Si para producir una caja de manzanas se necesita un mínimo de 8 mil litros
de agua, sería interesante “hacer notar al país comprador la cantidad de agua
que ahorra y que puede direccionar a otras necesidades esenciales de su
población”. Así lo expresó Enrique Sánchez, especialista en nutrición vegetal
del INTA Alto Valle –Río Negro–, para quien “se debería sacar ventaja del agua
virtual que se exporta”.
El concepto de “agua virtual” nació a principios de los ’90 y considera el
consumo real de agua necesario para obtener un producto o servicio. “Aquellos
países que dispongan de este recurso y lo sepan administrar, ciertamente serán
las nuevas potencias en un futuro no muy lejano”, afirmó Sánchez.
La agricultura es el primer sector económico en cuanto al uso de agua y el
intercambio de productos agrícolas constituye el elemento principal del comercio
del agua virtual.
Para el especialista del INTA, sería deseable que las cajas señalen el agua
utilizada para generar el producto que, en definitiva, también es agua que el
país importador ahorrará. “De la misma manera que hoy se exige que los alimentos
se produzcan con el mínimo de energía fósil –huella de carbono–, en el futuro
los requerimientos de agua también serán evaluados en los intercambios
comerciales”, señaló.
Además del agua que es utilizada en los hogares o fluye por los sanitarios,
todo lo que consumimos implica una determinada cantidad de ese líquido. Por
caso, la producción de un kilogramo de carne necesita casi 10 mil litros de
agua, mientras que un kilo de trigo consume mil litros de agua; una taza de
café, 140 litros y un kilo de manzanas requiere aproximadamente 400 litros. Para
fabricar una camiseta de algodón de 500 gramos deben utilizarse 4 mil litros de
agua en todo concepto, desde la obtención de la materia prima a la
industrialización.
La ONU estima que, para 2020, más de 250 millones de personas en todo el
mundo tendrán problemas de acceso al agua. “Basta con recordar que sólo el 0,5%
del agua del planeta es dulce”, remarcó Sánchez, quien además expresó: “Hoy
disponemos de ventajas comparativas que no son tenidas en cuenta y que
ciertamente pueden mejorar el negocio frutícola argentino”.
- Más información: Enrique Sánchez - INTA Alto Valle - esanchez@correo.inta.gov.ar