Buenos Aires.- La producción sojera para la campaña 2008/09 sería de 41,7 millones de toneladas, lo que representaría una caída de 10 por ciento, en tanto que la seca en el maíz dejaría algo más de un millón de hectáreas sin cosechar, y traería como consecuencia una caída de 36 por ciento.
Así lo señaló la Bolsa de Comercio de Rosario, que destacó que la extensa y continua seca quebró las expectativas de superar los 50 millones de toneladas de soja, cual habría sido la intención de los productores.
De las 18,5 millones de hectáreas que se esperaban sembrar inicialmente, se habrían logrado implantar alrededor de 17 millones.
La recuperación en las expectativas de rinde que permitieron las lluvias ocurridas en febrero último, no fueron suficientes ya que los rindes igualmente descenderían 9,4 por ciento respecto de la campaña 2007/08.
De tal manera, la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Rosario estima que con un rinde de 25,5 quintales por hectárea, la producción de soja podría ascender a 41,7 millones de toneladas para esta campaña.
Mientras que la pérdida en soja tendría como foco de atención la productividad unitaria, en el cultivo de maíz llama la atención la superficie que podría no levantarse al cierre de la recolección.
Además de una intención de siembra menor, las prolongadas condiciones adversas a la hora de sembrar determinaron una disminución de 20 por ciento en la superficie finalmente implantada.
La continuidad de la sequía durante las etapas vegetativas y reproductivas del cereal, con lluvias intermitentes y de cobertura irregular, determinaría que 1 millón de hectáreas no darán maíz para ingresar al circuito comercial.
Con 60,5 quintales por hectárea, se estima que la producción de maíz podría
estar en 14 millones de toneladas.
El nivel de precios internacionales y la falta de financiamiento en el sector
obligaron a ajustar la inversión en tecnología aplicada en los cultivos.
En el caso del maíz, el desacople de la relación entre el insumo y el producto, entre este cereal y el valor de la unidad de nitrógeno y fósforo, dejó con serias dificultades las posibilidades de realizar un correcta dosificación para obtener plantas de mayor vigor y enfrentar la falta de agua.
Como ocurriera en la campaña triguera, buena parte de los cuadros implantados quedaron subfertilizados, limitando desde el comienzo las posibilidades de expresión del potencial de rinde.
En soja, muchas siembras se realizaron con menores dosis fosfatadas o se omitieron y se afectó también hasta el uso de inoculantes.
A esto hay que sumarle que el nivel de plagas como trips, arañuelas, bolillera y defoliadoras fue muy severo durante todo el ciclo.
Esta mezcla junto a otros fenómenos meteorológicos podría dejar marginadas de la colecta a casi 410.000 hectáreas sembradas con soja.