Ingeniero Anibal S. Fernández Director de tecnología de SURSEM S.A
El comienzo del año 2008 mostraba la consolidación del crecimiento mundial,
liderado por China e India y el fuerte aumento de los precios de las comodities
agrícolas, impulsados principalmente por el aumento de la demanda de alimentos y
por las deficientes cosechas que redujeron los stocks mundiales.
Pero el dramático comienzo del año 2009 mostraba un mundo diferente, en el que
la preocupación por la seguridad alimentaria fue sustituido por la urgencia en
solucionar la crisis financiera y los problemas de la economía global.
Sin embargo constituiría un imperdonable error olvidar las señales que los
mercados nos dejaron en 2008, ya que se estima que para 2050 la población
mundial alcanzaría los 9.000 millones de habitantes con lo que la demanda
alimentaria seguirá aumentando en forma constante. El continuo aumento de la
oferta de alimentos que se produjo en el pasado hizo parecer obsoleta la
predicción de Malthus cuando afirmó que la población humana crecía en progresión
geométrica mientras que la producción de alimentos lo hacía en progresión
aritmética.
Lamentablemente, hoy el crecimiento de la oferta de alimentos se ve amenazada
por limitaciones en la disponibilidad de tierra cultivable y agua y por los
efectos negativos que el cambio climático pueda tener sobre el potencial
productivo global.
Recientemente la agencia de las Naciones Unidas para la Agricultura y
Alimentación (FAO), alertó sobre la posibilidad de que se origine una crisis
alimentaria global debido a que la producción agrícola no aumentará este año por
la falta de créditos para los productores. La FAO estima para el corriente año
una reducción en la producción global de granos debido a una menor superficie
sembrada y a los menores rindes que se obtendrán por menor uso de insumos y por
condiciones climáticas adversas.
Con los niveles productivos actuales, más de 1.000 millones de personas padecen
hambre en el mundo. Será necesario duplicar los rendimientos de nuestros
cultivos en los próximos cuarenta años para satisfacer plenamente la demanda
mundial de alimentos en 2050.
Para aumentar la producción de alimentos en forma sustentable, optimizando el
uso de los recursos naturales, una de las herramientas esenciales con que
contamos es la disciplina del mejoramiento genético vegetal. La llamada
Revolución verde es un claro ejemplo del enorme potencial de esta actividad
definida como la ciencia y el arte aplicados al desarrollo de mejores plantas y
cultivos.
Revolución verde es el término empleado para referirse a la transformación de la
agricultura que comenzó después de la segunda gran guerra, al crearse en México
una estación experimental para desarrollar nuevas y mejoras variedades de trigo
para poder satisfacer la demanda de una población en crecimiento. Una década
después de comenzado el proyecto, México, que importaba la mitad de sus
necesidades de trigo, logró autoabastecerse y al final de la segunda década se
convirtió en país exportador del cereal. El éxito de éste proyecto internacional
se repitió más tarde en India con el cultivo de trigo y con el llamado “arroz
del milagro”, que la convirtió en uno de los países mas eficientes en la
producción de este cultivo fundamental en la dieta del pueblo indio.
El aumento de productividad de un cultivo a través del tiempo está determinado
por una componente genética (nuevas variedades o híbridos) y por una componente
ambiental (agroquímicos, siembra directa, etc.). Cuando mediante experimentos
especialmente diseñados se discriminan ambos efectos se puede identificar la
ganancia genética lograda en un periodo dado. Así ganancia genética es el
aumento de productividad logrado por un programa de mejoramiento luego de uno o
varios ciclos de mejora.
Trabajos realizados en varios países y en diferentes cultivos, muestran que la
ganancia genética explica alrededor del 50% de los aumentos de productividad de
los principales cultivos durante el último medio siglo.
Evolución del rinde en Argentina.
En el gráfico se muestran las curvas de rinde nacional para maíz, soja, trigo y girasol durante los últimos cincuenta años.
El cultivo de maíz muestra una mayor tasa de crecimiento (340%), la que se
aceleró en las últimas dos décadas principalmente por la adopción de híbridos
simples y la siembra directa en los años ochenta y por el advenimiento de la
biotecnología a partir de los años noventa.
El cultivo de soja que creció un 250% en cincuenta años también se vio
favorecido por la siembra directa y la biotecnología (variedades RR). Sin
embargo, la gran expansión que tuvo el cultivo hacia zonas más marginales fue
seguramente en detrimento de los rindes promedios.
Los rendimientos de girasol y trigo crecieron 230% y 180% respectivamente entre
1960 y la actualidad, siendo dos especies en las que no hay desarrollos
biotecnológicos y en los que la inversión en mejoramiento genético es menor.
Así vemos que el aumento de productividad durante las últimas décadas se duplicó
en el caso de girasol y trigo y se triplicó en maíz y soja.
En general las ganancias genéticas son causadas por mejoras en la tolerancia al
stress biótico y abiótico, por ejemplo una mayor resistencia a enfermedades y
mayor tolerancia a sequía.
