El economista Javier González Fraga planteó dos posibles escenarios para el futuro próximo. En caso de persistir la orientación actual de la economía, durante el período 2010-2011 el país va a tener serios problemas, en gran medida por la más que factible desaparición de inversiones y la huída masiva de capitales.
El otro panorama es más alentador: una rectificación de la política podría cambiar la situación en cuatro meses y posicionar a la Argentina en el sendero virtuoso. Si se toman decisiones correctas, sustentadas en la apuesta por la producción, el año entrante puede ser relativamente mejor que 2009.
González Fraga negó que haya relación entre la situación actual y la crisis del 2001, cuando había el triple de desempleo y una caída del 20% del producto. Además, aseguró que no hay ningún riesgo de corralito, porque los bancos están sólidos y los fondos, austeros y cuidadosos.
Con el contexto macroeconómico vigente, González Fraga previó una inflación del orden del 12% anual, con una caída del PBI del 3%, un dólar de 4,5 pesos a fin de año y situación fiscal complicada, pero que no llegará al default.
Las declaraciones de González Fraga se formularon en el marco de la conferencia “Perspectivas económicas generales en un año electoral” organizada por los grupos CREA de la zona Mar y Sierras en la ciudad de Azul.
El mundo consumirá menos
En el nivel mundial, “el panorama es un iceberg del que solamente se ve la parte menos importante. Hay 150 millones de familias de clase media y baja que han sido la locomotora de crecimiento en los últimos 25 años y que van a consumir menos”, expresó González Fraga.
Otro aspecto destacado por el orador fue el cambio en el patrón del consumo y las condiciones de vida de los ciudadanos norteamericanos: “El 80% de las familias en ese país tiene acciones o bonos en planes de retiro o fondos de pensión. Esto está achicando sus expectativas de bienestar futuro. Existe un cambio brusco en el consumo que nos va a golpear a través del precio de los commodities”, adelantó.
En cuanto a las reacciones frente a la crisis, destacó la actitud austera adoptada por los norteamericanos: “llevaban más de 12 años consumiendo más de lo que ganaban, en un promedio del 10%. En seis meses pasaron del 110% al 92%, lo que significa 8 puntos de ahorro positivo”.
Errores en la política económica interna
“La Argentina estaba muy bien posicionada para pasar desapercibida en esta crisis internacional. Somos un país productor de alimentos, fundamentalmente agropecuario, y eso es una fortaleza”, sostuvo el ex presidente del Banco Central. Sin embargo, recordó que la desaceleración de la economía argentina es anterior a la crisis internacional, a partir de la falta de políticas y medidas coherentes por parte del Gobierno nacional.
Además, González Fraga criticó el fuerte deterioro fiscal que se registra en el país: “Teníamos más de 3 puntos de superávit en 2007 y 2008, que se está consumiendo para subvencionar el consumo de la clase media y alta de Buenos Aires; se han dilapidado 10 puntos del producto en 3 años con estos subsidios. Esto significa una pérdida de 300.000 millones de dólares, un año de Producto Bruto”.
De cara al futuro, vaticinó que la situación internacional obligará a la autoridad monetaria a seguir devaluando para desalentar la huída de capitales, con un precio esperado de 4,50 pesos por dólar a fines de 2009.
Panorama agropecuario más alentador
Para el ámbito agropecuario, el orador prevé un escenario con síntomas de mejoría: “algunas actividades estarán mejor y otras peor. La soja vuelve a ser la niña bonita a pesar de las altas retenciones. La lechería, en la medida que sea de exportación, podría vislumbrar una posible recuperación”.
Asimismo, mencionó la expectativa de aumento de valor de la carne para el próximo lustro y la reducción de algunas normas que tienen amordazadas a la lechería y ganadería: “La leche ha rebotado del 1700 a 2300 dólares por tonelada y la Cuota Hilton pasó de 8000 a 13000 dólares por tonelada”, distinguió.
No obstante, la sequía y la falta de inversión son los factores que frenan el crecimiento agropecuario, sumados a la falta de medidas adecuadas desde el sector oficial. “Una cosa es que llueva o no y otra cosa es el impacto de la sequía, que se agravó por el efecto de las medidas del Gobierno. Si la diferencia que le han sacado a los productores se hubiese invertido en sistemas de irrigación, más de cinco millones de hectáreas se hubieran podido regar”, criticó.
En ese sentido, reprochó el enfoque de desacoplar los mercados internos de los internacionales por medio de las retenciones y restricciones a la exportación: “Tenemos que crecer con negocios internacionales y hacer de la exportación nuestra locomotora de desarrollo. La Argentina, por su naturaleza, está condenada a ser una potencia agro-industrial. Hay que diseñar una estrategia de desarrollo. Si no somos capaces de hacerlo nosotros, el mundo nos lo impondrá de otra manera”, concluyó.