Si tras la operación habló de su afecto personal por Cristina Kirchner, ayer no dudó en amonestar algunos puntos de su gestión. "Si se enojan, mala suerte", se resignó ante lo que algunos sugieren podría sobrevenir: un embate de las fuerzas K por su decisión rupturista.

Utilizado un tono llano y punzante, el legislador brindó una improvisada conferencia de prensa al abandonar la clínica en la que fue intervenido el miércoles por la disección de una arteria abdominal, en Rosario.

Allí, dijo no ver al Gobierno "en posición de querer solucionar el problema" del campo, advirtió que los productores "están que arden" y opinó que la estrategia K de reunirse en privado con el presidente de la Sociedad Rural, excluyendo a las otras entidades, perseguía un objetivo: "quieren dinamitar a la mesa de enlace".

Hasta se atrevió a darle consejos a los dirigentes agropecuarios, cuya tarea aprobó: "Sería un error que la mesa de enlace deje de trabajar en conjunto porque ha trabajado bien". Le reclamó diálogo al Gobierno, pero advirtió que quienes se sienten a hablar "tienen que tener poder de decisión".