¿La Niña está entre nosotros?
Las lluvias son desparejas y, en el país, hay zonas con problemas de humedad. La realidad es que la siembra se está demorando, y ello no hace más que generar incertidumbre en los mercados.
El balance hídrico es, hasta el momento, negativo. Al menos en términos generales.
Con las reservas de humedad en los perfiles de los suelos, reducidas, sobre todo a nivel superficial, la operatoria se hace compleja.
Las lluvias benefician a la región sur de la pampa húmeda. Pero el cinturón maicero queda afuera. En lugares como Venado Tuerto o Pergamino, la escasez de humedad detiene la siembra de soja.
Pese a que el dólar podría tener un suave repunte, el problema de agua, no solo en la Argentina sino también en Sudamérica en general, permite la formación de pisos en los precios. El tema no es tan grave, pero sí lo es la preocupación, instalada en las mesas de trading, por la futura falta de agua.
Es cierto que la cosecha del norte es buena. Pero ello no significaría una baja acentuada en los valores. Aún con un alto volumen de producción en EE.UU. el mercado debería seguir firme, pues la futura cosecha sudamericana es un punto crítico para la plaza.
El mundo depende de la región. Cualquier adversidad en la zona agrícola de Sudamérica -cierta o estimada- habrá de sostener los precios.
Otra cosa que patea a favor de los valores, acá en el país, es la apertura de China a los aceites argentinos. Con las importaciones abiertas para la oferta argentina, los precios se ven favorecidos.
Los embarques han sido desde entonces muy importantes, por lo que los precios FOB puertos de la Argentina se han entonado particularmente.
La demanda, básicamente china, es la que acicala la operatoria. Con un nivel de vida –básicamente en lo referido a alimentación- en aumento, China requiere más y más insumos para la producción cárnica, además de necesitar aceites.
Hace treinta años, el consumo de carne giraba en torno a tan sólo 14 kilogramos per cápita. Hoy, llega a 60 por año. El consumo de huevos, para ese entonces, era 2,5 kilogramos per cápita al año y en la actualidad supera los 20. Y el ritmo de crecimiento continúa, a medida que el país se desarrolla y la población tiende a trasladarse a las grandes urbes.
El mundo en general, y Asia en especial, demanda aceite de soja, y de otros productos como la palma. Todo ello sinergiza con la oferta de poroto de soja.
El peligro de que la producción de soja sea menor a la esperada acecha. Así las cosas, habrá que mantenerse alerta. Porque Soja, para nosotros, es con mayúscula.
Lo que pase acá, repercutirá en los mercados mundiales.