El cambio de escenario desencadenado por la caída de existencias vacunas y la renta transferida desde la producción hacia los últimos eslabones comerciales durante los últimos cinco años generaron un desequilibrio enorme.
Hoy encontramos la mayoría de sistemas de cría en un avanzado grado de abandono, muy bajo aporte de tecnología y más dependientes de las condiciones climáticas.
El caso de los invernadores a campo reviste la misma realidad agravada por la reducción de más de la mitad de la superficie afectada durante ese periodo.
Para los engordadores a corral la historia fue distinta. El sistema de aportes estatales desmantelado hace un mes les permitió crecer y tecnificarse. Ese mismo sistema fue responsable de sostener mientras pudo, la política de generación de oferta de carne a precio de liquidación. Tan efectivo fue que mientras el plan funcionaba se liquido más del 20% del rodeo nacional.
Hacia adelante nos encontramos con el segmento de faena, industria y distribución (frigoríficos de consumo, matarifes y abastecedores), que vienen de trabajar los últimos siete años con rentas superiores al promedio histórico, fruto de la alta oferta de hacienda (les permitió muy buena utilización de la capacidad de faena instalada), sostenimiento de la demanda interna y trabas a las exportaciones.
Finalmente aparecen los carniceros que resultaron mayores beneficiarios del sistema K, por lo menos hasta ahora. Ellos usufructuaron la mayor oferta de hacienda en los últimos 30 años combinada con la abultadísima demanda interna generada por los bajos precios relativos de la carne, con menores costos de compra por los controles de tarifas sobre la producción y libertad casi total para fijar precio de venta, motivados por la falta de control real sobre las cientos de miles de carnicerías del país.
Esto pasaba hasta noviembre del 2009, la historia en 2010 empezó a transitar otros rumbos.
Con una caída de alrededor del 30% en la oferta de hacienda gorda en lo que va del año, y una reducción aun mayor en el ingreso de terneros a los distintos sistemas de engorde, las relaciones entre estos eslabones se ven profundamente modificadas.
Los criadores venden los pocos terneros que produjeron a un precio 100% superior a un año atrás, y guardan todos los que pueden buscando recomponer existencias.
Los invernadores a campo todavía están analizando números y se van animando a volver a la actividad con más desconfianza que certeza. Los feedloteros avanzan con los engordes pero en la medida que la oferta de terneros se lo permite, lo que implica un 60 o 70% comparado al encierre que hicieron un año atrás.
Los frigoríficos se debaten entre aumentar la matanza para mantener la planta operando en un alto porcentaje de su capacidad, incluso a costa de trabajar con márgenes negativos por kilo procesado. La otra opción es achicar la faena y el negocio, lo que implica de alguna forma retirarse con pocas posibilidades de recuperar el mercado de distribución con el que contaba.
Ya trasladaron todo lo que pudieron del aumento de la hacienda al eslabón siguiente y asumieron una reducción de la renta, que en la mayoría de los casos seria de quebranto si no hubiesen mejorado los valores del recupero bruto (venta de cuero, cabeza, patas y vísceras). Este último punto les permitió absorber una porción del incremento en el precio del animal vivo.
El minorista ve fuertemente deteriorado el volumen de ventas pero ha podido trasladar buena parte del aumento al consumidor, que luego de escandalizarse animado por los medios de comunicación, saco las cuentas y decidió que la carne vacuna sigue siendo un alternativa económica en la dieta. Sucedió que en tres meses la carne equiparo la inflación que tuvieron el resto de los productos en 3 años.
El gobierno ayuda a profundizar este desequilibrio aumentando el peso mínimo de faena en abril y mayo, aunque en el mercado del conurbano bonaerense la venta de reses por debajo del peso establecido es moneda corriente.
Finalmente la exportación, que dejo de ser un buen negocio hace algunos años sufre los mismos efectos que la industria del consumo agravada por las nunca respetadas negociaciones con la secretaria de comercio. La diferencia con el mal de los productores es que la mayoría de las plantas exportadoras se reconvirtieron al consumo para una parte importante de su faena.
