Ahora sus cálculos muestran un fuerte baja: 3 millones de toneladas menos respecto a la anterior estimación. Así, la cosecha será de 13,5 millones de toneladas, claramente menor a la de la campaña anterior cuando alcanzó un volumen próximo a 21 millones.
Sabemos que este Organismo es muy conservador para establecer cambios de tendencias. Y así, cuando la cosa viene en picada, no se apura a estimar caídas.
Es cierto que, ahora, el USDA se puso más a tiro. Sin embargo, la baja es menor a la que desde otros sectores se estima. La realidad es que, por la seca en plena floración y la menor tecnología aplicada, la cosecha difícilmente supere la cantidad de 11 millones de toneladas.
El comportamiento de la Secretaría de Agricultura, al respecto, es desconcertante. En su último informe -publicado el 21 de enero pasado- no habla nada de producción. Apenas informa sobre la superficie y, así, estima la intención de siembra en 3,40 millones de hectáreas. Ni una palabra de la cosecha.
Proponemos hacer un ejercicio de imaginación. Basta hacer una elemental multiplicación. Si se alcanzare una producción de 32 quintales por hectárea, la producción global sería de tan sólo 10,8 millones de toneladas.
Imagínense cuánto podrá quedar para exportar. Difícilmente lleguemos a un volumen de 6 millones. Para qué engañarnos, seguramente sea mucho menor.
Respecto a la cosecha en Brasil, el USDA estima una reducción de 2 millones y a la de Paraguay una de rebaja de 0,8 millones de toneladas. Es decir casi otros 3 millones menos.
La reducción en Sudamérica será sustancial: algo así como de 8 millones de toneladas.
Hay una cuestión sobre la que conviene reparar. La reducción tan pronunciada en la cosecha de soja sudamericana (probablemente cerca de 15 millones de toneladas), induciría a los productores de EEUU a volcarse más a la soja a fin de compensar la caída. Como la soja es alternativa del maíz, éste vería reducida su superficie. No es descabellado pensar en una disminución en la superficie norteamericana que se aproxime a 1,5 millones de hectáreas menos de maíz, o quizás más todavía.
De ser así, dentro de unos pocos meses, habrá un nuevo elemento para la suba de los precios del cereal. Claro está que este análisis es a nivel internacional. En el futuro argentino tampoco habrá una mejora en la producción de maíz ya que su implantación resulta más caro que el correspondiente a soja.
Respecto a la demanda, es factible una reducción, sobre todo desde Europa y Japón, sin embargo, los precios no deberían acusar el impacto en vista de lo bajos stocks y de la menor producción internacional.
La realidad sobre el mercado doméstico será distinta. Las necesidades internas de maíz, con poca oferta y demanda mayor por la propia sequía que ha hecho estragos en la producción forrajera, convertirán a este cereal en un elemento de puja entre la política (intervencionismo) y la lógica comercial.
¿Qué está pasando hoy por hoy en este terreno?
No olvidemos que el gobierno tiene la visión de constituirse en garante de la producción para cumplir con las satisfacción de los argentinos. Claro que si ello va en desmedro de la libertad de comercio, no importa pues no entiende a este valor fundamental de la economía como un soporte elemental que a la larga cumple realmente con tal objetivo de satisfacción al mercado local. Así, para la ONCCA, “el objetivo prioritario es asegurar el abastecimiento interno y autorizar exportaciones confiables, como componente central de la ejecución de las políticas del ESTADO NACIONAL”. Y así se mueve.
El 12 de febrero pasado, se modificó el régimen de licencias de exportación (ROE Verde) y así la ONCCA determinó la liberación de poco más de 6 millones de toneladas para su exportación al exterior.
El artículo 2 de la Resolución pertinente dice “Procédase a la recepción de “R.O.E. VERDE” para Maíz hasta completar el volumen máximo de SEIS MILLONES CINCUENTA MIL CUATROCIENTAS TONELADAS (6.050.400 t.), a todo destino.
Este volumen autorizado está establecido por las proyecciones de la ONCCA respecto de la disponibilidad de la nueva campaña 2008/09.
Obviamente, tras esta autorización se esconde un motivo especulativo. El gobierno espera que los exportadores declaren nuevas exportaciones y, de esta forma, tributen los derechos de exportación por anticipado. Hay que incrementar la oferta de divisas en el mercado local.
Dada la escasa disponibilidad futura, lo más probable es que, una vez exportada esta cantidad de 6 millones de toneladas, no se vuelvan a abrir la posibilidad de exportar.
Si el precio sube entonces, será un buen momento para comercializar. Para aquellos que pueden, dada la autorización del ROE, quizás, sea una excelente decisión operar en futuros y opciones.
Dado lo que quedará, lógicamente, uno puede estimar que será buen negocio guardar el maíz por un buen tiempo. Pero no necesariamente será así ya que no habrá mercado con el exterior. Los tiempos vuelan. Tengamos en cuenta que una vez cerrado el mercado, el precio quedará aislado. Cuidado. La lógica del mercado no funcionará con el maíz.
El río va a estar muy revuelto. Habrá ganancia de pescadores, siempre y cuando ellos le dediquen tiempo al análisis previo a cualquier decisión.