Mientras los inspectores de la AFIP se pasean por estos días arriba de las cosechadoras para controlar los rindes de soja y registrar información de todo tipo, en el mundo comenzaron a sonar las primeras alarmas de una crisis alimentaria, como si los acontecimientos del primer semestre del 2008 se volvieran a repetir.

Durante la semana, el maíz en Chicago, contrato julio, superó el máximo logrado en el 2008 con 304, 61 dólares. De más está decir que los ánimos están caldeados por todas partes.

Aquí, los 3000 chacareros que están bajo la lupa de la AFIP, los que recibieron la carta con la requisitoria sobre el día y la hora de la cosecha, deberán practicar malabares para conciliar la amplia lista de requerimientos que solicitan los "sabuesos" fiscales con la cosecha, una operación logística que siempre es complicada.

Aunque los formatos son muy distintos, de visitas relámpago con tomas de datos de rendimiento muy puntuales de algunos de los lotes cosechados, a minuciosos operativos fiscales, la queja es una sola.

Hasta el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires se sumó y criticó la decisión de la agencia fiscal.

La presencia de los inspectores de la AFIP entre los camiones, tolvas y cosechadoras ya es la comidilla de la que se habla en muchos pueblos del interior con anecdotario incluido. Vale la observación: por estos días, se multiplicaron las tranqueras con candados.

Más allá de que ni los países vecinos ni las potencias agrícolas tengan la costumbre de mandar a sus inspectores fiscales en medio de una cosecha, cabe preguntarse si la movida de la AFIP en tiempos de fotografías satelitales y con controles cruzados a partir de la capacidad de procesamiento de las computadoras, además de ampuloso termina siendo efectivo.

Y todo esto, sin tener en cuenta el humor del chacarero al verse obligado a atender la requisitoria del agente fiscal, cuando el monitor de rinde de la cosechadora le está dando malas noticias.

Algo de esto sufren los productores cordobeses. Según la Bolsa de Cereales de Córdoba, con una superficie significativa ya cosechada, el impacto que tuvo la seca se traducirá en que la provincia cosechará 20.133.000 toneladas de soja y maíz cuando en la campaña pasada arrimó 22.463.000 toneladas.

El rinde provincial del maíz descenderá de los 73,6 quintales por hectárea del año pasado a los 63,7 quintales por hectárea con una caída del 13%.

¿Un mal precedente para el pronóstico oficial de una cosecha de 100 millones de toneladas?

El otro revuelo, pero esta vez a nivel mundial, son los interrogantes que comienzan a sumarse sobre las posibilidades concretas de satisfacer a la demanda alimentaria y energética de la humanidad.

De la última información suministrada por el USDA sobre la situación de los stocks y la intención de siembra surge una certeza preocupante. Estados Unidos, ni aun con una muy buena campaña por delante, la correspondiente a 2011/2012, logrará situarse en niveles de abastecimiento que lo alejen lo suficiente de los problemas que le pueden ocasionar los fenómenos meteorológicos o una demanda que siga con el pie puesto en el acelerador.

Esta semana, la administradora de fondos británica Hermes Fund Managers, con una cartera de 35.000 millones de dólares y 2000 millones de dólares en materias primas y energía, recomendó a sus inversionistas interesados en materias primas comprar maíz, vender gas natural y desconfiar del oro.

"El maíz es nuestra principal opción; la continua y significativa demanda de etanol para combustible, impulsada por los altos precios del crudo, impulsarían al maíz", afirman en la administradora.

Esta nueva situación de precios dispara una revisión del sistema de subsidios. ¿Se puede seguir ayudando con estos precios de los granos?

Durante el 2010, los granjeros recibieron 10.600 millones de dólares como pagos del gobierno norteamericano, de los cuales 5000 millones de dólares fueron pagos directos.

Es más que probable que el sistema de subsidios directos, que, de todas formas, expira en el 2012, termine cayendo víctima de la austeridad fiscal de la administración de Obama.

El desafío que el agro mundial tiene por delante para satisfacer la alimentación y parte de la energía de la humanidad parece por lo menos desproporcionado.

Claro: está la ciencia y su optimismo a toda prueba en los futuros aumentos de la productividad.

Pero repitámoslo una vez más: no será tarea sencilla bancar la demanda de una población que en el plazo de los próximos cuarenta años crecerá de los casi 7000 millones actuales a los 9000 millones de personas. Es decir, se agregará la población de dos Chinas y, además, con una dieta global que tendrá una mayor participación de las proteínas.

Por otra parte, la oferta energética esta sometida a una doble presión: crecer y cambiar la matriz para dejar de depender de los combustibles fósiles.

Sumemos a esta compleja situación que ningún análisis puede ser completo si no incorpora el factor ambiental.

"Estamos manejando un experimento no controlado en la única casa que tenemos", suelen expresar los ambientalistas preocupados en no superar las 560 partes por millón de dióxido de carbono, el doble de la concentración existente en el período anterior a la revolución industrial, que descontrolarían en forma violenta los patrones climáticos.

Los mensajes que emite un mundo en problemas para alimentarse son poderosas; la cuestión es que no basta con oírlas: hay que escucharlas.