Cuando las primeras ideas sobre Responsabilidad Social Empresaria (RSE) aparecieron en el hemisferio norte, y luego cuando éstas llegaron a nuestros países, mucho de lo que se asociaba a la RSE estaba ligado al concepto de algo que se reclamaba y suponía el compromiso de las grandes empresas. Era sobre éstas, a menudo las transnacionales más reconocidas, donde se centraron las primeras expectativas para conocer el modo y tamaño con que desarrollarían acciones en el ámbito comunitario, lo que luego se dio en llamar inversión social privada en temas de bien público.

Pasaron los años, el concepto de RSE evolucionó, mejoraron no sólo las prácticas, sino fundamentalmente la visión de integralidad ligada a la gestión con la que hoy definimos a la RSE. Eso trajo aparejado algunos efectos interesantes, unidos a un mismo protagonista: las Pymes. Ellas pueden y deben hacer RSE. Tanto si integran una cadena de valor, como si desarrollan actividades más independientes dentro del mercado en el que se desenvuelven. Y así fue haciéndose cada vez más visible la destacable labor de RSE de un actor social, económico y ambiental, que todos suponíamos que se gestionaba responsablemente en muchas de las dimensiones de lo que luego fueron los primeros Indicadores de RSE para Pymes; pero que desconocíamos en detalle la profundidad y la cuantía del valor generado en su accionar cotidiano.

Cuando como Instituto recorremos el país a lo largo y a lo ancho, promoviendo una gestión basada en la ética del cuidado (de los valores esenciales, del público interno, de los proveedores, del medioambiente para las generaciones futuras, de los clientes y consumidores, de la comunidad de la que somos parte, del gobierno y de la sociedad en la que queremos vivir nosotros y nuestros hijos) tenemos el privilegio y la oportunidad de hablar con los propietarios de muchas Pymes. Así, vamos terminando de formar una opinión propia sobre cómo el sector entiende el tema de la RSE. Y es que las Pymes, por su tamaño, por el tipo de relaciones que generan, por la inmediatez del proceso de decisión–aplicación–corrección–aprendizaje; son las que mejor demuestran el valor de la convicción personal de sus dueños y principales accionistas. Y no es que en las grandes, que desarrollan una RSE de calidad, no exista este componente esencial para hacer las cosas de otro modo, sino que en las Pymes esto se muestra de una manera tan sencilla como su tamaño y funcionamiento.

Vemos a menudo que cuando en una empresa familiar –por ejemplo- se convencen el padre, la madre y algunos de los hijos, ya está permeado todo el sistema de dirección de un modo tal, que incluso a veces antes de que llegue el día siguiente, ya se está transmitiendo “el espíritu” de lo que se quiere hacer de una manera diferente. Así, de una forma casi inmediata, se comienzan a evaluar de otra manera las decisiones que en el mismo momento se han de tomar. Lo propio ocurre con el modo en que se comunican éstas hacia adentro de la organización. Las barreras comunicacionales son muy bajas y por tanto, el “sentido” de los mensajes es mucho más fácil de percibir y entender. Con las dudas ocurre algo similar, el camino para preguntar y recibir una respuesta también es breve y directo.

Es por eso que creemos necesario detenernos a homenajear a esos cientos –por qué no miles- de grandes empresarios a cargo de compañías pequeñas, que a veces sin muchas más herramientas que el coraje, corren riesgos para crear enormes cantidades de valor económico, social, laboral y ambiental; algo que no siempre es fácil de medir, comunicar y destacar.

Desde este humilde espacio celebramos la existencia de estos dirigentes de empresas, que con su esfuerzo cotidiano por mantener las puertas abiertas, los delantales en uso y las máquinas funcionando pese a todas las contrariedades, todavía sostienen el valor de la palabra y del compromiso empeñado; el valor de lo simple; el valor de estar, nada más ni nada menos, que convencidos de que las cosas se deben hacer de una sola manera: bien.

Usted querido lector o lectora, y nosotros, sabemos muy bien de quienes estamos hablando. Es por eso que renovamos el compromiso desde el IARSE por seguir buscando y destacando estos protagonismos en la construcción de un mundo mejor, más justo y sustentable para todos. Pero le pedimos que mientras tanto, si Usted también los conoce y los ve, vaya dándoles un abrazo de aliento y reconózcales ese esfuerzo, que créame ¡no es fácil!

De paso invítelos a que se saquen una foto sobre su RSE, para que sepan cómo se llama aquello que hacen, tal vez, por una convicción natural o una ética heredada. Indíqueles que entren a www.iarse.org y se auto-apliquen los Indicadores de RSE para Pymes. Dígales que seguro se van a sorprender gratamente.

Por Luis Ulla
Director Ejecutivo del IARSE