La provincia de Entre Ríos es un ejemplo válido de lo que ocurre con la agricultura en muchas zonas del país. Allí, el crecimiento del área sojera fue del 930% en los últimos 15 años y del 874% la producción.

En la provincia donde la soja reina, el correcto uso de la tecnología disponible no es sólo un desafío sino más bien una regla. Por esta razón, SPS eligió la localidad de Victoria para llevar a cabo su jornada de actualización técnica “Puro Soja”.

Allí, ante alrededor de 100 productores, los principales especialistas del cultivo abordaron recomendaciones sobre el uso de herramientas disponibles como la caracterización de los ambientes y la elección de variedades, la fertilización, la inoculación y el control de plagas y enfermedades.

La magnitud que ha adquirido la soja en esta región del país fue puesta de manifiesto en la jornada Puro Soja por Gladys Eguía, del proyecto SIBER (Sistema de Información de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos). Según la especialista, la superficie de soja entrerriana ronda 1,4 millones de hectáreas entre soja de primera y de segunda.

En ese contexto, Marcos Bradley, Producto Manager Soja de SPS, hizo hincapié en la correcta elección de las variedades a sembrar y la necesidad de seguir los ensayos, de manera de tomar la decisión de acuerdo al comportamiento que han tenido en cada ambiente en el que se va a sembrar.

En esta zona, donde el grupo VI es uno de los más difundidos, Bradley manifestó que SPS cuenta con el liderazgo de la 6x2, demostrado en los ensayos de la Red Nacional de Cultivares de Soja (RECSO) realizados en Entre Ríos. Además, recordó que la marca avanza a pasos agigantados en el mercado de la soja, gracias a la excelente plasticidad de la genética con que cuenta, que viene quedando de manifiesto en los distintos ensayos realizados en el país. Hoy, según los datos de la última RECSO, SPS mantiene el liderazgo absoluto en grupos III, con materiales como la SPS 3900 o la SPS 3x1. También se destaca en los grupos IV, con la 4x0, y dispone de una paleta de variedades para cada zona con alta performance pero, principalmente, gran estabilidad en los rendimientos, un dato clave para un año donde arriesgar es el peor consejo.

En esto de no arriesgar, Bradley les recordó a los productores la necesidad de evaluar la calidad de la semilla antes de sembrar. “La gran seca que vivimos durante la última campaña ha ocasionado graves problemas de calidad en las semillas de soja que pueden repercutir en el poder germinativo. No son tiempos para hacer las cosas más o menos. Existen herramientas para trabajar bien y moverse sobre seguro”, instó el especialista de SPS.

¿Cómo moverse?

Para Norma Arias, de la experimental del INTA Concepción del Uruguay, 3 factores son determinantes para sembrar soja: el ambiente climático, la nutrición en suelo y el control de plagas y enfermedades.

En el primer punto, Arias destacó la baja humedad relativa ambiente que perjudicó a la soja la última cosecha, además de la falta de lluvias. “Tuvimos días de humedad relativa ambiente de extremos. En los 55 años que tiene nuestra unidad meteorológica, nunca se habían registrado. Al día siguiente que había llovido, estábamos en 17/18% de humedad relativa”, explicó. De allí que haya que tener un ojo puesto en cómo conservar la humedad del suelo, más allá del buen pronóstico climático que se estima.

En materia de nutrición, Arias consideró que la inoculación es una práctica obligada. “Para producir 3 mil kilos de soja, se necesitan 240 kilos de nitrógeno (N), que equivalen a 520 kilos de urea. Como a nadie se le ocurriría fertilizar la soja con 520 kilos de urea, por suerte, tenemos la fijación biológica de N, a través de la inoculación”, sostuvo. Arias destacó que a los suelos vertisoles de la provincia es por demás importante aportarles fósforo, mientras que para los otros nutrientes sería conveniente el monitoreo si se mantiene el proceso de intensificación agrícola.

En lo que hace a plagas y enfermedades, la experta del INTA recomendó el monitoreo durante todo el ciclo del cultivo, diversificar grupos de madurez y fechas de siembra, rotación de cultivos para disminuir la carga patogénica en los lotes, el
control de la soja guacha para evitar el puente verde y programar las siembras para lograr un uso más eficiente de pulverizadoras para el control de plagas y enfermedades.

Por su parte, Diego Santos, del INTA Paraná, hizo hincapié en la importancia del fotoperíodo y recomendó “manejar los efectos de la fecha de siembra y de localidad sobre el fotoperíodo, lo que ayuda a comprender los resultados de distintas fechas de siembra sobre distintos grupos de madurez”.

Santos subrayó que para los ambientes tempranos es sumamente importante la elección del genotipo. “El piso de madurez, en nuestra zona, está en 4,8/4,9. Las variedades V medio indeterminado son ideales para estas fechas de siembra muy tempranas”, afirmó. Para las fechas de siembra tardía (mediados de enero, sobre trigo), lo que incide mayormente es la manipulación del genotipo y del manejo, cambiando distancias entre surcos y variando densidad de siembra.

“En siembras tardías de segunda, un cultivar indeterminado, de ciclo corto, expresa una mayor respuesta en rendimiento al acercar hileras y al aumentar la densidad, respecto de un cultivar largo”, concluyó.