El mejoramientos a enfermedades como el “mal de Río Cuarto” y roya en maíz,
Verticillium y Sclerotinia en girasol, Cancro del tallo y Phythosphora en soja y
Fusarium y roya de la hoja en trigo, han sido importantes logros obtenidos por
los genetistas que pusieron su empeño en desarrollar cultivares más resistentes
a estas enfermedades aumentando los rendimientos y la estabilidad de los mismos.
Otro aspecto que fue muy importante en el crecimiento del rinde es el aumento en
la eficiencia de producción de grano. El desarrollo de cultivos con una
estructura de planta mas eficiente, con tallos mas fuertes, sistemas radiculares
mas desarrollados, etc., han posibilitado la adopción de nuevas prácticas
culturales que tuvieron un fuerte impacto sobre la productividad de los
cultivos.
Con valores de ganancia genética del orden del 50%, prácticamente la mitad del
aumento de productividad lograda en los últimos cincuenta años se gestó en los
diversos programas de mejoramiento genético diseminados en el país.
Que es un programa de mejoramiento genético?
Un programa de mejora típico está conformado por cinco actividades principales:
a) Banco de germoplasma
b) Biogenética
c) Bioinformática
d) Aspectos regulatorios
e) Propiedad intelectual
El acceso y manejo del germoplasma o base genética es crítico en cualquier
proyecto de mejora a largo plazo ya que sin una adecuada variabilidad genética
no puede generarse ganancia genética. Por ello el acceso a germoplasma tanto con
adaptación local como el germoplasma exótico, el conocimiento de los grupos
heteróticos existentes, la identificación de materiales con tolerancia a
enfermedades, etc., son aspectos claves de todo programa de mejoramiento.
La biogenética comprende los procedimientos, metodologías y estrategias de
mejora empleadas por los genetistas para lograr sus objetivos. La adopción o no
de ciertos procesos o herramientas pueden explicar los diferentes resultados
obtenidos por distintos programas.
La bioinformática se refiere al empleo de programas y equipos de gran
potencia, que permiten un rápido y eficaz almacenamiento y análisis de la enorme
masa de datos generados por el programa. La precisión en la identificación de un
nuevo cultivar superior, realizada entre varios miles de candidatos es hoy un
proceso mas eficiente gracias al desarrollo de la bioinformática.
Todas las actividades desarrolladas por un programa de mejoramiento están
reguladas por instituciones gubernamentales. En el caso de nuestro país el
organismo de control es el INASE (Instituto Nacional de Semillas). Aspectos tan
diversos como la fiscalización de ensayos de cultivares inéditos, como el
control de experimentos regulados con nuevos eventos biotecnológicos, son
realizados y controlados según las normas establecidas por el INASE.
Los derechos de propiedad intelectual en especies vegetales es un área de gran
importancia y complejidad. La legislación mundial muestra grandes diferencia
entre los países, tanto en los conceptos como en las formas adoptadas para
ejercer la protección de las variedades. La Unión Internacional para la
Protección de Variedades Vegetales (UPOV), ha generado una importante
legislación, cuyos objetivos principales son la protección de las variedades y
la promoción internacional del mejoramiento genético. Los derechos intelectuales
utilizados para proteger al obtentor de un cultivar constituyen un resguardo a
la inversión en investigación y desarrollo realizada por la parte obtentora.
Si como mencionamos anteriormente, las estimaciones de los organismos
internacionales indican que la producción alimentaria deberá duplicarse durante
los próximos cuarenta años para poder hacer frente al crecimiento demográfico,
surge una inquietante pregunta: ¿Podrá el mejoramiento genético hacer frente a
tremendo desafío?
Expertos en genética vegetal, biología molecular, biotecnología y agronomía
consideran que:
1) El mejoramiento genético seguirá siendo la base y herramienta esencial para
generar el aumento de rinde futuro, el que seguirá incrementándose durante las
próximas décadas a las mismas tasas que en el pasado reciente.
2) La biotecnología, mediante una mayor oferta y difusión de cultivos
transgénicos, continuará aportando caracteres defensivos como tolerancia a
herbicidas, enfermedades, plagas y sequía.
3) La biología molecular facilitará la generación y manejo de la variabilidad
genética y de la selección, aumentando la velocidad y precisión de los procesos
de mejora, para el logro de mayores rindes y mayor tolerancia a los factores
bióticos y abióticos limitantes del mismo.
4) La globalización en la evaluación y uso del germoplasma disponible y el
acceso universal a las nuevas tecnologías abrirá nuevas posibilidades de
crecimiento.
Por todo lo mencionado, se puede afirmar que están dadas las condiciones
necesarias de amplia base genética, modernas tecnologías, expertos idóneos,
empresas preparadas y la vocación para generar en las próximas décadas el
crecimiento formidable que permita duplicar los rendimientos actuales.
Ingeniero Aníbal S. Fernández
Director de Tecnología de SURSEM
El Ingeniero Aníbal S. Fernández se desempeñó por treinta años en las semilleras de primer nivel, donde ejerció el cargo de Director de Investigación.