Ellos son básicamente especulativos. Entran y salen a la velocidad del rayo.
A caballo de las noticias de precipitaciones en América del Sur, especialmente en la Argentina, los fondos decidieron abandonar sus posiciones, sobre la expectativa de una cosecha menos mala.
Pero así como abandonan el mercado granario, de la misma forma entran. Y pueden, aunque no sea por muchos días, abruptas subas.
Nadie tiene la Bola de Cristal, pero es probable que a partir de un precio bajo, los fondos reconsideren su comportamiento y traten de aprovechar oportunidades de suba, con lo que ellos mismos disparan las mejoras.
¿Por qué se puede pensar en que volverían a entrar?
La respuesta es relativamente sencilla: el mercado de granos a la larga se rige por los fundamentos. Y ellos siguen siendo alentadores, en forma moderada, pero alentadores al fin.
La cuestión se hace más optimista si consideramos que el recorte del último informe del USDA sobre la producción de soja de Sudamérica se quedó muy corto. Quiere decir que uno debería esperar que, para el próximo, el USDA vuelva a disminuir su estimación. Y, cuando lo haga, seguramente, será de forma pronunciada.
Debemos acordarnos que se viene una oferta preocupante. En definitiva la cosecha de América del Sur será muy pobre. La caída de la producción en la Argentina será estrepitosa.
Además, la demanda internacional, pese a todos los problemas en el mundo, se mantiene fuerte, con un balance, en el cuadro de oferta y demanda, relativamente comprometido.
En tanto, si las condiciones climáticas en América del Sur se hacen favorables y el dólar logra subir en términos del euro, los precios de la soja se verían afectados negativamente.
Pero si las lluvias no son tan buenas y el dólar afloja, los precios tenderán a recuperarse.
Si algo se puede decir hoy es que no hay que dejarse caer por el pesimismo, a consecuencia de la crisis mundial.
Vale esperar los picos que seguramente vendrán. Paciencia metálica. Esta es la clave.