Al cierre de este análisis, día en que el mercado local comenzó a operar nuevamente de forma normal, los precios cayeron. Y es lógico que así haya sido luego de la semana vivida en el mundo.
El mercado doméstico, por la soja con descarga contractual, operó alrededor de $ 825 y se oyeron ofertas para la soja entrega en mayo a u$s 218.
Se trata de una noticia dura de tragar. Pero no nos quedemos con esta foto.
Si miramos con cierta frialdad lo que hoy está sucediendo, podremos apreciar que hay claros indicios acerca de una próxima recuperación de los indicadores financieros en el mundo.
Existe una apreciación más calma que es, cada vez, más aceptada. Es la idea de que los países del primer mundo habrían llegado al piso de la crisis financiera. Al menos, por ahora, ésta es la concepción.
Si analizamos la coyuntura por el lado de oferta, la cosa es delicada. La cosecha en el MERCOSUR mostrará una reducción de al menos 10 millones de toneladas respecto a lo esperado. Y es probable que esta rebaja sea mayor, en vista de los resultados que está mostrando la trilla de soja de primera en la Argentina.
Los factores alcistas dominan los fundamentales del mercado. Hasta el presente, no se advierte un incremento en la oferta por parte de los EEUU para compensar la rebaja de la soja sudamericana. Pensemos que, para la Argentina, la cifra de cosecha, más barajada, es la de 40 millones de toneladas. De hecho, la propia Secretaría de Agricultura de la Nación acaba de admitir, en una estimación “preliminar” que la producción se ubicaría entre 37 y 39 millones de toneladas. Cuando los mercados tomen debida nota de ello, debería haber una mayor presión sobre los precios.
A consecuencia de ello, los operadores esperan -es cierto, con un poco de desconfianza- que las cosas comiencen a encarrilarse.
Como bien lo muestran los mercados bursátiles el clima es diferente en el mundo.
De ser así, la demanda por alimentos y energía estaría pronta a despertar. Una muestra de ello lo da el petróleo: el crudo logró ubicarse por arriba de los 50 dólares el barril.
Un dato curioso viene por el lado de la oferta. La superficie dedicada a la agricultura está en baja o, en todo caso, está clavada en un mismo número, y por ello, es probable aguardar un cuello de botella a la hora de cubrir una demanda, nuevamente en aumento.
Esta potencial suba tomaría cuerpo cuando los activos líquidos en el mundo pretendan verse protegidos de la inflación. Los fondos deberán tomar en cuenta a los granos, como la soja, como un destino para sus inversiones. En definitiva la soja es una opción como reserva de valor, sustentada en necesidades reales de la población. No hablamos de cualquier cosa, hablamos de alimentos.
La política de tipo “keynesiana” que ha adoptado el gobierno demócrata abre un interrogante muy serio acerca de la inflación. La gente percibe que la estabilidad en los precios internos en EE.UU. ha llegado a su fin.
La inflación norteamericana, seguramente, seguirá un derrotero creciente. ¿Por qué? La respuesta en relativamente sencilla: dada la intención del gobierno de ese país de comprar activos tóxicos a los Bancos por parte de la Reserva Federal, lo que se espera es mayor “emisión” de dinero, con su consecuente debilitamiento en el dólar.
Si analizamos la coyuntura por el lado de oferta, la cosa es delicada. La cosecha en el MERCOSUR mostrará una reducción de al menos 10 millones de toneladas respecto a lo esperado.
Los factores alcistas dominan los fundamentales del mercado. Hasta el presente, no se advierte un incremento en la oferta por parte de los EEUU para compensar la rebaja de la soja sudamericana. Pensemos que, para la Argentina, la cifra de cosecha, más barajada, es la de 40 millones de toneladas.
Con respecto a Brasil, también se estima una baja. La Cámara que agrupa a los aceiteros brasileños, Abiove, calcula una cosecha de soja de tan sólo 57,7 millones, cuando la de la campaña anterior alcanzó un nivel de 59,9 millones de toneladas
A su vez, Paraguay, por los problemas de sequía que golpearon a toda Sudamérica, mostraría una cosecha muy baja, con una caída próxima al 40%.
Por el lado de la demanda se aprecian signos muy positivos. EE.UU. está vendiendo con toda celeridad a China.
Estas exportaciones norteamericanas están registrándose en un período del año inusual, pues, esta época es la de operaciones provenientes de América del Sur. Y si bien es cierto que, gran parte del origen de ello, es el propio paro de la Argentina, el dato no deja de ser revelador.
Ánimo, entonces.