“De Angeli es un cortador de ruta profesional”, la frase no pertenece a ningún funcionario de gobierno, aunque sí proviene del kirchnerismo, o para hablar con mayor precisión, de un hombre como Felipe Solá, que al momento de pronunciarla en pleno conflicto por la 125, se decía aún oficialista.

Pero los tiempos cambian y mucho más en la política vernácula. Solá no habla ya de De Angeli, pero sí ha dejado en claro que con Néstor Kirchner no comulga más. El caso de Solá no es aislado, son múltiples los políticos que cruzan la vereda una y otra vez.

Por mencionar el caso opuesto al de Solá, piénsese en Jorge Busti el ex gobernador de Entre Ríos que organizó una movida anti K en la región centro en los días más calientes del conflicto, junto con otro político que fue y volvió, Juan Schiaritti, el gobernador de Córdoba.

Entre los dirigentes ruralistas, De Angeli, se ha mostrado desde su aparición en la escena pública nacional, como el más consecuente con sus obsesiones, las que básicamente se reducen a tres conductas sistemáticas.

La primera una disputa sin cuartel a la conducción nacional de la entidad a la que pertenece, y que preside Eduardo Buzzi. La segunda, es su inquebrantable oposición a las retenciones desde que se implementaron en 2002, y la tercera en lo que ya parece una patológica adicción a los cortes de la ruta 14.

Sobre la puja de la interna federada hay infinidad de testimonios que lo acreditan. En todos los actos organizados por la FAA nacional en los últimos años, y mucho antes de que estallara el conflicto de 2008, siempre la Federación entrerriana se caracterizó por ocasionar disturbios o transgredir las consignas, “excediéndose siempre sobre lo que se había acordado” recordaba un dirigente.

El Enfiteuta fue testigo de al menos uno de aquellos episodios. Fue durante la marcha que se realizó desde numerosos puntos del país a mediados de 2007 para reclamar por el desarrollo rural y los pueblos del interior. La marcha duró varios días, y convergió en Plaza de Mayo, con un ánimo de reclamo firme pero pacífico y para cuyo que cierre se organizaron actos artísticos de personalidades amigas de la entidad.

La columna entrerriana liderada por De Angeli dio la nota aquella vez incendiando surtidores de combustible traídos especialmente frente a Casa de Gobierno, momentos antes de que se presentaran los números de los folcloristas pensados para la ocasión. Era la desubicada e inoportuna forma de reclamar por el precio del gasoil de los hombres de De Angeli, cuando se pedía por las familias del interior.

Sobre la segunda, dan cuenta los archivos de la prensa que cualquiera puede consultar en los medios nacionales. En marzo de 2002, a poco de haberse reinstaurado los derechos de exportación, el entonces secretario de la FAA de Entre Ríos, Alfredo De Angeli, rechazó la medida en oposición a lo que había acordado el titular de la FAA, Eduardo Buzzi con el gobierno de turno.

En aquel momento el estallido social, con una pobreza que alcanzaba a más de la mitad de la población Argentina, no daba demasiado margen de maniobra. Buzzi, aceptó la medida de las retenciones, y pidió que se utilizara parte de lo recaudado para mejorar las condiciones del sector rural.

“Ya aceptaron las retenciones”, se quejó en cambio el dirigente entrerriano, mientras protagonizaba un corte de la ruta 14, acción que evidentemente era ya una debilidad incontenible para De Angeli y que repitió incesantemente apelando a distintas causas como la pastera Botnia, la 125, el federalismo, la dignidad de los pueblos del interior, etcétera, etcétera.

La explicación que dio el gobierno en su momento para aplicar las retenciones fue la necesidad urgente (y evidente) de recursos. No se había hecho antes porque la política monetaria intentó contener el tipo de cambio entorno a 1,5 peso el dólar (se había devaluado a 1,40), hasta que el billete se le fue de las manos al Central por encima de los dos pesos mientras drenaban las pocas reservas existentes para contenerlo.

Al resolverse que se dejaría flotar la cotización de la moneda norteamericana el precio del dólar se disparó y entonces una de las medidas adoptadas fueron los derechos de exportación, con los que el entonces ministro de Economía, Remes Lenicov, pensaba obtener unos 1.500 millones de dólares para atender principalmente planes sociales, e inversión pública.

Lo primero era obvio ante la situación de descalabro que generó la pobreza, lo segundo apuntaba a desacelerar la masiva destrucción del empleo que se había desatado por entonces y que llevó la desocupación a niveles nunca vistos ni experimentados por la sociedad argentina. Pero para De Angeli, no había razones que escuchar, y planteó el “no” a las retenciones desde el primer día en la emblemática ruta 14.

La reacción que protagonizó el entrerriano por aquel momento permite explicar una frase que lo pinta de cuerpo entero y que exteriorizó en la mesa de la inefable Mirtha Legrand el viernes pasado, en compañía de los comensales Elisa Carrió y Gerardo Morales. “Cuando se hunde el barco no hay que preguntarle qué hacer al capitán, mejor hay que ver qué hacen las ratas”.

Otros "no" a las retenciones de 2002

Una de las entidades que rechazaron la instrumentación de las retenciones en 2002 fue la SRA cuyo titular, Enrique Crotto, intentaba una alternativa mediante la donación de unos 1.000 millones de pesos por parte de los exportadores, que serían administrados por la iglesia, pero que representaba cerca de un tercio de lo que requería el gobierno para paliar la situación de caos.

Carbap, también rechazó las retenciones, argumentando que en las experiencias del pasado sobre los gravámenes al comercio exterior “mantuvo estancados los niveles de productivos y las exportaciones, transfiriendo recursos a otros sectores económicos y a un Estado ineficiente”, según señalaba en un comunicado.

También el titular de la Cámara de Exportadores de la República Argentina, Enrique Mantilla, calificó a las retenciones como “políticas de parche”, según registra el diario Clarín de aquellos días. Para Mantilla la decisión del ministro Remes terminaría con una debacle para el comercio exterior y evaluó que aquel año las exportaciones caerían en 2.000 millones de dólares.

La realidad indicó que ese año las exportaciones cayeron en mil millones de dólares, pero en los años posteriores las ventas externas pasaron de 25.650 millones de dólares en 2002 a unos 70 mil millones de 2008.