas las plantas. Esto hace que algunas, cada vez más, estén dispuestas a comprar la hacienda más cara de lo que pueden vender el producto sólo para solventar los gastos operativos y mantener la fábrica funcionando, esperando tiempos mejores….

Una parte de la industria frigorífica se financia por adelantado con la venta de los cueros, cebo, vísceras y otros subproductos que representan entre el 10 y el 15% del valor de la res colgada al gancho. Entonces si un frigorífico ya cobró los cueros (estos son el 70% del valor de recupero) por una cantidad determinada, no puede darse el lujo de faenar menos animales que los ya comprometidos, y si es necesario paga por encima del precio de venta para cumplir con “el financista”.

En los casos de grupos de frigoríficos que tienen más de una fábrica han concentrado la faena y cerrado algunas de ellas provocando un grave problema de gente que quedó sin trabajo. Se calculan entre 5.000 y 10.000 operarios afectados entre suspensiones, cesanteados y despidos directos. Algunos de ellos cuentan con un subsidio del estado que no representa ni el 50% de lo que cobraban en actividad, que encima se devalúa mes a mes por la inflación.

Volviendo al concepto teórico de “cadena de la carne”, el efecto negativo de esta situación industrial hacia el lado de la producción podría darse a partir de algunas empresas que eventualmente tuviesen dificultades para cumplir con sus obligaciones de pago. Este conflicto al momento no se ha producido, por lo menos no sucede en forma masiva gracias a la buena situación de liquidez y capital que traían la mayoría de estos operadores de años anteriores.

El desafío para la cadena en su totalidad es no caer en el mismo error de pensar que el mal del otro no afecta, e incluso beneficia al propio sector. Este es un comportamiento que además de ser éticamente inaceptable, se transforma en inválido del momento que imaginamos el futuro de la ganadería con la industria frigorífica fundida.

Casi todos tenemos claro que el camino que se debe recorrer es el de aumentar de la producción, vía recuperación del stock de madres y mejoramiento de los índices de eficiencia. Esto mejoraría la performance de la faena, la oferta para el mercado interno y la obtención de altos valores por el lado de la exportación.

Para eso falta la decisión política que baje la línea a organismos públicos y privados que deberían liderar este proceso de recuperación, aunque hoy lamentablemente no existen para este tipo de funciones.

Precios

Con respecto al mercado, sobre fines de junio se empieza a notar que queda poca invernada a la venta en la región pampeana, algo más en el NEA y NOA pero no por mucho tiempo. Los feedlots han recuperado bastante la ocupación, oferta que se verá en la carnicería recién entre agosto y octubre. También se observa menor oferta de novillos de más de 420 kg que fueron los más castigados en su precio durante mayo y junio, incluido el de exportación. La vaca también salió de un pozo de precios que estaba dado por la importante oferta estacional.

Con este panorama se esperan algunas mejoras en los precios, lideradas por la recuperación del novillo y la vaca, pero también podrían darse en el consumo liviano aunque esta categoría no se ha visto demasiado afectada en la baja durante el otoño.
Una amenaza para la suba de la hacienda es la baja en el precio del cuero que está golpeando los valores obtenidos por recupero de faena y afecta directamente el margen de los operadores.

La otra seria cierta incertidumbre sobre el volumen de ventas que podrían concentrarse a raíz de la invernada ingresada a los corrales durante abril y mayo, si bien con la actual relación de precios y costos de alimentación y hotelería los planteos son mucho más flexibles en tiempos de encierre que lo que eran en 2008/2009.

Como siempre decimos, los consumidores van aceptando de a poco los incrementos en el precio, aunque sin mejorar el consumo mensual que se encuentra estancado entre 48 y 52 kg/hab/año, un 30% debajo del promedio que se experimento poco tiempo atrás.