Estas fueron algunas de las definiciones de Mario Marincovich y Ernesto Ambrosetti, quienes mostraron que pese a las intervenciones no se logró favorecer a los consumidores y los principales perjudicados resultaron los productores.
¿Qué mercado, porque la verdad que ha desaparecido? Con esa pregunta retórica
arrancó su exposición Ernesto Ambrosetti, del Instituto de Estudios Económicos
de la Sociedad Rural Argentina (SRA) en el segundo panel de Agrotendencias,
dedicado al marco de comercialización del trigo. El Seminario que se realiza en
el Salón de Operaciones de la Bolsa de Cereales ha convocado a más de 500
asistentes
Ya Raúl Dente, asesor general de la Federación de Centros y Entidades Gremiales
de Acopiadores de Cereales, había dicho en su calidad de moderador de la segunda
conferencia que “el mercado de trigo es el mayor ejemplo de las distorsiones
descritas” en el primer panel en relación a la intervención del Estado en los
últimos años.
Ambrosetti hizo una curiosa asociación al calificar al trigo argentino como “un
OGM, un Organismo Gubernamentalmente Modificado, en diversas dependencias del
Estado, donde ha sido diseñado o alterado artificialmente”.
Al definir sus características, amplió: “Tiene alta tolerancia o resistencia a
roya de la hoja y la fusariosis, pero baja resistencia a los derechos de
exportación, la intervención de los mercados y la distorsión de precios. Así, no
resiste la inversión, no tolera la incorporación de tecnología ni tolera la
rentabilidad”. Y siguió en la sinonimia genética para decir que “así como en
ciencia se habla de eventos, aquí podemos decir que “el evento K por excelencia
es la declinante tendencia a la baja del área sembrada con trigo, que ha
retrocedido 111 años, un record mundial”.
En términos argumentales, Ambrosetti tuvo en cuenta que el Gobierno “justificó
su intervención en el mercado de trigo en el supuesto afán de tratar de mantener
el precio del pan más accesible a la comunidad, pero la ponderación del IPC (Indice
de Precios al Consumidor), es de sólo 1.59 para el pan fresco, y menos aún,
0.088, para la harina de trigo. Incluso alcanza a sólo 4.189 la suma de todos
los farináceos en el IPC, un índice muy bajo”.
Así, estimó que “la incidencia del trigo en el precio del pan hoy es de 15% con
lo cual, si sube el trigo, la incidencia sobre el precio del pan es ínfima. Y al
medir la evolución del precio del trigo y del pan puso en consideración que
entre abril de 2006 con el mismo mes de este año el precio del pan pasó de 2,50
a 5,50 pesos, pero el del trigo osciló estable alrededor de los 0,50 centavos.
Esto demuestra el total fracaso de las políticas para el trigo en las cuales el
único perjudicado es el productor”.
En relación al “coeficiente Moreno” (entendido según Ambrosetti como el precio
del trigo en función del humor del secretario de Comercio) el especialista
consideró que “los múltiples acuerdos y actas que se firmaron en los últimos
años, en general no se cumplieron”.
Observó al respecto que “todos los saldos exportables que calcula el gobierno
tienden a cero, a pesar de que con 2.200.000 toneladas de trigo alcanza para
todo el pan que comemos los argentinos. Sin embargo, se dejan 6.500.000 para
abastecer el mercado interno, con lo cual por lo menos 1.500.000 de tn sobran en
el mercado interno, y eso tiende los precios hacia abajo. Por ello, y como con
los ROE, nunca se sabe cuál es la decisión final, todo redunda para los molinos
en mercados cautivos que se define como Hunting in the zoo & Fishing in the Pool
(Cazando en el zoológico o pescando en la pileta).
Ambrosetti destacó que “a pesar de lo que declama, se impulsa la sojización.
Porque este es un Gobierno adicto-dependiente de la soja, ya que los recursos
que le da el cultivo de la oleaginosa no se lo da otra actividad y necesita esa
plata para financiar planes sociales.
Pero para revitalizar el mercado de trigo, sintetizó su propuesta en los
siguientes factores: Competencia de mercado, Apertura del registro de
exportaciones, Los molinos pueden asegurar mercadería a través del Mercado a
Término, hay que compensar la bolsa de harina destinada al mercado interno y si
a los molinos les falta harina que importen, para eso son jugadores del mercado.
