El discurso económico del Gobierno ha llegado a tal nivel de primitivismo que
vale la pena hacer el esfuerzo de escribir algunas líneas explicando los palotes
más elementales de la economía.
Si bien el primitivismo del discurso económico del gobierno es en varios
frentes, el que me interesa abordar hoy es el que se refiere al argumento de la
sustitución de importaciones, los dichos de algunos funcionarios afirmando que
han detectado algunos sectores estratégicos para el crecimiento y los consabidos
controles de precios que Kirchner le indica a Moreno que aplique. Para entender
lo primitivo del razonamiento vayamos a la parte más elemental: la teoría del
valor.
Durante muchos años se discutió sobre la teoría del valor, pero hoy día ya se
sabe que el valor que tienen las cosas es subjetivo. Es decir, las cosas no
tienen valor por sí mismas, sino que es la gente la que les asigna valor.
Además, no todas las personas le asignan el mismo valor a un mismo bien. Por
ejemplo, una determinada persona le dará más valor a una entrada a la ópera que
un barrabrava de Hinchadas Unidas Argentinas que, seguramente, preferirá ir al
mundial de Sudáfrica y otro le otorgará más valor a las carteras Louis Vouitton.
Por otro lado, el valor de las cosas es para determinada persona en
determinada circunstancia. Una persona sedienta en el medio del desierto
valorará más un vaso de agua que esa misma persona sentada cómodamente en su
casa con agua potable abundante.
Finalmente, una misma persona puede darle más valor a un determinado bien
pero, a medida que va consumiendo ese bien, el valor que le otorga va
disminuyendo. Ejemplo, una persona que tiene hambre come con ganas la primera
porción de pizza. A la segunda porción le otorga menos valor que a la segunda y
así sucesivamente hasta que llega un punto que, ya sin más ganas de seguir
comiendo, no le otorga valor a la próxima porción de pizza.
Los palotes de la economía nos enseñan, entonces, que el valor es subjetivo.
Que cada persona le otorga un valor diferente a cada cosa. Y que una misma
persona va cambiando el valor que le asigna a un mismo bien de acuerdo a la
forma en que va consumiendo.
Si este concepto fundamental es entendido, el paso siguiente es determinar
cuál es el mejor sistema para conocer las diferentes valoraciones que millones
de personas le otorgan a los distintos bienes y servicios que se ofrecen en la
economía, porque conociendo este dato se pueden asignar los recursos productivos
que, como todos deberíamos saber, son escasos. Dicho en otras palabras, ¿cómo se
hace para determinar qué bienes y servicios valora más la gente? ¿Cómo podemos
hacer para satisfacer la mayor cantidad de necesidades con los escasos recursos
productivos?
Para resolver este problema la ciencia económica descubrió que el mecanismo
de precios era el mejor sistema para asignar los escasos recursos productivos de
manera tal de satisfacer la mayor cantidad posible de necesidades de la gente.
Los precios del mercado reflejan las valoraciones que la gente le otorgan a los
diferentes bienes y servicios, y cuando digo precios de mercado me refiero a los
precios que surgen sin que el Estado establezca restricciones al ingreso de
nuevos competidores al mercado o regulaciones que impidan una libre asignación
de los recursos productivos.
Justamente, el verdadero emprendedor es aquél que, arriesgando su capital o
el de sus socios, busca aquellos sectores que ofrecen más rentabilidad que el
resto de los sectores de la economía. ¿Por qué? Porque si un determinado sector
ofrece más rentabilidad que otros quiere decir que en ese sector hay una
necesidad insatisfecha. Los recursos productivos (capital y trabajo) van
reasignándose en la economía en base a la búsqueda de mayores tasas de
rentabilidad, que es lo mismo que decir, que se busca dónde hay una necesidad
insatisfecha.
Como puede verse, el solo hecho de que haya millones de personas con
diferentes valoraciones y, además, que una misma persona vaya cambiando de
valoración ante un mismo bien o servicio, determina que la asignación de
recursos sea muy difícil si no se tiene una guía que son los precios de mercado.
No hay mente humana ni computadora sofisticada que pueda determinar en tiempo
real cuales son las valoraciones de cada persona en cada momento y de millones
de personas. Solo la libertad en las transacciones que manifiestan las
valoraciones de las personas permiten tener una idea sobre cuál puede ser la
asignación de los recursos. Y digo que puede dar una idea porque un empresario
puede equivocarse e invertir en la producción de un bien o servicio que la gente
no demanda con tanta urgencia. Por eso se dice que el mercado, que no es otra
cosa que un proceso a través del cual la gente manifiesta sus valoraciones,
premia con ganancias a quienes arriesgan y ganan y castiga con pérdidas a quien
se equivoca al evaluar una inversión.
Si se tiene en cuenta este complejo sistema de valoraciones de millones de
personas y cambiantes al mismo tiempo, hablar, como lo hace el gobierno, de
sustituir importaciones, decir que detectaron sectores estratégicos para el
crecimiento y controlar los precios es de una soberbia intelectual que refleja
una completa ignorancia sobre el ABC de la economía y la demostración de que
pretenden ser iluminados o seres superiores al resto de la sociedad porque se
arrogan el derecho a decidir qué debe consumir la gente.
En definitiva, ¿en base a qué criterios pudo un burócrata haber determinado
cuáles son los sectores estratégicos hacia los cuales hay que volcar los escasos
recursos productivos? Como decía antes, solo alguien que pretende ser un
iluminado o un ser superior al resto de los mortales puede creer que conoce
valoraciones tan complejas y cambiantes. Y si no es pretensión de iluminado es
ignorancia económica de lo más elemental de la economía.
El caso de los controles de precios que Kirchner le manda aplicar a Moreno
implica destruir el sistema de precios que expresa las valoraciones de la gente
para sustituirlo por un comportamiento arbitrario y de soberbia intelectual o,
nuevamente, de profunda ignorancia.
La combinación de todos estos elementales errores económicos tiene como
correlato una ineficiente asignación de los recursos productivos que nos hace
cada vez menos competitivos, lo que se traduce en bajo stock de capital por
trabajador, puestos de trabajo ineficientes, salarios reducidos y pobreza e
indigencia crecientes.
Las distorsiones de precios relativos que produce la pretensión de los
iluminados hacen imposible que existan proyectos de largo plazo porque todos
perciben que los caprichos de los burócratas son de corta duración. Lo máximo
que puede esperarse son inversiones de muy corto plazo que aprovechan dichas
distorsiones para generar rentabilidades que no hubiesen existido si los
recursos se hubiesen asignado de acuerdo a las valoraciones de la gente.
En síntesis, analizado en profundidad, el debate económico que nos propone el
gobierno no es si un sistema es más eficiente que otro. El debate consiste en
definir si ellos son seres superiores al resto de la sociedad que pueden
determinar con certeza qué debemos consumir, en qué cantidades hay que producir
y a qué precios se deben vender los bienes y servicios. Es esa pretensión de
creerse seres iluminados lo que lleva a tener una economía cada vez más
ineficiente por gobernar de espaldas a las valoraciones de la gente.