La pregunta de rigor apenas empezado el año es, entre otras: ¿Cómo buscará financiarse el Gobierno a lo largo del 2010? Dado que en el Congreso, la cámara baja le da al oficialismo pocas posibilidades de conseguir votos favorables el próximo 2 de marzo -cuando se busque rechazar en una sesión especial, el decreto que creó el Fondo del Bicentenario-, y en el Senado la situación sería similar, cabe preguntarse cuáles serían los caminos a seguir una vez superado este conflicto.
El análisis semanal de tinte político y económico de los doctores Vicente Massot y Agustín Monteverde indica que se abre “la posibilidad de que el kirchnerismo, sabiéndose perdedor, decidiese jugar a suerte y verdad una carta brava frente a los gobernadores. Ello supondría obligarlos, ante la carencia de fondos, a realizar, quien más quien menos, un ajuste en cada una de las provincias”.
Pero advierten que una decisión de estas características traería aparejado el problema de que, “en rojo fiscal como están la mayoría de los distritos, cualquier disminución de los recursos que les envía el tesoro nacional los pondría a algunos al borde del estallido social, con la coincidencia de que si algo de esta envergadura ocurriese en cualquier lugar del país el gobierno central no saldría indemne ni mucho menos”.
Otra posibilidad, seguida por la lógica, sería que de la actualidad a las elecciones del 2011, hubiese una política fiscal y monetaria cuidadosa y que se pudiese limitar el gasto, según los autores del análisis, que desestiman esta opción porque consideran que “esperar a esta altura del partido tamaño sacrificio de parte del kirchnerismo sería como pedirle peras al olmo”.
Entonces, el último escenario es el de la oportunidad del Gobierno para negociar. “Si, tal como se halla diseñado, el DNU del Bicentenario pasase a mejor vida, no son pocos los senadores e inclusive diputados del arco opositor que estarían dispuestos a votar una ley al respecto. Sólo que no sería redactada a imagen y semejanza de los caprichos oficialistas sino en consonancia con los recaudos que las nuevas mayorías en el Congreso quieren tomar ante la discrecionalidad fiscal del kirchnerismo”.
“Que hoy tanto Pichetto como Rossi y, en general, las más altas autoridades del Ejecutivo digan que, fuera del DNU, no hay otro camino está lejos de significar que todas las puertas están cerradas y que todos los puentes entre gobierno y oposición hayan sido volados. Antes de tratar de echar mano a los encajes en dólares o imaginar una salvajada semejante —que, a la larga, obraría a la manera de un boomerang en su contra— el gobierno tiene por delante un espacio para negociar. El tiempo no es neutral al respecto y el espacio mencionado se achica a medida que pasan los días. Pero siempre es conveniente recordar que la necesidad tiene cara de hereje”, estimaron los doctores Vicente Massot y Agustín Monteverde.