En este período del año, que finalizará en las próximas semanas, los productores deben tomar sus decisiones de siembra en función de sus expectativas sobre el futuro cercano. La recepción de señales correctas de parte del mercado y del gobierno puede ser determinante, si se pretende evitar repetir una campaña como la 2008-09, con el triste registro de haber resultado la peor en los últimos 29 años.
En este sentido, resultará fundamental resolver cuestiones pendientes en el mercado de trigo que permitan proyectar un escenario más optimista e incentiven la inversión productiva al garantizar un marco de estabilidad de las reglas de juego y de sustentabilidad y sostenibilidad económica para los distintos actores de la cadena de valor.
En primer lugar, es fundamental poner en práctica medidas que permitan extender el horizonte de planificación, buscando herramientas que viabilicen los mercados de futuro y la dinamización de los contratos de entregas a futuro de mediano plazo, hoy con serias dificultades. Extender los plazos de las licencias de exportación, permitir la apertura de los registros de exportación durante todo el año, cuidando y cubriendo nuestro mercado interno, serían señales clave en ese sentido, permitiendo a los productores aprovechar las más optimistas expectativas de precios internacionales actuales y revitalizando los canales de comercialización y financiación productiva, seriamente dañados por la importante retracción de las operaciones a futuro del pasado reciente.
El productor necesita las herramientas mencionadas de mercados a futuro, y de esa manera, destrabar las operaciones habituales como “canjes” y créditos atados a ventas futuras, ya que luego de una campaña magra, no hay capital suficiente como para encarar la siembra de trigo y utilizar la tecnología necesaria.
Asimismo, la reducción de los derechos de exportación para el trigo resulta de especial necesidad para retornar a resultados positivos en la ecuación económica, luego de una campaña fuertemente negativa.
Con medidas de estas características, de gran impacto positivo en todos los eslabones de la cadena productiva del trigo, se lograría la doble virtud de tener un mínimo, o incluso nulo, impacto fiscal. Así, por ejemplo, tomando como punto de referencia la superficie sembrada en la última campaña, pero con un rinde similar al promedio de las cinco campañas anteriores, lo cual daría una producción de 12 millones de toneladas, una reducción al 10% en la alícuota de derechos de exportación del trigo y sus derivados produciría una disminución de la recaudación por este tributo del orden los U$D 205 millones.
Esta recaudación, que afectaría los resultados fiscales del año próximo, ya que la presente campaña ha sido liquidada casi en su totalidad, equivale al 2,1% de toda la recaudación por derechos de exportación del año 2008 y a tan solo 0,27% de la recaudación del Estado Nacional en ese mismo año.
Sin embargo, esta cifra no contempla el hecho de que gran parte de la recaudación resulta compensada con el aumento de lo colectado con otros tributos. Según un modelo elaborado por la Bolsa de Cereales para Argentrigo, esta compensación sería de U$D 140 millones de dólares, con un resultado neto negativo de tan solo de U$D 63 millones de dólares.
Es importante destacar que esta caída en los ingresos fiscales sería recuperada con un aumento en el área sembrada de 450 mil hectáreas o un aumento en los rindes de 8,9%, valores fácilmente alcanzables en un marco en el cual las buenas señales y expectativas incentiven la inversión y la utilización de la mejor tecnología disponible.
David Hughes - Presidente
Abril de 2009
Fuente: Argentrigo