Con el presente artículo pretendo motivar la discusión e invitar a la reflexión sobre el actual concepto de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) o Responsabilidad Social de la Empresa (RSE), tan de moda en estos últimos tiempos.

Sin ánimo de ser excesivamente teórico en mi planteo, considero, sin embargo, que la delimitación de los conceptos es una tarea primordial antes de iniciar cualquier discusión sobre el tema. Para demostrar esta afirmación basta ver el debate al que asistimos en estos momentos en España sobre el tan controvertido (al menos para algunos) concepto de “Nación”

La empresa como bien social

En primer lugar debemos aclarar que la empresa, en sí misma y desde su creación, es un importante bien social. El filósofo y escritor norteamericano, Michael Novak, da para ello cuatro razones básicas: Porque crea trabajo; Porque aporta bienes y servicios necesarios para la sociedad; Porque a través de sus ganancias aumenta el bienestar de la sociedad y, por último, pero no por ello menos importante, porque es un instrumento social privado, independiente del Estado, para el sostén moral y material de otras actividades de la sociedad civil.[1]

En la actualidad, las grandes empresas parecen enfrentarse a dos objetivos aparentemente contradictorios: satisfacer las expectativas de los accionistas y otros inversores (“shareholders”) de aumentar sus ganancias y, al mismo tiempo, la demanda cada vez mayor de intereses de otros grupos de personas o sectores sociales vinculados de algún modo con la empresa como los empleados, consumidores, proveedores, administraciones públicas y otros agentes sociales (“stakeholders”).

Para salvar esta aparente contradicción o “trampa dialéctica”, hay que tener en cuenta que la acción empresarial, rectamente considerada, lleva, básicamente, a tres grandes tipos de resultados:

a) resultados materiales (beneficios, crecimiento, aumento de la participación en la cuota de mercado, información y experiencia objetiva acumulada (conocimiento), etc.);

b) satisfacción de quienes intervienen en la actividad empresarial (clientes, accionistas, trabajadores, proveedores, comunidad local, etc.) y

c) desarrollo de las capacidades del personal (directivos, empleados y, en algunos casos, también de clientes o consumidores actuales y potenciales)[2].

Partiendo de esta base podremos ver cómo muchas de las actividades que se consideran objeto de la responsabilidad social de la empresa son perfectamente congruentes con el principio de la máxima rentabilidad, considerando a ésta desde una perspectiva amplia y al largo plazo, es decir, sostenible en el tiempo.

No obstante, conviene siempre recordar que el modo propio y específico que las empresas tienen para cumplir su “función social” es protegiendo a todos sus accionistas y facilitando el ejercicio pleno de sus derechos, pues ellos son los verdaderos propietarios y a ante quienes la empresa, en primer lugar, debe rendir cuentas. Si así no fuera, se estaría minusvalorando el derecho de propiedad, en el que se basa un auténtico sistema de libre mercado.

Los riesgos en torno al concepto de RSC

El primer riesgo es creer que la RSC es algo nuevo. Desde el punto de vista histórico, la responsabilidad social de las empresas ya ha sido motivo de profundo estudio y análisis. La misma Doctrina Social de la Iglesia viene pronunciándose sobre la responsabilidad social de las empresa o, más bien, de los empresarios, ya desde hace más de un siglo. A partir de los años sesenta aproximadamente, numerosos economistas, académicos y expertos en organización y dirección empresarial como Drucker, Simon, Ackerman, por sólo citar algunos, comenzaron también a advertir sobre el error de concebir a la empresa como una organización cuyo fin primario y exclusivo sea la maximización del valor de las acciones (visión financiera) o como un mero sistema de concatenación de contratos destinada a la producción de bienes y servicios (visión contractualista). Todos ellos coinciden en ver y entender a la empresa, más bien, como una auténtica comunidad de personas con un interés común. Desde esta perspectiva, las personas pasan a ser el centro y el eje de la organización.

