Claro está que para que ello suceda las lluvias tendrá que aparecer, en poco tiempo más, pues en este contexto la cosa pinta mal. Hay zonas donde se advierte el stress hídrico.
El gobierno aguarda con ansiedad no sólo la venta del stock, que permanece en manos de los productores, sino también la entrada de la nueva cosecha, para ir haciéndose de los tan queridos dólares.
Si se logra una cosecha de la magnitud citada, la entrada de divisas, por la nueva campaña, llegaría a un monto aproximado de 17.000 millones de dólares. Este valor está calculado sobre un precio unitario de u$s 330 FOB.
De ser así, el valor por el total a exportar sería, claramente, más bajo que el correspondiente a la campaña terminada.
Las exportaciones de la nueva campaña serían de aproximadamente 14 millones de toneladas de soja (poroto), de 27 millones de toneladas de harina de soja y de 6 millones de toneladas de aceite de soja. Sobre esta canasta, la harina es la que más divisas aporta.
Las estimaciones que hace la Bolsa de Comercio de Rosario son contundentes. Este organismo calcula que el monto de divisas será, aproximadamente, u$s 5.000 millones menor al del año pasado.
¿Qué pasará entonces con las retenciones? El monto con que debería contar el Gobierno pasaría de casi u$s 8.000 millones, en el ciclo anterior, a cerca de u$s 5.000 millones en el actual. Flor de baja… ¿no?
Pero, obviamente, estamos en el terreno de las estimaciones, que para el caso de los mercados granarios, se perecen a las adivinanzas. Claro que si se cumplen, veríamos la revancha de la soja. Por supuesto, a costa de todos.
Siguiendo este análisis, bien valer preguntarse si el valor de u$s 330 será el más próxima a la realidad. Primero de todo, recordemos que el precio promedio del año 2008 fue de u$s 450 FOB (Chicago). Así que este precio es bastante conservador.
Elementos a favor, hay muchos, y no se encuentran factores que empujen a una considerable baja, a no ser por las consecuencias de mundo financiero.
A favor, están los problemas de la baja humedad en los suelos y la sequía que presentan la región sojera del MERCOSUR. A ellos hay que agregar los reducidos stocks en general y las menores intenciones de siembra, como resultado de la disminución de la rentabilidad esperada por hectárea. En la zona, impera la restricción crediticia y un panorama climático malo junto a un cuadro complejo de valores de los insumos. Con poca plata en el bolsillo es más difícil que las cosas se hagan como corresponde.
Estos elementos explicarían el suave rebote que el mercado registra desde fines de diciembre cuando, en valores domésticos, pasamos desde un nivel menor a $ 700 a más de $ 820.
En tanto, la vida rural argentina está convulsionada. Quienes se dedican a esta actividad esperan una rebaja de al menos 5 puntos en las alícuotas de la soja. Pero, la verdad es que, a juzgar por la actitud del Poder Ejecutivo, la posibilidad de que ello suceda es remota.
Por una parte, para el Gobierno, una rebaja sería algo así como un signo de debilidad. Y, por otra, la avidez por recursos hace que no sea factible.
Como un círculo, acá se advierte un conflicto circular, quizás, más largo de lo que se pueda imaginar. Quienes pensaron que con la derogación de la 125, el combate terminó, se equivocaron.
Gran cantidad de operadores buscan la revancha. Y la soja, por esas cosas de los mercados, también. El Gobierno va a contar con menos recursos provenientes de la soja, y ésta va a demandar más atención al Gobierno. Este el círculo. Este es el conflicto que despierta viejas rencillas y resentimientos relegados.