Francia asume este año la presidencia del Grupo de los Veinte (G-20) y Nicolás Sarkozy eligió como prioridad reforzar la seguridad alimentaria en los países golpeados por el hambre. Recuerdo que en el año 2007, después de una fuerte suba del precio de los granos, estallaron en varias zonas de África disturbios sociales por el encarecimiento abrupto de alimentos básicos, mayormente importados, como el trigo. Por otro lado, Argentina y Francia se destacan en el G-20 por gozar de territorios privilegiados para producir alimentos en cantidad y calidad.

El ministro de Agricultura francés, Bruno Le Maire, hizo una gira mundial para discutir medidas que podrían evitar futuras crisis alimentarias. En menos de un año, viajó a decenas de países. Si Brasil lo logró en una década con su plan Hambre Cero, ¿por qué no intentarlo a escala mundial?

Al principio, Le Maire insistió en regular los mercados agrícolas. Fue malinterpretado. Cuando fue a Buenos Aires, en Abril pasado, Le Maire le aseguró a su par Argentino, Julián Domínguez, que no quería en absoluto ponerle un techo a los precios. Cristina Fernández podía quedarse tranquila... Desde que volvió de sus viajes a Sudamérica, Asia y África, Le Maire cambió el foco de la problemática :

Su propuesta hoy es: 1-Relanzar la inversión en la agricultura; 2-Fomentar la autonomía alimentaria de los países expuestos a hambrunas; 3-Transparentar el mercado físico; 4-Regular los mercados financieros agrícolas en el sentido anglo-sajón de la palabra, es decir, identificar a sus operadores y limitar su participación individual, como ya se hace en el mercado de granos de Chicago.

¿Cuál es la postura del gobierno Argentino? Al principio, como dije, se ofuscó a través del ministro Amado Boudou: ¿Uds. Europeos pretenden limitar el precio de los productos que nosotros exportamos? ¿Quieren limitar nuestro desarrollo económico?. Ni loco, dijo en substancia. Ahí, metió la pata:

Argentina es el único país del mundo donde los productores de cereales cobran por ellos precios muy por debajo de su nivel internacional, eso por voluntad política. No significa que estén mal económicamente. Significa que no siembran tanta superficie como podrían hacerlo con precios no pisados por el doble sistema de derechos de exportación y cuotas de exportacion de cereales.

¿Tan diferentes serán los chacareros Pampeanos de los campesinos franceses y los farmers del Corn-Belt? Estuve mirándolos de cerca para ver si no tenían tres ojos o alguna mirada pérfida que justificaría semejante trato fiscal. Pero como en Francia, tienen dos, son mayormente grandes, cultos y apasionados por la actividad. Dirán que aquí hay empresas que siembran más de diez mil hectáreas cada una. ¿Y? No cultivan en su conjunto más del 5% del área agrícola nacional. E incluso la reina de Inglaterra cobra subsidios de la UE para producir granos en sus propiedades...

En Europa, los cerealeros cobran unos 300 euros por hectárea en subsidios. Aquí, es al revés: son los productores los que subsidian al Estado. Le dejan unos 500 euros por hectárea cuando siembran soja, 50 al cultivar un maíz y 50 al hacer un trigo.
La atribución a cuentagotas de los Registros de Operaciones de Exportación (ROE) también le quita al productor parte del valor de sus granos, en este caso no al beneficio del Estado, sino al de los industriales de la carne y exportadores.

¿Cómo bancar esta quita de 50 dólares por tonelada de maíz o trigo a unos ciento cincuenta mil Argentinos radicados por todo el país para dárselos, firma mediante, a un puñado de empresas? Segunda pregunta : ¿Qué harían con un maíz y un trigo al precio internacional? Sembrarían más. Tal vez un millón de hectáreas más por cada cultivo. De acuerdo a los rindes históricos, sacarían unas cinco millones de toneladas (Mt) de maíz más y tres de trigo. Mucha comida para muchas personas.

Faltará por una cuestión política, no por escasez de lluvia. Los Africanos importadores de cereales son víctimas del sistema argentino, pues éste desincentiva la siembra de cereales. No sería un problema si el país no fuese casi el único en el mundo capaz de proveer tantos excedentes en tan poco tiempo. Si al menos este sistema, parte del intento de controlar los precios de alimentos en el mercado interno, hubiera traído resultados masivos después de cinco años de vigencia, se entendería mejor. Sólo me explico la permanencia de los ROEs con el poder de unos pocos y el desconocimiento y/o indiferencia de muchos.

¡A qué costo!

Escuché dos frases alentadoras últimamente. El gerente de una cooperativa me dijo que no veía el sistema de Moreno funcionar sin Moreno. La frase cobra importancia desde que el interesado anunció su renuncia para Diciembre. La segunda es del secretario de Agricultura, Lorenzo Basso. Me dijo que los ROEs tienen que desaparecer. Tendrían que desaparecer.