La movilización a Plaza de Mayo para reclamar por la seguridad de los ciudadanos ante al acecho de los delincuentes se ha convertido en el acontecimiento social más importante de los últimos días, más allá de un inexplicable intento gubernamental de impedir o limitar ese legítimo deseo de manifestarse de los ciudadanos.
Por algún motivo que solamente ellos conocen, los Kirchner siempre vivieron las movilizaciones contra los delincuentes y por la seguridad ciudadana como un ataque opositor al Gobierno Nacional.
Por razones desconocidas para la mayoría, el reclamo de mayor eficiencia de parte del Estado en cumplir con su deber de protección policial y aplicación del sistema jurídico para preservar la vida y la propiedad de los ciudadanos, siempre fue considerado por los Kirchner como un ataque contra su gestión, sus ideas y sus enfoques.
Nunca fue diferente. Desde el reclamo tras el asesinato de Axel Blumberg, los Kirchner padecieron el legítimo reclamo popular como un castigo personal.
Y no debió ser así. Los ciudadanos utilizaron su derecho constitucional a peticionar a sus representantes y, en lugar de contener a los representados, que era su deber institucional, los Kirchner trazaron una linea: quienes reclamaban por mayor seguridad ciudadana eran sus enemigos. Insólito.
Los Kirchner se atrincheraron en su enfoque de que la defensa de los derechos humanos consiste en el 2do. juzgamiento de cientos de causas ya archivadas, derivadas de la violencia de los 2 demonios (el gobierno peronista de 1973-1976 y el Proceso de Reorganización Nacional de 1976-1982). Y le negaron la categoría de defensa de los derechos humanos a las víctimas de la delincuencia en el presente. Para colmo, las organizaciones que acompañan al Gobierno en su gestión, comenzaron a interesarse más por si había algún caso de gatillo fácil o de exceso policial o de represión penitenciaria que por los ciudadanos víctimas del delito, como si fuesen realidades excluyentes y una nación no pudiera contener todas las circunstancias.
Todo esto ha provocado mucho enojo entre las víctimas, familiares y amigos, y ha desacreditado, en forma creciente, a esas organizaciones paragubernamentales, profundizando una suerte de división en la sociedad que resultará muy difícil olvidar y superar.
Semejante horror en la interpretación de las demandas sociales provocó un aislamiento de los Kirchner en un tema tan decisivo en la agenda presente de la sociedad que ellos dicen representar.
En vez de liderar el reclamo, los Kirchner permanecen a la defensiva, y esa fue la característica del denominado fenómeno Blumberg, a causa de que la imagen pública de la convocatoria fue Juan Carlos Blumberg.
Sin embargo otro grave error de apreciación gubernamental fue suponer que Blumberg era el protagonista de jornadas tan importantes. Esas movilizaciones tuvieron cientos de miles de protagonistas. Cada uno de los participantes fue el protagonista del reclamo. No importaba la figura de Blumberg sino la fuerza del reclamo.
Pero los Kirchner apuntaban a Blumberg y se preguntaban cómo destruirlo -tarea que no resultó tan difícil ya que Blumberg la facilitó con varios errores, comenzando por aceptar que la Secretaría de Inteligencia ingresara a su vida- en vez de cuestionarse qué había detrás de ese fenómeno de masas.
A decir verdad, no era relevante para el fondo de la cuestión si Blumberg era o no ingeniero. Allá él si no lo era. Lo que no debía abandonarse era la vigencia de un concepto: que la sociedad se siente desprotegida, y que si su reclamo es considerado una afrenta por las autoridades, crece la sensación de indefensión.
Ese es el escenario de la movilización prevista para el miércoles 18/03 a las 18:00. Hay un miedo, una impotencia y un hartazgo que las autoridades no hay interpretado en su verdadera dimensión.
Es el tema. No hay otro que provoque tanta ira en la sociedad. Y viene de arrastre.
En otro de sus muchos errores, los Kirchner intentaron encapsular el reclamo a la clase media-alta y media-media. Voceros del oficialismo insistieron en que la protesta por la inseguridad era de un sector de la burguesía criolla, como si semejante descripción no fuese injusta, mezquina y autoritaria.
Pero, además, es un reclamo que no tiene límites en la sociedad. Las víctimas de la inseguridad se ubican en todos los estamentos sociales. Desde los más pobres a los más adinerados. Y precisamente ese abanico es lo que le concede fuerza, institucionalizando la reivindicación ciudadana.
Persistir en el reclamo equivale a no permitir el triunfo de la delincuencia. Movilizarse es un mensaje de protesta, de advertencia y también de renovación de la confianza de que el Estado puede y debe garantizar la seguridad de sus ciudadanos y el funcionamiento de un sistema jurídico confiable.
Los ciudadanos consideran que el Estado cuenta con herramientas legítimas para defenderlos, y solamente reclaman que las utilice en forma conveniente. Y lo increíble es que los Kirchner, que tanto han reivindicado más Estado en otros temas, se resisten en esta cuestión que hace a la seguridad de la población.
Esas herramientas son diversas: desde la educación y la reeducación (que solamente tendrán resultados en el mediano y largo plazo) a la represión policial más conveniente, el procesamiento, enjuiciamiento y cárcel para los culpables en el corto plazo.
¿Qué esta locura zaffaronista de considerar que la palabra represión es mala en sí misma? La palabra represión quiere decir que a quien no cumple con las leyes, se lo castiga, con las penas que contempla la propia legislación. Y eso es para todos por igual. Si no fuese así, está mal. Muy mal.
Ese es el espíritu de la convocatoria a Plaza de Mayo. No es una marcha opositora pero también es una locura concederle a todo espíritu crítico independiente la categoría de opositor. Aparentemente, para los Kirchner la reflexión es negativa, y eso también está mal. Muy mal. Pero será motivo de otra marcha, no de ésta.