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¿Cómo se presenta el futuro?

 

Perspectivas para los próximos meses en la demanda

¿Cuál puede ser la tendencia general en el mundo, para los granos y los subproductos?

La pregunta es buena. Y, lógicamente todos se la hacen. Lo que no va a ser muy buena, probablemente, es la respuesta: ¿fácil es preguntar, difícil es responder sobre el futuro. Sin embargo, algunos elementos, para prever lo que viene, hay.

¿Qué está pasando en el mundo, que sea nuevo? Diferente a lo sucedido en los últimos meses.

Como se sabe uno de los principales factores en la formación  de precios es la demanda.

Un poco de historia

Todo el mundo recuerda los picos de precios registrados en los años 1996/1998. Fueron tiempos de auge, donde muchos auguraban un prolongado período de alta rentabilidad.

Esos tiempos fueron de mayor demanda. ¿Por qué? La razón principal puede encontrarse en la aparición de del Sudeste Asiático como fuerte consumidor de alimentos. Antes de la década del 90, su importancia era muy escasa dado su bajo nivel de desarrollo.

Pero con  los 90, esta zona del mundo comenzó a gravitar en la demanda. Sin embargo lo precios no subieron mayormente sino recién a partir del año 1996.

Esta abrupta suba se dio porque el dólar perdió valor frente a las monedas del Sudeste Asiático ( y además frente a las de la U.E.).

¿Y.. el superdólar?

Cuando el dólar pierde valor, lo que sucede es que las monedas de los países de la zona elevan su paridad y por ello, sus mercados internos pasan a tener mayor poder de compra. En resumen, toda importación  les resulta más barata.

Esta es la razón fundamental de la suba de la demanda en esos años 196798.

A medida de que el valor de una moneda se eleva con respecto a las restantes, las importaciones se abaratan y las exportaciones se ven premiadas,.

Al analizar el valor del dólar, en los últimos años, se nota claramente que la divisa fue revalorizándose contra el euro  y las distintas monedas del Bloque y del Sudeste Asiático, o si se prefiere ellas fueron depreciándose contra la divisa norteamericana.

Esta evolución de las monedas permitió que las exportaciones europeas y asiáticas se hagan más competitivas y las importaciones más caras. Con tal cuadro, lógicamente, la balanza comercial de la Balanza de Pagos se fue haciendo cada vez más superavitaria en Europa y Asia y más deficitaria en EE.UU.

A riesgo de pecar por exceso de simplificación, podría decirse que el crecimiento en el Bloque vino de la mano de las exportaciones y en EE.UU. de un extraordinario influjo de fondos desde el exterior. Una fuerte y sostenida credibilidad en la Reserva Federal de EE.UU. mantuvo un proceso de demanda sobre el dólar en desmedro de otras monedas.

¿Y... el euro?

El 4 de enero de 1999 nació el euro, con una cotización de 1,16 dólares. A partir de ese fecha, con altibajos, no hizo otra cosa que depreciarse. Tuvo períodos de recuperación como el que se dio luego del 12 de julio del mismo año, cuando pasó de 1,01 dólares a 1,09 dólares el 18 de octubre de 1999 o el observado entre 19 de mayo y el 8 de junio de 2000 al subir de 0,89 dólares al máximo del año 0,966 dólares.

Luego hubo algunas alzas que parecían tener cierta firmeza como consecuencia de la promesa de algunos países árabes de pasar sus inversiones del mundo del dólar al del euro. Pero esto no ocurrió.

Lo que si ocurrió fue que su valor siguió bajando hasta llegar a su piso histórico de 0,823 de dólar el 26 de octubre cuando acumuló una pérdida de casi 30% desde su origen.

¿Dólar debilitado y precios agrícolas en suba?

Pero no hay mal que dure cien años. Esta año comenzó con una perspectiva diferente, y a medida que pasa, esta perspectiva se hace más clara.

Es que desde esa fecha el euro logró recuperarse en un 12% y las nuevas condiciones de la economía indican que este proceso de revaluación habrá de continuar. Los indicadores de esta modificación de rumbo vienen tanto de la propia U.E. como de EE.UU.

En EE.UU. la gloria de la nueva economía se está diluyendo. El valor del dólar está sobrevaluado ya que su nivel ponderado por el comercio, ajustado por inflación, se halla ubicado bien por arriba del promedio de los últimos veinte años.

Además, el enorme déficit de cuenta corriente (balanza comercial) de EE.UU. (es de más o menos un 4% de su PBI) resulta difícil de digerir por la economía americana y está asustando a los inversores. 

La cuestión  es que desde febrero el dólar tuvo una baja en su valor de 10% frente al euro y de una cifra similar frente al yen japonés.

Por el contrario, la U.E. muestra claros signos de recuperación. El aumento esperado del P.B.I del año pasado es superior a la media de los últimos años y también lo es el de 2002.

A su vez, el talón de Aquiles de la economía europea, que fuera por varios años su elevado déficit fiscal ha ido reduciéndose rápidamente en el último quinquenio y todo indica que apunta a llegar a cero.

Con  un escenario económico favorable a la entrada de fondos en la U.E .y en buena parte del Sudeste Asiático, las perspectivas de que el dólar acentúe su debilitamiento, mejorará la capacidad de demanda por alimentos y, en consecuencia habrá nuevos factores de presión a la suba en los precios de los granos y subproductos.

