Por: Ricardo D. Bindi - Revista Agromercado
Octubre 2009

Imaginemos un futuro muy cercano en donde habrá, criadores que pasarán a ser el eslabón clave para que la cadena de ganados y carnes funcione. Recría, invernada y engorde, que se transformarán en procesos más difusos e integrados; que abarcarán lo extensivo de nuevas zonas de producción, con lo intensivo de los feed-lots. Un futuro que, lógica de mercado mediante, se deberá manejar sobre valores basados en oferta y demanda, y sin subsidios que desestabilicen valores y precios relativos. Esto es solo algo, de lo que los más “dinámicos de la economía y los agronegocios” predicen que ocurrirá, mientras se preparan para ser exitosos.

El gran negocio de la carne

En el sector agropecuario, y después de 80 años se vuelve a presentar una segunda revolución. El economista de la Cepal, Roberto Bisang, lo caracteriza como un fenómeno “disruptivo en el modelo productivo”, al igual que la revolución verde o la biológica. Estas nuevas formas de producción nos llevan a una convivencia de nuevos y viejos modelos; a algunos les va bien y a otros no tanto.. Si pensamos que en las últimas campañas agrícolas, la producción se da en un 62% en campos que no son propios, veremos que hay una nueva forma de ver los agronegocios, basada en muchos protagonistas integrados. Hay además “nuevos actores sociales”, “nuevos modelos basados en contratos” y “nuevos desafíos”. En la última década salieron de la ganadería pampeana cerca de 10 mill. de has., pero sin embargo se mantuvo el stock ganadero país. El secreto está en la “intensividad” de la producción y en la expansión de las fronteras.

En el sector cárnico se perdió en estos años u$s 5.300 mill. en exportaciones; que países como Brasil y Uruguay supieron capturar. Con parte de estos ingresos, después vinieron los frigoríficos extranjeros a instalarse y comprar los locales. El mundo de la carne es muy dinámico, y genera buenos dividendos en aquellos que se suben al negocio eficazmente. El desafío está en transformar granos y pasto en carnes, y en exportarlo como valor agregado.

Los productores que “ven y van” más allá

La ganadería tienen protagonistas del día a día, que se cansaron de todo lo que las malas políticas hicieron para que la Argentina no produzca, ni exporte más carne. Otros, más esperanzados en “lo bueno por venir”, se preparan para que cuando lo malo pase, ellos puedan liderar la verdadera transformación del sector y del país. Angel Rossi es un productor “organizador de redes y contratos”, que tuvo que desplazar su ganadería de pradera pampeana hacia el norte. Hoy invierte y apuesta a crear y generar riqueza y trabajo en la zona. Muchos otros están en esa misma dirección, y además están comenzando a trabajar “en equipo”.

La fórmula: “ir hacia una ganadería de bajos costos, con pastos abundantes y basados en especies megatérmicas del muy alta producción forrajera”. Podemos producir muy buena calidad y cantidad de granos, y los fletes representan costos que podemos ahorrarnos, convirtiendo estos granos en carne, procesarla a partir de inversión en frigoríficos que industrialicen cortes para el mercado interno, y trasladar parte de estos productos de alto valor por Chile hacia los mercados del Pacífico. Las provincias del norte importan cerca del 70% de la carne que consumen, en un país con conocimiento ganadero; parece mentira. Todo esto genera mano de obra real y no estatal. Esto se viene, y conocerlo significará formar parte de una cadena muy dinámica.

La cadena de la carne

La Universidad Católica de Salta avanzó en los puntos fuertes y débiles de la cadena de la carne. Se ve un “debil relacionamiento” entre los actores. Si estos se articularan mejor, se podría producir y comercializar con más eficiencia, analizaron los investigadores. Otro tema es el de las culturas productivas, están los grandes con tecnologías de procesos avanzadas, y los pequeños con baja. El Estado tiene su lugar, y se observa que faltaría más coordinación y orientación, reduciendo los conflictos y mejorando la “gobernancia” de la cadena. En el tema alimenticio se requiere de un mejor manejo, y de una investigación que hoy no es fuerte.

Otro tema es el volumen de producción y la escala. También hay que pensar en el procesamiento, saliendo de mataderos pequeños y avanzando a inversiones en frigoríficos preparados en los temas de sanidad y calidad y listos para exportar.

Hay un mundo de “distribución complicado”, que busca buenos cortes, con sellos, códigos de barras, trazabilidad y “marcas” como “lomo Argentino” o “carne Uruguaya criada a pasto”. No estamos exportando más “commodities”, estamos produciendo y exportando “specialities”. Hoy ingresan en este mundo de la carne, protagonistas nuevos como las cadenas de restaurants, hoteles y catering de alimentos, que requieren de muy buenos productos y en cantidad. Cortes como la Hilton cercanos a los u$s 10.000 / ton.

Qué buscan los que comen carne

Es clave entender las preferencias de los mercados locales y los de alto valor de exportación. Hoy el Ipcva trabaja sobre muestra de 600 hogares rotativos cada 2 semanas, se anota el tipo de compra, su consumo y los valores de los cortes. ¿Substitutos?, la gente los seleccionaría y compraría, pero basados en los valores relativos respecto de otras carnes. El problema de la distribución es clave: por ejemplo, cortes baratos como la “aguja”, resultan más caros en un barrio pobre, que en uno de más poder adquisitivo, y viceversa con un corte caro, esto se da porque no se maneja la comercialización por cortes, sino por medias reses y los carniceros de cada barrio se las arreglan como pueden para vender, lo que sobra y lo que falta.

La gente es muy fiel a los cortes que consume, y es difícil que la cambie, salvo que los valores marquen diferencias por sobreofertas. El que come milanesa de nalga o de peceto, las busca y las elige, es un tema de “hábitos de consumo” más que de precios.

La creación de conciencia sobre el valor de la carne pegó fuerte a través de campañas de comunicación en la sociedad. Los chicos capturaron las ideas, entienden el mensaje; saben que hacen falta 3 años para tener un bife sobre el plato. Las mediciones muestran que cerca de un 100% de estos chicos, reconocen los mensajes transmitidos por la cadena de la carne.

Las imágenes que llegan al consumidor

Las investigaciones demostrarían que hay una falsa percepción en la gente, respecto al valor y el conocimiento de la “carne Argentina en el mundo”. Creemos que somos más de lo que somos. Hay una marca histórica, y la fama de un país que supo exportar buenas carnes. Pero la realidad de la demanda, está en los grandes canales que definen la compra en las góndolas por donde pasan los consumidores. No les importa si es carne nuestra, australiana, brasilera, uruguaya o paraguaya, les interesa que sea buena, a precios de mercado / valor; quieren seriedad y continuidad en la oferta. Las malas políticas hicieron que muchos de estos canales se perdieran.

¿Cómo se sale? Con seriedad y entendiendo al mundo y a la gente. Sigue habiendo espacio y una gran oportunidad, pues somos un jugador que pesa y que está reconocido por el valor de sus productos. Solo resta hacerlo.

Conclusión: el mercado está; los productores que se sumen a producir también; las inversiones esperan para ingresar; los modelos tecnológicos que permiten ciclos más cortos e intensivos ya están probados; la conciencia respecto a trabajar en red y “eslabonados” también, ¿qué más falta? Solamente pensar en planificar entre el Estado y la producción, sobre la base del concepto de “cadena de ganados y carnes”, y manos a la obra.