La demanda pateo el tablero y su comportamiento está interrumpiendo una racha positiva que llevaba varios meses en los precios de la hacienda.
Tanto el consumo local como las ventas externas comienzan a marcar un techo que está relacionado con la realidad de la economía doméstica y la competitividad de nuestra moneda en el mundo.
Por el lado del consumo no hay otra razón para la baja que la caída de las ventas a nivel minorista. Todas las versiones son coincidentes en ese sentido y tenemos las pruebas en la faena fiscalizada que sigue sin alcanzar el millón de cabezas mensuales y en la gran cantidad de frigoríficos que están operando una jornada menos por semana y con cierres anticipados por vacaciones.
Tampoco ayudó el comportamiento en términos generales de los industriales, supermercados, matarifes, abastecedores y carniceros que aprovecharon la baja de precios de la hacienda para recomponer márgenes en vez de acompañar con descensos en los precios de los cortes al consumidor y así recuperar volumen de venta.
Recordemos que excepto el productor, la cadena cárnica viene transitando una crisis en sus márgenes que ya llevaba un año completo, con un solo respiro durante julio y agosto del año pasado. Aunque no se han visto bajas generalizadas en la carne al mostrador, es probable que de continuar esta tendencia bajista de la hacienda nos sorprendan con una política de mayor volumen en contra de buscar máxima ganancia por kilo comercializado.
Hemos cerrado la década con el volumen más bajo de exportación desde 2001. Ni siquiera en 2006 con el cierre total de las ventas ni el 2008, periodo durante el cual la ONCCA actuó explícitamente para frenarlas estuvieron tan pobres como el 2010. Si bien no contamos con el número final, las ventas externas apenas superarían las 300.000 toneladas.
Con poca faena y el precio interno en dólares igual o más caro que el externo para la mayoría de los cortes, Moreno no tuvo necesidad de castigar a nadie con la retención o el rechazo de los permisos. No hizo falta.
Hay una gran oportunidad en un gobierno que se llena la boca hablando de valor agregado y promoción agroindustrial, para restituir los 15 puntos porcentuales entre retenciones y reintegros que se le sacó a la exportación de carnes entre 2005 y 2006. Si una medida de este tipo se tomase en estos días en que cesaron los aumentos, encontraríamos un aliciente a la producción y recomposición del rodeo sin afectar el bolsillo de los consumidores, ya no hay necesidad de aumentar los precios partiendo de una integración entre exportación y consumo más eficiente.
Con este panorama un sorprendido lector que no sigue nuestro mercado de cerca puede pensar que el futuro del negocio es malo.
Afortunadamente esto sucede en una sola escena de una película que es mucho más extensa, y en el capitulo anterior la Argentina se quedó con muy pocas vacas y menos terneros. Y lo bueno es que la mayor parte de las regiones productoras de terneros están recomponiendo la humedad de los suelos en pleno verano y no necesitarán salir a vender compulsivamente.
Y lo positivo también es que aunque la demanda esté planchada la oferta de gordo no abunda y los feedlots tienen baja ocupación, y aunque el negocio de la exportación este pasando un momento crítico el novillo pesado no aparece en la cantidad necesaria.
Cuando ponemos la película desde el principio nos encontramos en enero 2011 con el precio del novillo 115% superior a noviembre 2009 y con un pico de aumento del 135% anual en noviembre 2010. Por su parte el ternero de invernada mejoro 125 % durante el año pasado sobre un máximo aumento del 149% en noviembre.
También analizamos que en un año electoral el gobierno no dejará caer la demanda más de la cuenta y no tomará el riesgo de una recesión que ponga de malhumor a los votantes.
En poco tiempo y de la mano de la inflación el precio de la carne pasará a ser una anécdota y estaremos necesitando nuevos aumentos de las cotizaciones de hacienda para mantener las rentas que actualmente gozan los planteos ganaderos.
Ojo, a no confundirnos. La crisis actual de la demanda es transitoria, y no hizo desaparecer la crisis estructural de oferta.