Cada mejora en el valor del euro y de las monedas del Sudeste Asiático representa una inmediata recuperación en las cotizaciones en dólares de los productos agrícolas, donde la U.E y el Sudeste Asiático son grandes importadores.

EE.UU.

En estos días estamos entrando en los momentos críticos en la producción  de maíz en EE.UU.

La evolución de la siembra en este país no ha sido favorable. A esta altura del año, en 2001 había un 99% de la superficie sembrada mientras que ahora apenas llega a 93%.

Dadas las condiciones del suelo, con exceso de humedad, difícilmente pueda concretarse lo planeado.

Por ello, es dable esperar una baja en la superficie del maíz y, consecuentemente, una suba en la de soja.

Esto indica un mercado más firme para el maíz  que para la soja.

¿Cuál es el desafío del productor para esta década?

No sólo los productores sino, también, los residentes rurales advierten cambios que afectan seriamente sus vidas. Su preocupación lindando, en muchos casos, con la desesperación es bien clara.

Aún con lo complicada que es la situación, vale  recordar que los tiempos de cambio son también de oportunidad.

De nada sirve encapricharse en la realidad se adapte al estilo de producción histórico.  Mediante la evaluación de las fortalezas y debilidades individuales y de la percepción realista  sobre el impacto de dichos cambios, los productores y participantes de la vida rural pueden identificar oportunidades y realizar planes de acción.

La adopción de nuevas tecnologías, la especialización en commodities, el crecimiento de las unidades de producción (mayor escala) continúan su evolución y nada hace prever que vaya a detenerse su derrotero.

Estos cambios siguen desplazando productores y mano de obra hacia las ciudades o hacia establecimientos grandes.

Las poblaciones rurales y la de los pueblos prosigue disminuyendo y, a su vez, los negocios rurales tienden a achicarse, en tanto que los productores grandes se convierten en clientes de proveedores no locales.

Alternativas de producción

En este esquema, el productor enfrenta dos alternativas básicas que, a su vez,  permiten posiciones intermedias.

 Una es la producción de commodities, bajo un sistema de reducido costo y con gran escala. La otra es la producción y comercialización de bienes especializados.

Y en el medio de ambas alternativas se presentan algunas  combinaciones, como ser la producción de commodities en escalas chicas o medianas,  pero combinándola con otras fuentes de ingresos afuera del establecimiento o, simplemente, la de alquilar el campo y efectuar otra tarea que provea un ingreso adicional.

Precios agrícolas: commodities y especialidades

Cuando  se producen granos sin valor agregado se habla de que su precio  es fijado en competencia perfecta.

Ahora bien, ¿por qué se habla de competencia perfecta? 

La respuesta reside en que los negocios de commodities agrícolas y cárnicos se encuentran muy cerca de la competencia perfecta.

En los manuales de economía, son los commodities uno de los ejemplos más usados para explicar la competencia perfecta. Es que el mercado de commodities es un claro exponente de lo que debería ser un mercado de competencia perfecta. 

El lado ríspido de la competencia perfecta  es que brinda siempre una limitada oportunidad de obtener beneficios.  En rigor sólo permite al productor nada más que una ganancia mínima.

Por el contrario, una actividad agropecuaria que se desenvuelve en competencia imperfecta (o al menos, muy alejada de la perfecta) goza de oportunidades específicas que le brindan retornos más elevados ya que los potenciales competidores se hallan bloqueados o limitados para ingresar a ese mercado.

En tal caso y dada la falta de competencia, el que produce bienes específicos, bien diferenciados, logra márgenes superiores de rentabilidad de aquellos a que está acostumbrado el tradicional.

Los productores tradicionales producen commodities que, por su propia naturaleza,  pueden ser fácilmente sustituidos por otros (pues son homogéneos) en manos de otros (que son competidores), mientras que las especialidades difícilmente pueden ser reemplazadas.

Hasta el “crack” de precios de 1997, la estrategia aquí y en el mundo era la de aumentar la ganancia bajando costos. Porque a la producción de bienes homogéneos como el maíz, la soja, el trigo, etc. el precio le viene dado desde afuera.

En tal caso, aquel productor de commodities  deberá ser un empresario de alto volumen y bajo costo,  produciendo bienes indiferenciados, para un mercado de competencia muy cerca de la perfecta.

El cuadro de globalización permite inferir que en el largo plazo, sólo sobrevivirán aquellos productores agropecuarios que tengan escala elevada de producción, tanto sea por su propia extensión como mediante asociaciones.

La realidad es inflexible: la producción de bienes poco específicos y estandarizados, como son los granos y commodities en general, únicamente es viable desde la gran escala.

Las tendencias se muestran muy claras no sólo aquí sino en el mundo. La agricultura se dirige decididamente hacia un esquema compuesto por productores de bajo costo a gran escala, donde comercian commodities (competencia casi perfecta).

Aquel productor que insista en la producción de commodities en pequeña escala desaparecerá más pronto. Si no se logra alcanzar una gran escala de producción, la oportunidad para que el pequeño y mediano productor no sea expulsado del sistema agropecuario está en la gama de producción de bienes más o menos diferenciados.

Es decir, que en  tal  caso el productor deberá ubicarse lo más lejos posible del mercado de competencia perfecta. Siendo así el cuadro, la política económica deberá focalizarse en  la promoción  de bienes indiferenciados para las PyMEs agrícolas.