El economista de la SRA citó una máxima de Michael Porter, “La prosperidad no se
hereda, se crea” y concluyó con otra frase de Albert Einstein: “En los momentos
de crisis solo la imaginación es más importante que el conocimiento”.
A su turno, el corredor de cereales Mario Marincovich, de Cereales Cerpen SA,
resaltó que “las distorsiones en el mercado de trigo tienen falsos fundamentos,
aunque debemos reconocer que suena simpático ante buena parte de la opinión
pública. Pero los precios de los productos a base de trigo no aumentaron a pesar
de la suba del precio FOB, lo cual indica que los fundamentos de estos sistemas
de control son falsos”.
Marincovich se identificó como “parte de una cadena que en los últimos 30 años
había logrado mucha competitividad. El sistema transparente había permitido que
el productor accediera al precio pleno. En los últimos tres años se destruyó un
sistema admirado en el exterior -ni Brasil, lo tiene- que llevó más de 20 años
edificar. Todos somos responsables, porque no supimos transmitir con suficiente
fuerza el daño que se ha hecho”.
El especialista se mostró muy convencido de que “el sistema de formación de
precios que tenía la Argentina, incluidos los mercados a término, era parte
fundamental de su crecimiento. Algunos dicen que los mercados a término
crecieron por el incremento de la producción y yo creo que ha sido al revés.
Porque permitía al productor fijar un precio a futuro y alentó inversiones.
Hemos fracasado en explicar esto y los responsables de esta política llevaron el
negocio de los granos a un sistema totalmente discrecional”.
En ese sentido, comparó los valores FOB del trigo 15 años entre 1995-2009.
Básicamente distinguió que “hasta abril de 2006 no había distorsiones, se
entendía que el libre juego de la oferta y la demanda es la única manera que el
productor reciba el precio pleno. Pero desde mayo de 2006 la situación cambió
totalmente. Hasta ahí el precio pleno acompañaba la evolución FOB pero luego
hubo una enorme transferencia de ingresos”.
Como ejemplo de lo que se perdió, puntualizó que “hasta 2006, desde el puerto de
Bahía Blanca se pagaban precios al productor inclusive mayores al FAS teórico.
Era así porque desde esa salida al mar se ofrece trigo de mejor calidad
-preferida por Brasil- tiene aguas profundas y eso hace más barato todo porque
pueden cargarse barcos más grandes. Pero desde mayo de 2006 se perdió esa
realidad”.
Marincovich afirmó que las intervenciones han resultado “improductivas,
discrecionales, dependientes del gobierno de turno, que termina enfrentándonos
entre los miembros de la cadena. Cada uno mira cómo se salva a sí mismo y acepta
de hecho las reglas de juego del gobierno”.
A modo de conclusión, enfatizó que “se ha destruido el sistema, y es
responsabilidad de todos reconstruirlo. El productor debe vender a precio menor
porque los mercados están cautivos. Es pan para hoy, hambre para mañana. Y como
el maíz va por el mismo camino, imploro que salvemos al mercado, unidos, con
objetivos comunes. Porque antes que acopiadores, corredores y/o productores,
somos argentinos”.
Respuestas a las preguntas que todos nos hacemos
Ante las preguntas de los asistentes, Ambrosetti dijo que “aún sacando las
retenciones, si siguen las distorsiones, continuarán las dificultades. Lo que
necesitamos es una política integral, que vaya bajando las retenciones al menos
progresivamente y lo más rápido posible”.
Ante la recurrente pregunta de si la Argentina importará trigo y/o harina en el
futuro, el economista de la SRA dijo que “dependerá de la previsibilidad que se
ofrezca a los productores, porque hay por lo menos 2 millones de hectáreas que
siempre se van a intentar sembrar, y eso hace que el área se pueda recuperar en
un año o dos. Todo depende de la confiabilidad y este gobierno no genera mucha,
por lo cual habrá que esperar hasta después de las elecciones de 2011”.
En tanto, Marincovich respondió a los interrogantes del público diciendo que
“los acuerdos de precios distorsionan los mercados. Lo que estamos viendo hoy es
la situación creada. Incluso el FOB de trigo de los últimos 3 años son
informados por Agricultura a partir de un mercado no fluido. Hasta hace tres
años, Agricultura trabajaba de forma profesional. De todos modos, estimar el FOB
real en trigo es relativamente más fácil que con otros granos porque se trata de
medir la capacidad de pago de Brasil. O sea, ¿a qué precio le sigue conviniendo
comprarnos a nuestro principal cliente en vez de demandar de otro lado?”.