Una andanada de nuevas medidas y actitudes contra el agro, que afectan su economía y la de gran parte del interior, muestran a las claras que para el kirchnerismo, y particularmente para el matrimonio presidencial, nada de lo que se informa acerca de la crisis del campo parece tener importancia.
Palos porque bogas y palos porque no bogas, parece ser la tesitura gubernamental. A las ya conocidas medidas que vienen perjudicando a los principales renglones productivos desde fines de 2005, las últimas semanas se han agregado otras en tropel.
Por ejemplo, tenemos el veto presidencial a la suspensión de las retenciones a los granos provenientes de 37 partidos de la provincia de Buenos Aires afectados por la sequía, extendido sorpresivamente a otros beneficios de la misma ley, que iban a ser otorgados bajo la forma de condonación de tributos y créditos a bajas tasas de interés. Así, se han desconocido situaciones de desastre provocadas por la sequía en las provincias de Santa Fe, Santiago del Estero, Neuquén, Río Negro, Mendoza, Catamarca y Salta.
En estos días se conoció también el pedido de renuncia al ministro de Asuntos Agrarios bonaerense Emilio Monzó, quien pese a su condición de diputado provincial del bloque kirchnerista mostraba una cercana relación con el ruralismo, inaceptable para el ex presidente Néstor Kirchner, quien, pese a negarlo, habría sido el inspirador de su remoción.
En otro orden, la decisión de desempolvar el proyecto de ley de arrendamientos, que se encontraba paralizado desde hace un año, se interpreta como un intento de introducir otra cuña en la Comisión de Enlace. Pero, al parecer, este propósito se frustró si se tiene en cuenta la reacción del presidente de la Federación Agraria, quien no avaló la versión actual del proyecto.
La referida andanada de medidas en contra del campo continúa con la permanencia de la prohibición de exportar trigo y maíz, pese a los anuncios expresados un mes atrás, luego de la última reunión de diálogo entre la dirigencia rural y el equipo gubernamental presidido por el jefe de Gabinete. De esta manera, ha quedado sin solución la siembra de trigo, condenada a tan escasos volúmenes que sólo podrían equipararse con los de hace un siglo. Al mismo tiempo, el cultivo del maíz presenta interrogantes nada halagadores.
Para agregar sorpresas, la promesa presidencial de un mes atrás, de aportar un subsidio de 20 centavos por litro de leche a los tamberos medianos y pequeños, se demora, según expresión de los productores, por la exigencia arbitraria de una nota de reconocimiento al tan temible como pintoresco secretario de Comercio.
Finalmente, y reiterando situaciones anteriores, la Oncca mantiene un retraso de tres meses en la distribución de la cuota Hilton de exportación de cortes de carnes vacunas de alta calidad y precio. Su consecuencia es que se amontonan ofertas en los nueve meses restantes con efecto demoledor sobre los precios de esas exportaciones, que además, ahora deben afrontar la oferta estadounidense, beneficiada por una nueva e importante cuota asignada por la Unión Europea.
Además del odio, no se encuentra otra explicación racional para todas estas decisiones del gobierno nacional que tanto perjudican a un sector productivo de tan alta eficiencia y productividad, ahora afectado, además, por una brutal sequía de larga duración. En lugar de atemperar las consecuencias de este flagelo, se insiste en minar las reservas del campo como si satisfacer un deseo de venganza fuera más importante que producir y exportar más para beneficio colectivo y del propio Estado, que se queda con sus tributos.