RSC y libre mercado

Desde un punto de vista más filosófico, el riesgo del concepto de RSC actualmente vigente consiste en confundir la auténtica filosofía liberal, entendiendo por ella la iniciada por Adam Smith y continuada luego por filósofos y economistas como F.A Hayek o L. V. Mises, que nunca han descartado de sus postulados a la ética y la responsabilidad social que le cabe a las empresas (cabe recordar que Adam Smith era profesor de moral y que su obra clásica: “La Causa y Naturaleza de las Riquezas de las Naciones” tiene su punto de partida en una suya anterior titulada : “La Teoría de los Sentimientos Morales”) con ciertas y determinadas políticas y prácticas económicas llevadas a cabo, particularmente, a partir de los años ochenta, y que han venido de la mano de la gran liberalización del mercado financiero y de los programas de privatización y desregulación iniciados, principalmente, en el Reino Unido y continuados luego en EE. UU (programas luego aplicados a muchos países en desarrollo, especialmente latinoamericanos).

Pero extendernos sobre las raíces morales del pensamiento liberal excedería los límites de este trabajo. Aquí simplemente anotaremos que las críticas efectuadas a esta filosofía en cuanto a la ausencia de cualquier otra consideración que no sea estrictamente económica parten de una visión errónea de la misma, en ocasiones llamada “neoliberal”.

Responsabilidad social versus Responsabilidad Corporativa

En la actualidad, el concepto de “responsabilidad social corporativa” es utilizado, en muchas ocasiones, de forma partidista por determinados sectores del ámbito político, social y económico, sin un análisis de sus reales costos y beneficios y también de forma ideológica. En este último caso, se suele utilizar para atacar al sistema de libre mercado. Detrás de esta forma dialéctica de concebir a la empresa parece subyacer una cierta carga ideológica sólo explicable en el contexto histórico en el que se desarrolla el ya mencionado “Estado de Bienestar”

Estrictamente hablando, deberíamos decir que la responsabilidad sólo cabe o puede predicarse de los individuos, o más bien, de las personas. Tanto las personas físicas como las empresas son responsables de sus acciones hechas en un marco de libertad. Pero esas acciones individuales, a su vez, siempre tienen, en mayor o menor medida, una repercusión social. En este sentido cabe hablar de una responsabilidad social. En el caso de las empresas, la responsabilidad está en manos de sus administradores que deben responder, fundamental y primariamente, antes sus accionistas.

Todas las demás acciones que la empresa (léase, sus administradores) puede desarrollar, más allá de las exigidas por el marco legal y la encomendada por sus accionistas a través de sus estatutos, no son, estrictamente, de su responsabilidad (legal). Si las realiza es porque considera que aumenta su valor y su sostenibilidad, objetivo último de sus administradores y sobre ellas, también deberán rendir cuentas.

Volviendo ahora a la importancia de los conceptos, esta distinción entre lo que la empresa debe hacer por imperio de la ley y aquellas acciones que decide hacer de forma voluntaria (acciones a favor del medioambiente o del medio social) parece verse mejor reflejada en la lengua inglesa en los conceptos de accountability y responsability. El primero sólo exige rendir cuentas mientras que el segundo exige asumir una responsabilidad más allá de la estrictamente legal, de asunción plenamente voluntaria.

Por esta razón, a los empresarios y directivos de las empresas no sólo les cabe el cumplimiento estricto de la ley (responsabilidad primaria) sino asumir y utilizar todos los medios a su alcance para cumplir con su responsabilidad ante el entorno donde desarrolla sus actividades, tanto interno (con sus trabajadores) como externo (medioambiente y sociedad en general). Es precisamente en este ámbito donde el concepto de RSC cobra su verdadero sentido. Una empresa no es culpable de todo lo que sucede en su entorno, pero sí puede ser responsable – en distintos grados- de ello.

[1] Cfr. Michael Novak: “The Future of the Corporation”. American Enterprise Institute.Washington,D.C. 1996.

[2] Cfr. Domenec Melé. Documento de Investigación nº 327. IESE. Universidad de Navarra.

Fuente: CIIMA