La idea era abrir la válvula de escape de una caldera que había acumulado demasiada presión. Encima, la persistencia de la sequía, que pone tan nerviosos a los productores como las apariciones de los Kirchner por TV.

Se advertía el cuidado que ponía la Mesa de Enlace para evitar desbordes, como los cortes de ruta, exigidos por buena parte de la base chacarera.

Lo logró a duras penas, mientras machacaba con que no se prolongaría el paro comercial más allá de lo inicialmente dispuesto.

El equilibrio altamente inestable se complicó el miércoles, cuando trascendió el pedido de renuncia al ministro de Asuntos Agrarios de la provincia de Buenos Aires, Emilio Monzó. Un hombre que se había perfilado como un interesante puente entre el oficialismo y la dirigencia. No está más para eso, aunque dijo que seguirá en la política, retornando a su diputación en la provincia.

La cuestión es que el paro comercial, que tuvo un acatamiento contundente, le dio al Gobierno el pretexto para seguir demorando el anuncio más esperado: el de la implementación de un nuevo régimen para la exportación de granos.

Lamentablemente ya es bastante tarde, y hay también demasiada bronca como para torcer la decisión de los productores, que han decidido que esta es una campaña de transición, en la que hay que zafar como se pueda.

Pero todo lo que se haga para lograr una siembra más equilibrada entre los distintos componentes de la cosecha gruesa, sería más que bienvenido. La "sojización" que está generando el Gobierno va a tener un inevitable impacto en los precios.

Cada millón de hectáreas que pasen de soja a maíz o girasol, significan 3 millones de toneladas menos en el mercado mundial, donde la Argentina pesa decisivamente.

Esta semana los precios empezaron a acusar el aluvión mundial, que arranca con una gran cosecha en los Estados Unidos, y seguirá con la sudamericana.

Hoy el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos habla de una cosecha de 51 millones de toneladas para Argentina, pensando en una superficie cultivada de 20 millones de hectáreas.

Pero como habrá poco y nada de soja de segunda, ya que no se sembró trigo en la zona núcleo, todo será de primera, que rinde más.

Es probable que si el clima acompaña estemos más cerca de los 60 que de los 50 millones de toneladas.

La escasa intención de siembra se siente en el mercado de fertilizantes. La Argentina se sigue primarizando: en el 2007 exportamos 4 millones de toneladas de fertilizante (la mitad de producción nacional, la otra mitad importada) bajo la forma de maíz, trigo, girasol y soja. Este año será menos de la mitad. Las fábricas locales zafan exportando, por ejemplo, a Uruguay, donde se hace la agregación de valor.

Lo paradójico es que esta transformación de urea y fosfatos en granos la hacen productores argentinos, que están convirtiendo a Uruguay en una nueva potencia agrícola.