A tres meses y días de la muerte del ex presidente Néstor Kirchner, y a ocho de las elecciones presidenciales, existe un 50% del universo electoral que no tiene definido su voto, repartiéndose entre 25 y 25% los que definitivamente la votarían y los que de ninguna manera lo harían.
Según el análisis político de los doctores Agustín Monteverde y Vicente Massot, el “peronismo federal que, conforme transcurren las semanas, se va deshilachando sin remedio, es el de peor pronóstico. Muerto el santacruceño y alejado de sus filas —por voluntad propia— Carlos Reutemann, los disidentes justicialistas sufrieron un impacto que dio de lleno en su línea de flotación”.
Si frente a la adversidad hubiesen conseguido apretar las filas –observan los analistas- renovar su compromiso de unidad y aguantar a pie firme el chubasco que les cayó encima sin aviso previo, hoy lucirían mejor. Como sucedió lo contrario, y la diáspora amenaza crecer, lo que queda es la voluntad infatigable de Eduardo Duhalde y las declaraciones altisonantes de quienes tienen medio cuerpo afuera —Felipe Solá y Mario Das Neves— y las de quienes nada arriesgan en la elección —los hermanos Rodríguez Saa, observan Massot y Monteverde.
En este sentido, señalan que el único posible candidato “con peso específico y en condiciones, llegado el momento, de negociar un acuerdo estratégico con Mauricio Macri, es Eduardo Duhalde”. Si los comicios presidenciales se substanciaran en febrero, el ex–gobernador de Buenos Aires carecería de los votos suficientes como para disputar la segunda vuelta. Duhalde lo sabe pero no deja de considerar —en lo cual lleva razón— que aún faltan ocho largos meses para elegir al sucesor de Cristina Fernández.
Sólo Cristina Fernández de Kirchner “que puede esperar inclusive hasta agosto, si la gestión de gobierno luciese bien, para hacer el anuncio esperado”. La viuda de Kirchner no depende ni del peronismo ni de Scioli ni tampoco de sus competidores. Su suerte está supeditada al éxito de la administración del país y, por supuesto, como la de todos los demás, a los imponderables que revolotean sobre sus cabezas, finalizó el análisis.
Hasta octubre, cualquier escenario es posible.