Buenos Aires - El picudo sigue acaparando mucha atención entre los productores de soja, de Tucumán y Salta particularmente. El Sternechus piunguis, tal su nombre científico, también es conocido como picudo grande o “peñarol” por su “atuendo” negro y amarillo. En la Zona Núcleo no está en la lista de plagas que afectan a la oleaginosa, pero en el NOA tiene una amplia trayectoria de estragos.

En ese marco, una reciente gira técnica por esas dos provincias sirvió para tener un panorama más claro sobre el avance de este gorgojo y las medidas que se están implementando para su manejo. Resultó muy interesante comprobar que la asociación de las cuestiones biológicas y climáticas con la expresión de los daños se realizó desde una modalidad solidaria, sin esconder nada entre los distintos actores, compartiendo los aciertos y errores de técnicos y productores, en el afán de alcanzar juntos una solución.

Junto a representantes de la Experimental Obispo Colombres y de Syngenta, empresa convocante de la gira, participaron los más destacados técnicos que manejan cultivos en Tucumán y Salta. Cada uno aportó sus experiencias, positivas y negativas, sobre el manejo químico que viene realizando desde hace tiempo para tratar de controlar esta plaga.

La primera conclusión fue que el insecto se mueve bastante. Hace vuelos cortos de 150 metros y se desplaza caminando distancias importantes. Por eso se empezaron a ensayar con muy buenas perspectivas las “franjas trampa”: bordes de cultivos comerciales con sojas sembradas anticipadamente, con el fin de atraer a los picudos y controlarlos en forma permanente antes y durante la implantación del cultivo a cosechar.

“En la visita a un establecimiento privado se pudieron observar y sacar conclusiones muy importantes para el futuro manejo de la plaga, como que la rotación con maíz es una de las bases para reducir las infestaciones y tener mayor eficiencia en los tratamientos químicos a partir de infestaciones mucho menos numerosas, porque ningún control químico usado como única estrategia puede resolver el problema”, aseguró Daniel Igarzábal, director de Laboratorio LIDER en Protección Vegetal, con mucha experiencia en monitoreo y control de plagas.

Así, la rotación y las “franjas trampa” aparecen como dos técnicas culturales que, sumadas al tratamiento de semillas para defender las plantas en los primeros 15 días de emergidas, resultan las primeras cuestiones claras de manejo que deben implementarse para evitar daños importantes de esta plaga.

Según destacó Igarzábal, “hay muchos otros factores que van a sumar a partir de las investigaciones de la Experimental Obispo Colombres, como los avisos de alarma de la emergencia desde el suelo de los adultos, por ejemplo, que pueden significar un aumento en la eficiencia de los tratamientos efectuados en las etapas de mayor incidencia y no en forma calendaria”.

Entre todos, para sumar

El recorrido comenzó en el predio de la Estación Experimental Obispo Colombres, con los técnicos de esta institución explicando cada uno de los resultados que han ido obteniendo en las investigaciones de los últimos años.

“Si hay algo que distingue agronómicamente al NOA es la calidad de sus técnicos, tanto en investigación como en la ejecución práctica de estrategias para el manejo de plagas. Pero quizá hay otro rasgo poco común en otras partes del país, y es la solidaridad para compartir entre todos los criterios técnicos en beneficio del conjunto”, ponderó Igarzábal.

Y también resaltó que “durante todo el transcurso de las visitas y reuniones, desde Syngenta nunca pusieron por delante sus productos como bandera. Se habló libremente de las distintas alternativas técnicas en un clima de distensión y camaradería. Se va entendiendo que el manejo de plagas es una suma de aportes solidarios”.

El especialista comparó los daños de los picudos con los que produce la “oruga bolillera”, muy presente en las dos últimas campañas en la zona central del país. Entre los rasgos comunes observó “ruptura de dominancia y permanencia en la planta durante muchos días, provocando hasta la muerte de las plantas a partir de muy pocos individuos. Con esto, se imponía la necesidad de una defensa permanente del cultivo a riesgo de perderlo si no se actuaba”.

Ya en Rosario de la Frontera (Salta), la gira se puso “negra”. En realidad lo que cambió fue el color de la plaga. Allí pudieron observar en directo la agresividad de otro picudo, Rhizomatus. El picudo negro, aunque más chico, parece ser mucho más agresivo y dañino, ya que además de efectuar daños en las plantas, luego se introduce en las chauchas y consume los granos.

Luego de un intercambio de opiniones sobre productos, dosis y formas de aplicación, se llegó a la conclusión de que hay que hacer un trabajo similar al de Sternechus en Tucumán. Conocer mejor los aspectos biológicos de la plaga, su origen y sus debilidades.