La crisis financiera mundial nos tiene mareados y, así, a la hora de hacer una evaluación sobre cómo seguirán los mercados, perdemos capacidad de análisis.

Sin embargo, la experiencia registrada en diciembre nos muestra que el aspecto “fundamental” está volviendo a tener peso. El análisis “fundamental” estudia las influencias del mercado, oferta y demanda, a fin de poder determinar por adelantado las causas de las posibles subas o bajas en los precios.

A lo largo de los últimos meses del año que acaba de finalizar (por suerte), los precios se movieron en caída libre. Pero, desde diciembre, se nota un giro en la tendencia. Este giro viene de la mano de los problemas de stocks mundiales y no de la cuestión financiera mundial.

Vamos a los números. Recordemos que el  precio FOB, al empezar diciembre, estaba por debajo de u$s 290 por tonelada. Y, en la actualidad, opera por encima de u$s 340. Entre ambas puntas hay una diferencia de un 30% aproximadamente. Está bueno… ¿no?

Tuvimos momentos de u$s 380 con valores domésticos por encima de los $870. Y bajas también, como la de hoy (12/01), que cayó a $800. Pero, en principio, la tendencia parece haber comenzado a darse vuelta. Eso no quiere decir que no habrá bajas: seguramente sí.

El análisis fundamental tiene de nuevo vigencia, fundamentalmente, por la sequía imperante en el MERCOSUR. Como esta región es decisiva en la producción mundial, lógicamente, el temor sobre faltantes de oferta es grande.

La Argentina está muy castigada. Es la sequía, el nuevo enemigo. Quienes tienen los pies en la tierra, descuentan que la producción ya no será de 51 millones de toneladas. En lugar de este número, hoy se baraja un volumen estimado de 48 millones de toneladas. Por ello, en lugar de 18 millones de hectáreas, es probable que se siembren tan sólo 15,5 millones.

Para peor de males, los costos están afectando muy fuertemente a la comercialización. El descenso de las aguas del río Paraná, como resultado de la sequía,  incide en el calado. Así los buques deben cargar menos cantidad por falta de una adecuada profundidad. Obviamente, los fletes son más caros por tonelada y, como siempre, este costo adicional termina siendo pagado por el eslabón productor.

El tema está en el Canal Mitre, por el que los buques marítimos remontan el Paraná hasta la zona de los puertos cercanos a Rosario, donde debería hablarse de un calado de 10,51 metros (34,06 pies), pero el calado actual es de tan sólo 8,92 metros (29,3 pies).
Con un metro y medio menos de agua, los grandes buques sólo cargan unas 30.000 toneladas, un 25% menos.
No creamos que nuestro país resulta ser el único afectado. En Brasil, el problema arde. En los Estados de Paraná, Rio Grande do Sul y Mato Grosso do Sul, las siembras están muy demoradas, por la falta de agua, y se espera una sustancial disminución en el área a sembrada y en la producción unitaria.

De hecho, la Comisión Nacional de Abastecimiento –CONAB- estima que,  debido a las adversidades climáticas, las dificultades crediticias y la menor inversión tecnológica, la cosecha brasileña sería de apenas 57,7 millones de toneladas, un 3,8% inferior a los 60 millones de la campaña2007/2008. Algunos privados calculan que la baja sería peor aún.

Por otra parte la demanda no muestra signos muy claros de reducción pese a la crisis mundial.

La demanda se tonifica día a día como consecuencia del comportamiento del dólar respecto a las principales divisas.
La depreciación del dólar respecto al euro y al yen, que representan a los dos bloques más relevantes hace de trampolín sobre la demanda. Esa recuperación en el poder de compra de europeos y asiáticos es un acicate sobre la importación de soja.

Durante el mes de diciembre el euro registró una mejora del 10% respecto al dólar, al pasar la relación entre ambas monedas de 1,27 a 1,49 aproximadamente.

En este cuadro mundial,  China continúa siendo el principal comprador y se espera que la demanda continúe a pesar de los problemas económicos.

En síntesis, el mismo drama que sufre el productor argentino (del MERCOSUR, en general) es el que estaría cambiando la tendencia, con mejores precios a la vista. Y así, la balanza se compone… menor producción con mejores precios.

Sobre el escenario: una de cal, otra de arena