Del boom al freezer. En el último lustro, la Argentina ganó presencia en el mundo como origen vitivinícola, al incrementar notablemente sus exportaciones y mejorar la calidad de sus vinos. El salto fue tal que las ventas al exterior pasaron de u$s 49 millones en 1990 a más de u$s 850 millones el año pasado. Este hecho, junto a la recuperación económica y un peso devaluado, impulsó la demanda de viñedos de empresas locales y, sobre todo, de nuevos inversores extranjeros, lo que contribuyó a una acelerada revalorización de las fincas de Mendoza, la principal provincia productora, hasta alcanzar precios exorbitantes.
Pero la crisis financiera global marcó un antes y un después. Desde entonces, las operaciones están prácticamente frenadas, los campos en oferta no encuentran comprador y el impacto ya comienza a verse en los precios.
“La gente está preocupada, esperando a ver qué pasa. Hasta la primera mitad de 2008, los precios siguieron en alza, pero en septiembre empezaron a estancarse y ya se nota una tendencia a la baja”, explica David English, presidente de English & Associates, que asesora a inversores del exterior.
“El mercado está muy tranquilo y no hay expectativas de que cambie. Los proyectos que estaban por definirse se suspendieron, el segundo semestre de 2008 fue malo”, coincidió Manuel Otero, titular de la inmobiliaria mendocina que lleva su apellido.
Demanda, en baja
La menor demanda impacta en los precios, pero por el momento de manera desigual. “Las zonas más cotizadas, como Agrelo o Perdriel (Luján de Cuyo), aún no fueron afectadas, pero tampoco hay viñedos en oferta. Quien tiene uvas de alta calidad en esas zonas esperará una buena oferta para vender su finca”, explica Otero.
Allí, los precios más altos alcanzan los u$s 40.000 por hectárea con viñedos de excelente calidad y última tecnología, igual que un año atrás.
Algo similar sucede en las mejores tierras de Valle de Uco, como en Tupungato, donde se cotizan a u$s 30.000 o u$s 35.000. “En otras zonas, como el Este (San Martín, Santa Rosa, Lavalle), sí se nota: se consiguen viñedos a un 20% menos que hace un año, mientras que en Junín la baja es de un 10%”, agrega el titular de la inmobiliaria.
En el Este, hoy se pueden encontrar tierras con vides de calidad en u$s 12.000, contra los u$s 15.000 o incluso u$s 20.000 de 2008, y el valor de tierras sin cultivo con derecho a riego cayó a u$s 3.000 o u$s 4.000 (desde u$s 5.000 a u$s 7.000).
Otro tanto sucede en San Rafael, al sur de la provincia. “En la zona, se consiguen viñas por u$s 10.000 o u$s 12.000, frente a los u$s 15.000 de 2008”, precisa Otero.
Y todo parece indicar que la tendencia a la baja en los precios se acentuará. “Este año el mercado estará en stand-by, sólo si hay oportunidades muy llamativas algunos las aprovecharán. Todavía no hay desesperación por vender viñedos, pero después de que termine la cosecha (marzo) va a haber más oferta y caída de precios”, comenta English.
Extranjeros compran menos
La situación es compleja, ya que no sólo las bodegas compran menos uvas (y tierras) por la caída de la venta de vinos en el mercado interno y una esperada desaceleración de la exportación. También, pisaron el freno los extranjeros, luego de haber comprado muchas fincas en los últimos años.
Además de los valores por zona, también cambió el porcentaje que se regatea al negociar una operación. “Si antes se cerraban compras con rebajas del 5% sobre el precio fijado, hoy se negocia con un 10% a 15% de descuento”, explica Otero.
Sin embargo, y pese a todo, el valor actual de la hectárea plantada en las mejores zonas (u$s 40.000) aún supera con creces al mejor momento de los 90, cuando el máximo pagado fue de u$s 25.000, en tiempos en que un peso equivalía a un dólar. “A u$s 40.000, salvo que sea algo excepcional, la compra no es un negocio rentable. El precio por kilo de uva se mantiene pero la inflación avanza”, advierte English.
Pese a todo, la hectárea con vides aún continúa lejos de los u$s 300.000 a
u$s 500.000 de Napa Valley, la mejor zona de California, o los 300.000 a 600.000
euros de Francia o Italia.