Si miramos a lo largo del mes, vamos a darnos cuenta de que los valores internacionales han mantenido un comportamiento positivo y -lo más interesante de todo- veremos que este comportamiento fue dándose en medio del tembladeral financiero en el mundo.

La historia sirve para comparar. Es interesante ver qué pasó en tiempos anteriores.

Durante la gran crisis de los años ’30, los precios de los commodities agrícolas bajaron, al menos, a un tercio de su valor. Pero hoy no parece que fuera a darse el mismo fenómeno. En la actualidad, los precios se asemejan a los del año 2007, y son bastante más elevados que los valores de los primeros años de esta década. Esto es bueno.

Este análisis histórico es un indicio de la gran necesidad de alimentos en el mundo. Quiere decir que la demanda está menos supeditada a la crisis que en los años ’30. Esta es una lección que uno podría extraer o ¿no?

Pero, tampoco, estamos en condiciones de cantar victoria. La verdad es que el panorama es demasiado complejo como para hacerlo. De hecho, hay inquietantes indicios que muestran que la situación mundial podría ponerse peor. Nos referimos al informe del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, organismos que prevén una profundización del problema mundial.

Sea lo que fuere, la realidad es que durante este mes, los valores se desarrollaron en una banda determinada, con un piso bien claro. Las cotizaciones no bajaron de u$s 315 y llegaron a un nivel máximo de u$s 325 (FOB, Rosario).

Como se aprecia, la cosa está más estable. La tremenda volatilidad de los precios, a lo del período comprendido entre octubre y enero, pareciera estar desapareciendo. Algo positivo, en esta maraña de problemas.

A través del análisis fundamental, podemos vislumbrar lo que se viene. Según el informe de marzo del USDA, el balance mundial de soja 2008/09, muestra algunas bajas. Para la producción mundial, el reporte revela un recorte, por lo que ésta baja un poco; cae a 223,3 millones de toneladas. El stock queda más o menos igual al estimado en el anterior informe, al calcularse en 49,9 millones de toneladas. Pero ¡guarda! Es sustancialmente más reducido que el correspondiente al año anterior, cuando alcanzó un volumen de 53,1millones. Además, la relación stock/uso estimada, ahora, en 22,1% resulta menor a la del año anterior (23,2%).

Cualquiera que trate de tener un panorama sobre la producción del hemisferio norte, para la campaña 2009-2010, se encontrará con grandes interrogantes. ¿Aumentará la superficie de soja en EE.UU. tanto como para compensar la baja de la producción del hemisferio sur? Esta es la cuestión.

Existen serias dudas de que aumente mucho la superficie para soja, pues cabe la posibilidad de que el maíz tenga mayores precios a consecuencia de un aumento en la demanda para etanol, como respuesta a una estrategia del presidente B. Obama ligada a una menor dependencia a los caprichos de algunos productores de petróleo. A este propósito hay que agregar las campañas para disminuir la contaminación ambiental, derivada del consumo de petróleo. De hecho, se habla de un corte obligatorio de etanol con nafta. Se sabe que el nuevo gobierno estadounidense realizó, días atrás, un llamado para aumentar la producción del etanol para ser mezclado con las naftas de origen mineral.

Y, si bien es cierto que la proyección en la demanda por la soja y los subproductos es a la baja por la crisis financiera, no habría por qué pensar en una caída abrupta en los precios si, desde diciembre último, no se ha vista nada parecido.
Es más, uno podría llegar a creer que la propia crisis afectaría también a la oferta, sobre todo en EE.UU. donde la cuestión de la liquidez es y será un problema muy serio.

Para muestra sólo falta un botón: los mayores precios de los fertilizantes, insumos gravitantes en la canasta de costos de EE.UU, y las subas de las tasas nacionales de seguro para la soja, no ayudan a que el productor se decida a volcar sus recursos en inversiones. Por lo tanto, es probable que éste adopte una posición muy conservadora al respecto. En definitiva, la campaña fue de menores ingresos y la incertidumbre no es buen aliciente a la hora de invertir, sobre todo en un país que, contrariamente a lo que sucede en la Argentina, mantiene una política de protección a sus productores y, por ende, éstos son más renuentes a los riesgos.

Evidentemente, fuera de los factores fundamentales, la crisis incide en los precios. El valor del dólar y del petróleo también. Veamos lo sucedido al cierre de este informe, el día 16 de marzo, a última hora. En Chicago, el mercado tuvo un comportamiento afín a los mercados accionarios y la debilidad del dólar y, por eso, subió el precio internacional de la soja. En la plaza local, con descarga contractual, las fábricas pagaron $ 810 y habría habido ofertas para la oleaginosa, entrega en mayo, a u$s 220

En fin, si la crisis mundial no se acentúa mucho más, es posible que la demanda no se contraiga tanto como para afectar más seriamente a los valores mundiales en un contexto de oferta, en el corto plazo, restringida.

De ser así, el panorama para los próximos días puede ser alentador aún cuando se esté iniciando la cosecha, dada la tendencia a retener mercadería en un cuadro nacional de alta incertidumbre.