Proyectando estas relaciones a lo que resta del año coincidimos con la mayoría de los analistas en cuanto a que habrá una baja del precio del gordo durante algunos meses, producto de la superposición de salida de hacienda engordada en feedlots y campos que retuvieron gran parte del destete y se vieron obligados a postergar ventas por los sucesivos aumentos de los pesos mínimos.
Tampoco se puede esperar mayor demanda proveniente de los exportadores, una vez completado lo que se pueda cumplir de la Hilton hasta mediados de junio. No hay grandes expectativas inclusive si el gobierno cumpliese con las 35.000 ton mensuales que dijo que iba a permitir exportar, debido al deterioro de la valuación de la moneda europea, que sigue siendo nuestro principal mercado a causa de las restricciones sufridas en el comercio externo desde nuestro propio estado.
De ninguna manera creemos que esta situación cambie de fondo el escenario descripto para este año en adelante. No parece probable que los precios de gordo puedan retroceder más del 15% del incremente del 100% que tuvieron en los últimos seis meses, y tampoco vemos margen de aumento por encima de los valores actuales.
Un buen año de precios como el que estamos transitando admite dos o tres meses de bajas sin que empañe un promedio que ya es por demás interesante para la ecuación de los ganaderos.
Las características que presentará la oferta de hacienda para faena durante los próximos años permitiría a los productores recomponer los rodeos, incorporar tecnología y aumentar la renta y el volumen de negocios sin mayores riesgos.
El único riesgo latente está asociado a una reducción muy importante de la demanda interna, pero esta hipótesis no es coincidente con los intereses electorales del gobierno para el 2011.
También hay un alerta, pero más bien focalizado sobre la solvencia de algunos frigoríficos de consumo, que si bien no es generalizado puede darse con algunas empresas que no puedan o quieran responder financieramente ante una futura baja de precios, en el caso que esta caída fuese importante y afectase fuertemente la plata que tienen hoy en la calle. Estamos hablando de las plantas que hoy están sosteniendo el volumen de faena a fuerza de contra rentas por kilo procesado.
Por el lado de los precios, el mercado ya asimiló gran parte del aumento, al igual que viene sucediendo con las tarifas públicas y otros segmentos de la economía. Es por eso que una reducción del consumo mayor al 20% que se produjo desde el año pasado a este, no es demasiado esperable a excepción que siga subiendo el precio de la hacienda y se traslade a la carne.
Quizás un descenso del precio del kilo vivo de no más del 10% podría contribuir a equilibrar las cuentas de los siguientes eslabones de la cadena, y de esa manera despejar algunos temores e incluso darle un poco de aire al negocio de la exportación, que con estos precios y el dólar debajo de cuatro pesos está muy malo.
A partir de este panorama vemos un horizonte muy firme para los próximos dos a tres años, con valores muy buenos para los terneros de invernada y novillitos recriados y también rentas positivas para los buenos planteos de invernada a campo y/o con terminaciones a grano.
En adelante tendremos muchos meses en el año con mercados muy demandados en alza y pocos meses en los cuales habrá alguna presión vendedora que tienda a desinflarlos.
Hay una oportunidad de recomposición de los rodeos que aun no se iniciado, ya que la retención actual esta mas asociada al corto y mediano plazo y todavía no se ven inversiones de largo en planteos ganaderos.
La mayoría de los productores piensa en salvar el año, aun heridos por la reciente experiencia de intervención de mercados y perdida de capital.
Es tiempo de volver a pensar a futuro, olvidarse de los actuales gobernantes y trabajar orientando a los que vengan, analizar nuestro negocio desde arriba, con objetividad.
Tenemos la oportunidad de demostrar que no nos desplazo la soja ni la seca, y que con precios y previsibilidad podemos crecer en la cosecha y producir más kilos de carne al mismo tiempo.